Amateur: Big Band Theory

Siempre hay una belleza innata en lo amateur. Esa frescura, esa vitalidad de aficionado, ese libre corretear por lo que luego el resto catalogaremos en etiquetas, ese vuelo libre. Más allá de verles antes o después, que se ha convertido en norma estos días, lo que nos sigue enamorando son las primeras estrellitas de ese Big Bang aún imperfecto, aún por moldear. Supongo, intuyo, que si a todo este primigenio punto de vista le añades la elegancia y la calidad de llevar 30 años haciendo canciones la cosa rompe moldes, medidores y potenciómetros. ¿Oximorón? Puede. ¿Arrebatadora la fusión de conceptos? Sin duda.

Amateur, la nueva banda de Mikel Aguirre, Jose Luis Lanzagorta y un lesionado Iñaki De Lucas que a punto estuvo de perderse el estreno en vivo, se estrenaron en familia ayer en la sala Kutxa de Tabakalera. Espacio en el que han estado un par de días ensamblando con sus ilustres nuevos socios (Irazoki, Neira, Paúl San Martín) la forma que deben tener las canciones de su “debut” sobre los escenarios. Ayer nos abrieron el portón de su garaje y nos dejaron escuchar algunas de esas composiciones. Nerviosos, ellos y nosotros. Felices, todos.

No habrá spoilers de lo ayer vivido y escuchado. Pero la sensación es que la versión viva de las canciones grabadas es casi mejor. Con unos estribillos arrebatadores, un clasicismo digno de Ridel (gag local viejuno) y, como ya apuntamos al inicio, una sensación de renacimiento con las alas bien abiertas.

Varias de las canciones nos pusieron los pelos de punta. Y una frase y un gesto hicieron caer una lágrima. O dos, vale. Sin querer callar la sensación, hoy pienso que también eran gotas de alegría. La de ver a estos insignes creadores de vuelta, con unas canciones tan emocionantes.

El Kutxa Kultur Festibala ya es donostiarra

En su quinta edición ya podemos afirmar sin ningún rubor a dudas que el Kutxa Kultur ya es un festival donostiarra. Era fácil conseguirlo, había buenas pistas: Se celebraba en el Monte Igeldo, desde donde se ve toda la postal. Se sube en Dbus cada pocos minutos. Y el nombre del banco estaba por doquier, hasta en los dichosos vasos de plástico. Pero ninguna de esas cuestiones le otorgaba por sí mismo la calificación de “Donostiarra”. Vean por ejemplo el Festival de Publicidad ese que nos han colado y que ni Dios recuerda ni el nombre.

Mas una, solo una, y nada más que una variable lo hace donostiarra: la encarnizada crítica ante los despistes, trastabiles y desenfoques. El Kutxa Kultur ya es la Real, sus promotores Loren y nosotros el mejor entrenador de futbol. El Kutxa ya es el Sirimiri, y nosotros los afiladores de teclas ante los bidegorris y peatones. El Kutxa ya es música, y nosotros los “comentarisas” de la Semana Grande de Sagüés. El kutxa ya es Sálvame, y nosotros sus tertulianos. Porque el festival ha dado el salto, y ya no solo opinan los musiqueros recalcitrantes sino que ahora tienen voz y mando gentes menos habituales en estas lides. Bienvenidos todos.

Está claro que tiene cosas que mejorar, que este texto no es el hijo de una “payola”. La pulsera de marras aún se encuentra públicamente del lado del promotor, con ese baile de gastos y costes que afectan a la imagen del evento. Y a veces hay malos tragos, como cuando un concierto pequeño coincide con uno grande y los sonidos se pisan en demasía. O cuando debe pasar un bus entre un escenario y el público por razones hoteleras. El tránsito entre escenarios puede resultar algo obtuso en las horas punta. Seguro que los promotores toman escucha activa de esas cuestiones  (Sí, el tema del canje del vaso también me ha pillado por sorpresa. Aunque sois unos quejicas. Yo pienso usarlo este año hasta para pruebas médicas)

El Kutxa ya es un festival grande (¿demasiado para Igeldo?), lleno de gente joven en las barras y los tickets. Chicos y chicas que a veces parecían los asistentes de las compañías aéreas cuando se suspenden 15 vuelos de golpe, tragando todas las quejas de los espectadores con variable estoicismo y sin tener galones para responder, gestionar o mandar a tomar por culo.

Nuestro pequeño juguete montañero ya tiene hechuras de BBK en muchos sentidos. Y diferencias: Con una columna vertebral correctamente asentada en los grupos que el banco ha subvencionado este año (la selección fue maravillosa), los vascos han salvado en buena parte el papelón: Berri Txarrak el viernes y Belako el sábado pueden colgarse esas medallas tranquilamente. Una base ideal que tiene equilibrios si se mantiene el año que viene. No hay tanta madera en la serrería de la popularidad local. Aún y todo, chapeau por la apuesta. Y la respuesta.

Sobre el resto hay cosas que no atienden a razones populares (Bloc Party) y otras piruetas que el festival siempre se ha permitido tomar (Cat Power y su capítulo de “Control de aduanas”). Hay baños de masas (Corizonas), guiños viejunos (El Inquilino Comunista) y aplausos a rabiar (Young Fathers). Hay delicatessen (Aries y Borrokan). Hay elegancia mañanera (Petit Pop). Y a veces toca ese grupo que te encanta, y otras te encanta un descubrimiento (en mi caso, Músculo!). Y también hay cosas que vienen bien para ir a cenar o desperdigarse socialmente, que para eso es un festi de verano.

“No estoy de acuerdo con lo que dices”, dirá algún lector. Y eso, amigos, hace más donostiarra aún al Kutxa Kultur. Un “embolao” gigante que esperemos tome apunte de sus aciertos y derrapes para seguir creciendo de manera ordenada y feliz.

Glad is the festival

Yo también me pasé por Glad is The Day. Cómo no hacerlo, si fue hasta mi vecina, la que canta en karaoke por el patio hasta los anuncios de la tele.

El festival del Bukowski y el Dabadaba (los Rik Mayall & Ade Edmonson de la vida cultural donostiarra) alcanzó números de festival gordote -en asistencia y antagonismo de presupuesto- en su edición del 2016, con muchos aciertos y la pizca de suerte necesaria. Consiguiendo, ya de paso, clarear la sombra que siempre cubre a quienes se encargan de animar las noches.

Porque hizo sol. Eso es básico en una ciudad nublada hasta en lo climático. No olviden además que el parque ya tiene su uso los días de fiesta como espacio de esparcimiento. El domingo pasado hubo, además, cañas, chuletas y música. Como el Musika Parkean, pero distinto.

Así, mientras el Músika Parkean pone el foco en gente cercana interesante, Glad Is The Day ha rebuscado en las agendas de sus garitos para ofrecer algo a juego: arriesgado, desconocido, sabrosón y especial de más allá de nuestras fronteras. Hubo murcianos, macarras, Berrio – es categoría propia-, countries, Djs de zapato y zapatilla… Todo con medidas ideales: 45 minutos de actuación. La fórmula, por todo lo expuesto y algo más que seguro se me escapa, ha funcionado. No hay más que ver las fotos de instagram para constatar su pelotazo: el 95% de las mismas son de montoncitos de gente presente , quedando el 5% restante para recoger a los músicos haciendo musicadas.

Quizás este punto sea el que diferencia ambos eventos (además del clima, para tragedia de Parkeros y habituales….). La otra es la de ofrecer un día completo, que también ayuda a dispersarse y centrarse cuando uno guste. Como todos los presentes, a algunos grupos les hice caso y en otros charlé con los conocidos del lugar.

Quienes teniendo hijos siguen con el nervio encontraron la cita idílica. No había mas que ver la de niños que se estrenaron en esto de los conciertos, en brazos de sus padres. Por cierto, que por mucho que se puedan conjugar planes unos cascos de insonorización siguen siendo una buena idea hasta que los mozalbetes tengan el timpano ya formado…

Supongo que este éxito de respeto y diversión, civismo y desparrame, iniciativa privada pero no de ímpetu, debería calar en una ciudad normal. Menos mal que Donostia siempre es diferente, y en 2017 seguro que hasta el día anterior a la celebración los promotores seguirán esperando confirmación de permisos y demás orfebrería legal.

Breve guía de porqué Lorena Álvarez es la mejor del mundo

Nadie escribe como ella. Está en el maravilloso punto medio, ese “centro” tan buscado por los políticos y los comedores de pizzas. Habla llano, pero muy certero. Tiene letras de varias capas, desde la risa hasta el latigazo. Todo en la misma frase. Y tu te lo comes como un yogur líquido, sin enterarte. A veces pasa un rato y te paras y dices “hostia”. Otras llega a la primera. Ayer, en su concierto, me acordé de Gloria Fuertes, homenajeada por ser su aniversario (e igual por eso también me acordé de Mursego, ausente ayer). No llega a ese nivel de angustia transformada en comedia que sutiliza la agudeza. Pero no le anda lejos. Es tan difícil hoy en día buscar alguien que entone sencillo y claro y que se le entienda…

Es una persona especial. Siempre tiene una sonrisa, aunque ayer viniera a Donostia con pocas en teoría. Quizás fue un concierto más de “canciones” que de momentos. Las dos nuevas, por ejemplo, son un salto hacia arriba comparable a cuando Fosbury dejó de hacer la tijera. Ni Karen Dalton ni hostias. Älvarez hizo en “mapamundi” y “el arroz” (o algo así) una demostración de que también sabe hacer canciones con los pulgares. Que lo suyo es tradicional, vale, pero que eso también implica pucheros golosos y usar especias.

Si no la has visto nunca, te gana. Si la has visto ya, te vuelve a ganar. Y si la ves siempre que puedes, te sigue ganando. Es un win win perfecto. Sorprende la primera, encanta la segunda y maravilla las sucesivas. Ayer había sillas (por expreso deseo de la cantora) y tampoco frenaron los aplausos. Ayer la gratuidad lleno el sitio de paracaidistas, y todos sonrieron – lo de bailar es que no se estila aquí, Lorena- con esa frase, aquella entonación o ese juego de palabras Retorno a “Mapamundi”. Algo tan mundano que lo puede hacer cualquiera, pero que solo se le ocurre a los buenos.

Porque inspira. Poca gente hay en el mundo que te invite como ella a seguir la rueda de la creatividad. Eso que parece tan fácil en Lorena es realmente complicado. Pero que me parta un rayo si después de cada uno de sus actos musicales, esos magníficos momentos de sencillo acompañamiento,  no he querido ir corriendo a casa a canturrear, a sacar una de sus canciones o cambiar letras para hacerlas más comprensibles. Sonriendo, claro.

Hace calendarios. De bolsillo. En 2016. En La Alhambra. Usando los ropajes que hay para turistas. Luego se cambia un trabuco por una guitarra antigua con photoshop y listo.

Sobre lo de hablar en los conciertos

-lo puse en Fb tal cual, pero lo recupero aquí para que no se pierda en el muro…-

En mi TL de Twitter se está estirando el tema de hablar en los conciertos.

Uno comenta que hay que defender el interés de los interesados (oyentes), y dice que hay que sacar los conciertos de los bares. Propone montar cosas como el Ahopeko Kontzertuak, una cosa requechula de Bilbo.

Pero yo creo que son cosas complementarias. en una tienda o mercería no se pueden dar condiciones mínimas (de caché, sonido, comodidad) para que un grupo de clase baja-menos baja pueda actuar en otra ciudad situada a 400 kms de su casa. Aunque en atención, hosti, es inmejorable y mide muy bien el interés – y las dificultades para parlotear-.

Además, qué leches, que parece que todo es promo y que todo vale. Y no, oye, hay que dar conciertos como los de siempre.

Yo soy de la opinión que los conciertos hay que darlos en bares. No ya salas tipo dabadaba, no. Bares. Como en Antonio, en Pateras, el biudegaintzurisketa o el Maria Luisa.

Lo que se ha perdido no es la educación, sino la costumbre. Con ciudades – capitalinas o no- sin espacios para estas lides, la gente se abraza a los otros usos de los bares: ligar, beber, socializarse. Y lo de la música en vivo queda en un segundo plano. Vendría a ser como una fiesta de una marca de bebidas. Está ahí para que yo ligue, me emborrache o conozca gente.

La música en vivo ya no es tan gancho, no es lo relevante, porque es algo demasiado ocasional. No olvido el cambio de costumbres sociales. Si ves 3 horas la tele al día y llevas el móvil enchufado todo el rato en las redes no es tan sencillo como antes que eso de los conciertos te llame tanto la atención. No hay tiempo físico. Menos aún si ya tienes churumbeles.

Ante eso solo se me ocurre esa legislación más positiva, o laxa, o tendiendo puentes de esos, como en BCN. Y que así todo el mundo que quiera hacer conciertos – fuera de Olatu Talka, por ejemplo, cuyo paraguas público le permite hacer todo esto sin mayores historias ni líos. Y que dure- los pueda hacer.

El barero verá entrar dinero de nuevo en un mercado monopolizado en Donostia por los pintxos, la gente irá a verlo. Y cuantos más vean, más callados estarán (en general, coño, que todos nos agarramos un pedo sin querer casi con un tunante o más sobre el escenario dándole a lo suyo)

Y si te toca una marabunta delante, gestionala. No tiene la culpa de querer hablar. Es difícil, a mí – que he ido muchas veces con solo mi guitarra- me ha tocado en mil y una ocasiones. Una respuesta posible es irte. Y otra seguir a lo tuyo, a lo Rodriguez en el garitu aquel. O acercarte a ellos de alguna manera. O… eso ya queda en tu mano. Pero no se lo eches en cara a ellos.