Marc Ribot´s Ceramic Dogs: Buenavixta Social Club

Buenavixta Social Club

Decidió la UNESCO hace ya unos años que el 30 de abril sería el Día Internacional Del Jazz, celebración cuya reunión central va correteando por el mapa cada año (en 2019 en Sydney, este año en San Petesburgo) y que tuvo una excelsa celebración en nuestra pequeña ciudad de veraneos jazzys. Nada menos que Marc Ribot y sus Ceramic Dogs. Y en el Club del Victoria Eugenia, ahí es nada. Lo más cerca que voy a estar jamás de una fiesta de un oligarca ruso, al menos en cuestión de inmediación y calidad.

La fiesta contó con la presentación de Miguél Martín, el cónsul de esta rama musical en Donostia, que presentó a Ribot como el Byerley Turk del jazz, el Darley Arabian de la improvisación y el Godolphin Arabian de la creatividad. Uno de los puntos centrales del árbol genealógico de los pura sangres que, en la cita guipuzcoana, volvió a mostrarse excelso sin poder explicar muy bien porqué.

Quien explicó bastante bien su primera visita a nuestra urbe fue el propio Ribot, que con esa pinta de profesor desordenado recordó cómo un vendaval de viento y agua tumbó su actuación en un Jazzaldia. Por lo que, siendo exactos, esta debía ser su primera visita cerámica a nuestra ciudad. Es un poco lo que les pasa a sus seguidores, que siempre asisten al primer concierto de Ribot. O ese es el poso de emoción que deja el jodido, quien con 63 años se ha puesto  la chupa de cuero y se has cascado su “Oda para Mogambo Trintxerpe” o la “Sinfonía para casa ocupada Buenavixta”.

YRU Still Here?” es un disco macarra, mucho más que lo escuchado en su concierto. Es un CD cabreado, agreste, de líricas atacantes contra muchas cosas que le/nos disgustan. Claro que, en este caso también, lo recogido en ese álbum no es mas que un episodio en la vida de una banda. Un recorrido que varía, cambia, muta y se enriquece a cada evento, siempre con espacios para la improvisación y la metamorfosis, el cambio de énfasis y la incrustación de nuevos ímpetus. Siendo capaz de flipar a eruditos y recién llegados por igual.

Y no es divinización, no. Es simplemente caer rendido ante lo escuchado, sentirse atrapado por los sonidos, maravillado por los hilos secretos de la creatividad musical. La abundancia de compositores locales en el evento, atentos a las energías porque los golpeos quizás no importen tanto, tomó buena nota sin saberlo. Pronto en sus canciones, rockeras, folk o instrumentales, brotará alguna idea de las escuchadas o una mutación de las mismas. Y esa es la magia de la música, se toque ante 3 personas o en 30 estadios. Menos mal que no pasó nada en la Sala Club, porque sino buena parte de los conciertos vascos de los próximos 20 años se iban a celebrar con hologramas sobre el escenario.

Sería casi baldío explicarles que los Ceramic tocaron esta canción o esta otra, porque mañana será distinta en parte o en su totalidad. Pero será igual de subyugante, idéntica en su atracción, maravillosa en su libertad. Gozosa hasta la elevación. Algo fallera en la percusión, vale. Pero es maravilloso ver a Marc Ribot en cualquiera de sus formaciones. Demuestra, desde esa aparente informalidad, que la genialidad no se encuentra en la recreación sino en la libertad.

Morau: Egunsentiak alperrentzat

Gaur egun berezia izan da. Euskararen Egunaren ekitaldien barruan Morau abesti egileak bere melodia berriak aurkeztu ditu Donostian. Leku nahiko berezian eta, nork daki, aproposean, Medikuntza eta Erizain Unibertsitatean. Aurre-estreinaldia izan da, ez da ezer ofiziala. Baina berdin du: Alzheimerra zuen bere amaren goizeko paseoak (horrela azaldu du egileak : “Abesti hauek ez dira gaixotasunari buruz, paseoei buruz dira”) musikatzea beti da zerbait (oso) berezia.

Sare sozialetan bere argazkiak ezagutzen genituen, “Egunsentiak alperrentzat” izenburuarekin (diskoak izen berdina izango du). Gurasoak – plurala, bai- gaixo daudenean ez duzu ez gogo ezta denbora asko gitarra hartzeko. Eta nolabait barruko mina ateratzeko, purgatzeko, edo arintzeko letrak eta akordeak egitea formula ona dirudi. Ez da gai makala. Baina Morauk hartu duen bidea erabat eredugarria da. Klaro, hori egiteko ere Morau izan behar zera.

Zaila da azaltzea nolako abestiak dira berri hauek. Egileen ohiko egituratik ez daude urrun, baina hau ez da herriko tabernaria, ezta autobus gidaria edo arrantzalea. Hau loreak arratsalde berdinean hiru aldiz ureztatu zituen etxeko baten abestiak dira.

Uste dut Morauk saiatu dela gela argitzen, kanpoko argia barrura ekartzen. Eguneroko dramaren kuriositate txikiak historia globalak egiten (“Irakurgaiak”, “Maleta” eta “Mina” izan dira gaurko politenak), egoeraren berezitasunak gertutasunarekin azaltzen, umorea pixkat hoztuz, famili maitasuna fonema askotan azalduz. Dena ezohiko normaltasunarekin.

Emanaldiak beste puntu oso berezia du: Testuingurua oso ondo kokatzen dituzten Morauren azalpenak. Abesti aurkezpenak baino urrunago doazen hitzak, eta beharrezkoak diren komentarioak obra zentzu osoan ulertzeko. Argi dago hau ez dela abesti sorta normala. Baina bere eskuetan, bere hitzetan, obra oso berezia suertatzen da.

Rafa Rueda y el cristal con el que se mira

De Rafa Rueda me gustan hasta los andares. Es uno de los mejores exponentes del pop americano (sea power, sea tranquilo, siempre melódico) que hay en euskadi, en un podio que podría estar bien compartido con Bide Ertzean y Balerdi Balerdi, por ponerle tres patas al podio. Cuando ha echado un traste en otros proyectos los ha llenado de vida y luz, caso de Mikel Urdangarin o Lou Topet. Así que había ganas de escuchar en vivo “Hiri Kristalezkoa”, su nuevo álbum en solitario.

Un trabajo que supone un salto adelante en muchas cosas (temática, canciones, sonidos, trabajar con un productor que le pega al baile o lo digital) y que desea, de alguna manera, enseñar más colores del prisma del de Mungia.

La cosa se estrenaba en Donostia este fin de semana en la bella cava del Victoria Eugenia, el bien llamado Club. Un txoko cercano y coqueto, alejado del mundanal ruido. Un emplazamiento ideal para estas nuevas canciones de sonoridad quizás algo más sintética y un escenario ligeramente más complejo cuando la batería se suelta y las cuerdas suenas recias.

Rafa y los suyos inclinaron la balanza hacia lo analógico (Jaime Nieto al bajo, Ander Zulaika a la batería y, ojo, los coros) frente a los sintes (Txus Aramburu). No pasa nada, a los conciertos se les pide otra vida. Que además luego hay que engarzar las preciosas nuevas canciones con los antiguos bríos guitarreros. Las viejas tonadas sonaron muy vivas, en un hilado que irá tomando forma con el paso de las fechas para ir brillando en espacios más amplios.

Y luego es que Rueda canta que es un primor. No es el cuarto tenor, pero nadie le pide eso. Es aguerrido en el tono y realiza unas armonías bien atractivas. Con letras creadas por fantabulosos autores vascos. Bien que se explayó sobre las canciones del nuevo disco, las emocionantes canciones sobre la guerra, los temas interpretados en solitario y los paseos a toda máquina con la compañía de su banda.

Divertidos en el fallo ocasional de bailar un traste, la hora y media se pasó en un bis incluyendo un tris (¿O era al revés?). Y nos quedamos esperando la siguiente de las citas con el vizcaíno mientras de fondo suena en formato CD la ciudad de cristal, al ciudad oculta, la ciudad oscura, la ciudad ajena, la ciudad tan bien retratada.

Amateur: Big Band Theory

Siempre hay una belleza innata en lo amateur. Esa frescura, esa vitalidad de aficionado, ese libre corretear por lo que luego el resto catalogaremos en etiquetas, ese vuelo libre. Más allá de verles antes o después, que se ha convertido en norma estos días, lo que nos sigue enamorando son las primeras estrellitas de ese Big Bang aún imperfecto, aún por moldear. Supongo, intuyo, que si a todo este primigenio punto de vista le añades la elegancia y la calidad de llevar 30 años haciendo canciones la cosa rompe moldes, medidores y potenciómetros. ¿Oximorón? Puede. ¿Arrebatadora la fusión de conceptos? Sin duda.

Amateur, la nueva banda de Mikel Aguirre, Jose Luis Lanzagorta y un lesionado Iñaki De Lucas que a punto estuvo de perderse el estreno en vivo, se estrenaron en familia ayer en la sala Kutxa de Tabakalera. Espacio en el que han estado un par de días ensamblando con sus ilustres nuevos socios (Irazoki, Neira, Paúl San Martín) la forma que deben tener las canciones de su “debut” sobre los escenarios. Ayer nos abrieron el portón de su garaje y nos dejaron escuchar algunas de esas composiciones. Nerviosos, ellos y nosotros. Felices, todos.

No habrá spoilers de lo ayer vivido y escuchado. Pero la sensación es que la versión viva de las canciones grabadas es casi mejor. Con unos estribillos arrebatadores, un clasicismo digno de Ridel (gag local viejuno) y, como ya apuntamos al inicio, una sensación de renacimiento con las alas bien abiertas.

Varias de las canciones nos pusieron los pelos de punta. Y una frase y un gesto hicieron caer una lágrima. O dos, vale. Sin querer callar la sensación, hoy pienso que también eran gotas de alegría. La de ver a estos insignes creadores de vuelta, con unas canciones tan emocionantes.

El Kutxa Kultur Festibala ya es donostiarra

En su quinta edición ya podemos afirmar sin ningún rubor a dudas que el Kutxa Kultur ya es un festival donostiarra. Era fácil conseguirlo, había buenas pistas: Se celebraba en el Monte Igeldo, desde donde se ve toda la postal. Se sube en Dbus cada pocos minutos. Y el nombre del banco estaba por doquier, hasta en los dichosos vasos de plástico. Pero ninguna de esas cuestiones le otorgaba por sí mismo la calificación de “Donostiarra”. Vean por ejemplo el Festival de Publicidad ese que nos han colado y que ni Dios recuerda ni el nombre.

Mas una, solo una, y nada más que una variable lo hace donostiarra: la encarnizada crítica ante los despistes, trastabiles y desenfoques. El Kutxa Kultur ya es la Real, sus promotores Loren y nosotros el mejor entrenador de futbol. El Kutxa ya es el Sirimiri, y nosotros los afiladores de teclas ante los bidegorris y peatones. El Kutxa ya es música, y nosotros los “comentarisas” de la Semana Grande de Sagüés. El kutxa ya es Sálvame, y nosotros sus tertulianos. Porque el festival ha dado el salto, y ya no solo opinan los musiqueros recalcitrantes sino que ahora tienen voz y mando gentes menos habituales en estas lides. Bienvenidos todos.

Está claro que tiene cosas que mejorar, que este texto no es el hijo de una “payola”. La pulsera de marras aún se encuentra públicamente del lado del promotor, con ese baile de gastos y costes que afectan a la imagen del evento. Y a veces hay malos tragos, como cuando un concierto pequeño coincide con uno grande y los sonidos se pisan en demasía. O cuando debe pasar un bus entre un escenario y el público por razones hoteleras. El tránsito entre escenarios puede resultar algo obtuso en las horas punta. Seguro que los promotores toman escucha activa de esas cuestiones  (Sí, el tema del canje del vaso también me ha pillado por sorpresa. Aunque sois unos quejicas. Yo pienso usarlo este año hasta para pruebas médicas)

El Kutxa ya es un festival grande (¿demasiado para Igeldo?), lleno de gente joven en las barras y los tickets. Chicos y chicas que a veces parecían los asistentes de las compañías aéreas cuando se suspenden 15 vuelos de golpe, tragando todas las quejas de los espectadores con variable estoicismo y sin tener galones para responder, gestionar o mandar a tomar por culo.

Nuestro pequeño juguete montañero ya tiene hechuras de BBK en muchos sentidos. Y diferencias: Con una columna vertebral correctamente asentada en los grupos que el banco ha subvencionado este año (la selección fue maravillosa), los vascos han salvado en buena parte el papelón: Berri Txarrak el viernes y Belako el sábado pueden colgarse esas medallas tranquilamente. Una base ideal que tiene equilibrios si se mantiene el año que viene. No hay tanta madera en la serrería de la popularidad local. Aún y todo, chapeau por la apuesta. Y la respuesta.

Sobre el resto hay cosas que no atienden a razones populares (Bloc Party) y otras piruetas que el festival siempre se ha permitido tomar (Cat Power y su capítulo de “Control de aduanas”). Hay baños de masas (Corizonas), guiños viejunos (El Inquilino Comunista) y aplausos a rabiar (Young Fathers). Hay delicatessen (Aries y Borrokan). Hay elegancia mañanera (Petit Pop). Y a veces toca ese grupo que te encanta, y otras te encanta un descubrimiento (en mi caso, Músculo!). Y también hay cosas que vienen bien para ir a cenar o desperdigarse socialmente, que para eso es un festi de verano.

“No estoy de acuerdo con lo que dices”, dirá algún lector. Y eso, amigos, hace más donostiarra aún al Kutxa Kultur. Un “embolao” gigante que esperemos tome apunte de sus aciertos y derrapes para seguir creciendo de manera ordenada y feliz.