El terror no tiene forma

El viejo título de película de serie B nos viene pintado y remarcado para hablar de dos exitosas formas de miedo disponibles estos días.

Por una parte estaría “No es país para viejos”, donde Javier “Jackpot!” Bardem hace de ruso cazacabezas cuya idem se ha ido al garete.

La película es lo más parecido que hemos visto nunca a un concierto de Mikel Erentxun, lo cual no se si es demerito para uno o aplauso para el otro: Una preciosa y larga sucesión de planos con una fotografía preciosa y deslumbrante pero con un contenido ciertamente vacuo al que no le afecta que su duración sea de 120 minutos o 130 años.

Mientras nos da pena que sea la falta de galones en los USA la que haya impedido a Bardem ser considerado protagonista principal, decir que su personaje se va diluyendo como la película. Empieza muy potente, muy físico e intimidador, decidido y extremo pero para la zona final ya comienza a ser pelín plano, perdiendo toda la fuerza (y no hablamos de su corte de pelo) mostrada en el arranque.

Es lo que tiene la potencia, que o aumenta o se asimila como normal.

También en el miedo social, pero un terror muchísimo más diario e interno (pocas veces unos títulos de crédito fueron tan acertados), se instalaría la teleserie “Dexter”. Ayer vi el primer capítulo y no pude matar una abeja que me picó 5 veces en el brazo.

Sin ninguna imagen de violencia explícita, sin golpes visibles, juro que hace mucho tiempo que había sufrido tanto miedo cerebral. Buena culpa de ello lo tiene el trabajo absolutamente inconmensurable del ex enterrador Michael C. Hall como Dexter Morgan, personaje plenamente consciente de su ausencia de emociones relacionales,.

La fuerza y el elemento diferenciador del pavor que ofrece se instala en la subordinación de los impulsos asesinos y lo facil que puede resultar esconderlos en la vida diaria, demostrando que el vecino que saca a pasear al perro y nos saluda sonriente puede entregar la tarjeta de despedida a decenas de personas.

Ese hecho, que en una película de Antena 3 un domingo a la tarde se nos muestra tan burdo como irrisorio, es algo realmente aterrador en esta serie, filmada y elaborada con exquisitez y unos diálogos (sobre todo el de la voz en off) que despeinarían a Grace Jones.

Mikel Erentxun. Victoria Eugenia. 31/Enero/2008

Ayer asistí a la primera de las veladas que Mikel Erentxun va a ofrecer en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia. Espacio al que sólo les faltaron algunos invitados para rozar el lleno en este primer día, estando los dos siguientes (hoy viernes y mañana sábado) a reventar.

Ambiente familiar, mucha cara amiga y compañera de fatigas agasajando al artista en esta cita multimedia que nos ofrecerá en el futuro CD y película de corte “documental musical de autor“. El jueves a la noche no vimos cámaras, pero el autor nos recordó un par de veces que ya le había dado al rec sónico tras el primer guitarrrazo.

Bueno, por partes, que guitarras hubo como si aquello fuera una subasta de Ebay. Muchas de caja, todas preciosas, todas lustrosas, varias que tan sólo se diferenciaban por el color de su cromado. Pero guitarrazos, los que se dice hacer vibrar la cuerda, los justos.

Y eso que los socios de Erentxun (con el comentario de sus pintas Patata batiría el record mundial de toques de balón) son de aúpa. Una banda, ya por disposición escénica (menuda fiesta de Vox y Twin reverbs) como por experiencia y enfoque, podría ser lo más cercano a Wilco o Catpower que se pueda montar por estas tierras y a la que le pesó, quizás por nervios, su actitud profesional frente a la expresividad musiquera.

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Mikel Erentxun, Marica D´Or, sin blogela

Mikel Erentxun ha dado otra novela en el DV con motivo de sus 1/3 de conciertos que va a dar la semana que viene en el Victoria Eugenia donostiarra. Se supone que era una entrevista, pero leyendo las respuestas uno no puede dejar de imaginar al gran novelista Erentxun, con esos mundos que sólo él ve. No está en internet, pero en cuanto pueda la despiezo por aquí. Lo merece.

Gehitu monta su tradicional fiesta de Carnaval. Este año se llama Marica D´Or, haciendo juego con el complejo habitacional valenciano. Lo primero que me pregunté fue. ¿Y si yo hubiera hecho la broma, se me echarían encima los colectivos homosexuales? La idea es divertida, pero temo que la diversión vaya por barrios.

Hoy no hay blogela. Mucho curro. Tengo concierto y debo (empezar a) ensayar. La semana que viene irá sobre la incomunicación, que no son los SMS modernos sino la dificultad de comunicarse en sitios públicos.

El rock de Estadio

“Hasta entrados los años ochenta, los grandes grupos montaban giras elefantiásicas que a veces no resultaban rentables, pero este déficit se compensaba con el efecto promocional que tenían sobre las ventas de su último disco. Sin disco no había gira y un nuevo disco implicaba sacarlo a pasear por el mundo.

Esto ha cambiado y sabemos por qué. El intercambio de archivos ha hecho disminuir las ventas de discos, de manera que las giras deben ser rentables en sí mismas. ¿Cómo de rentables? Aquí entramos en el quid del tema. Esa rentabilidad ¿debe ser suficiente como para que el artista en cuestión pueda tirarse unos cuantos meses o incluso años viviendo de las rentas?

 

Aparentemente, de eso se trata. La inmensa mayoría de los artistas que cobran estas cifras son gentes de las que no tenemos noticia durante eones y de repente aparecen como caídos del cielo, nos abruman con su mitología y su música y vuelven a desaparecer hasta nueva orden. No sé, parece una actitud algo pirata, donde las armas de asalto son el estupor admirativo que provocan y la presión mediático-social que generan”.

José Manuel Costa, en su blog Vía Límite

PD: Al hilo de este tema, que Mikel Erentxun llene no 2 sino 3 veces el Teatro Victoria Eugenia…¿Es un éxito o un fracaso? ¿Es mejor llenar 5 veces una cosa pequeña o 1 vez una grande, aunque esta última fuera el espacio natural en el que debería organizarse el acto?¿El lugar elegido anima a la asistencia?¿Cuantas de esas gentes irían al antes habitual Polideportivo de Anoeta a ver el concierto?¿Debe el espectáculo adecuarse al lugar o viceversa?¿Cuanto influye la centralización del espacio escénico?