Morau: Egunsentiak alperrentzat

Gaur egun berezia izan da. Euskararen Egunaren ekitaldien barruan Morau abesti egileak bere melodia berriak aurkeztu ditu Donostian. Leku nahiko berezian eta, nork daki, aproposean, Medikuntza eta Erizain Unibertsitatean. Aurre-estreinaldia izan da, ez da ezer ofiziala. Baina berdin du: Alzheimerra zuen bere amaren goizeko paseoak (horrela azaldu du egileak : “Abesti hauek ez dira gaixotasunari buruz, paseoei buruz dira”) musikatzea beti da zerbait (oso) berezia.

Sare sozialetan bere argazkiak ezagutzen genituen, “Egunsentiak alperrentzat” izenburuarekin (diskoak izen berdina izango du). Gurasoak – plurala, bai- gaixo daudenean ez duzu ez gogo ezta denbora asko gitarra hartzeko. Eta nolabait barruko mina ateratzeko, purgatzeko, edo arintzeko letrak eta akordeak egitea formula ona dirudi. Ez da gai makala. Baina Morauk hartu duen bidea erabat eredugarria da. Klaro, hori egiteko ere Morau izan behar zera.

Zaila da azaltzea nolako abestiak dira berri hauek. Egileen ohiko egituratik ez daude urrun, baina hau ez da herriko tabernaria, ezta autobus gidaria edo arrantzalea. Hau loreak arratsalde berdinean hiru aldiz ureztatu zituen etxeko baten abestiak dira.

Uste dut Morauk saiatu dela gela argitzen, kanpoko argia barrura ekartzen. Eguneroko dramaren kuriositate txikiak historia globalak egiten (“Irakurgaiak”, “Maleta” eta “Mina” izan dira gaurko politenak), egoeraren berezitasunak gertutasunarekin azaltzen, umorea pixkat hoztuz, famili maitasuna fonema askotan azalduz. Dena ezohiko normaltasunarekin.

Emanaldiak beste puntu oso berezia du: Testuingurua oso ondo kokatzen dituzten Morauren azalpenak. Abesti aurkezpenak baino urrunago doazen hitzak, eta beharrezkoak diren komentarioak obra zentzu osoan ulertzeko. Argi dago hau ez dela abesti sorta normala. Baina bere eskuetan, bere hitzetan, obra oso berezia suertatzen da.

Rafa Rueda y el cristal con el que se mira

De Rafa Rueda me gustan hasta los andares. Es uno de los mejores exponentes del pop americano (sea power, sea tranquilo, siempre melódico) que hay en euskadi, en un podio que podría estar bien compartido con Bide Ertzean y Balerdi Balerdi, por ponerle tres patas al podio. Cuando ha echado un traste en otros proyectos los ha llenado de vida y luz, caso de Mikel Urdangarin o Lou Topet. Así que había ganas de escuchar en vivo “Hiri Kristalezkoa”, su nuevo álbum en solitario.

Un trabajo que supone un salto adelante en muchas cosas (temática, canciones, sonidos, trabajar con un productor que le pega al baile o lo digital) y que desea, de alguna manera, enseñar más colores del prisma del de Mungia.

La cosa se estrenaba en Donostia este fin de semana en la bella cava del Victoria Eugenia, el bien llamado Club. Un txoko cercano y coqueto, alejado del mundanal ruido. Un emplazamiento ideal para estas nuevas canciones de sonoridad quizás algo más sintética y un escenario ligeramente más complejo cuando la batería se suelta y las cuerdas suenas recias.

Rafa y los suyos inclinaron la balanza hacia lo analógico (Jaime Nieto al bajo, Ander Zulaika a la batería y, ojo, los coros) frente a los sintes (Txus Aramburu). No pasa nada, a los conciertos se les pide otra vida. Que además luego hay que engarzar las preciosas nuevas canciones con los antiguos bríos guitarreros. Las viejas tonadas sonaron muy vivas, en un hilado que irá tomando forma con el paso de las fechas para ir brillando en espacios más amplios.

Y luego es que Rueda canta que es un primor. No es el cuarto tenor, pero nadie le pide eso. Es aguerrido en el tono y realiza unas armonías bien atractivas. Con letras creadas por fantabulosos autores vascos. Bien que se explayó sobre las canciones del nuevo disco, las emocionantes canciones sobre la guerra, los temas interpretados en solitario y los paseos a toda máquina con la compañía de su banda.

Divertidos en el fallo ocasional de bailar un traste, la hora y media se pasó en un bis incluyendo un tris (¿O era al revés?). Y nos quedamos esperando la siguiente de las citas con el vizcaíno mientras de fondo suena en formato CD la ciudad de cristal, al ciudad oculta, la ciudad oscura, la ciudad ajena, la ciudad tan bien retratada.

Amateur: Big Band Theory

Siempre hay una belleza innata en lo amateur. Esa frescura, esa vitalidad de aficionado, ese libre corretear por lo que luego el resto catalogaremos en etiquetas, ese vuelo libre. Más allá de verles antes o después, que se ha convertido en norma estos días, lo que nos sigue enamorando son las primeras estrellitas de ese Big Bang aún imperfecto, aún por moldear. Supongo, intuyo, que si a todo este primigenio punto de vista le añades la elegancia y la calidad de llevar 30 años haciendo canciones la cosa rompe moldes, medidores y potenciómetros. ¿Oximorón? Puede. ¿Arrebatadora la fusión de conceptos? Sin duda.

Amateur, la nueva banda de Mikel Aguirre, Jose Luis Lanzagorta y un lesionado Iñaki De Lucas que a punto estuvo de perderse el estreno en vivo, se estrenaron en familia ayer en la sala Kutxa de Tabakalera. Espacio en el que han estado un par de días ensamblando con sus ilustres nuevos socios (Irazoki, Neira, Paúl San Martín) la forma que deben tener las canciones de su “debut” sobre los escenarios. Ayer nos abrieron el portón de su garaje y nos dejaron escuchar algunas de esas composiciones. Nerviosos, ellos y nosotros. Felices, todos.

No habrá spoilers de lo ayer vivido y escuchado. Pero la sensación es que la versión viva de las canciones grabadas es casi mejor. Con unos estribillos arrebatadores, un clasicismo digno de Ridel (gag local viejuno) y, como ya apuntamos al inicio, una sensación de renacimiento con las alas bien abiertas.

Varias de las canciones nos pusieron los pelos de punta. Y una frase y un gesto hicieron caer una lágrima. O dos, vale. Sin querer callar la sensación, hoy pienso que también eran gotas de alegría. La de ver a estos insignes creadores de vuelta, con unas canciones tan emocionantes.

El Kutxa Kultur Festibala ya es donostiarra

En su quinta edición ya podemos afirmar sin ningún rubor a dudas que el Kutxa Kultur ya es un festival donostiarra. Era fácil conseguirlo, había buenas pistas: Se celebraba en el Monte Igeldo, desde donde se ve toda la postal. Se sube en Dbus cada pocos minutos. Y el nombre del banco estaba por doquier, hasta en los dichosos vasos de plástico. Pero ninguna de esas cuestiones le otorgaba por sí mismo la calificación de “Donostiarra”. Vean por ejemplo el Festival de Publicidad ese que nos han colado y que ni Dios recuerda ni el nombre.

Mas una, solo una, y nada más que una variable lo hace donostiarra: la encarnizada crítica ante los despistes, trastabiles y desenfoques. El Kutxa Kultur ya es la Real, sus promotores Loren y nosotros el mejor entrenador de futbol. El Kutxa ya es el Sirimiri, y nosotros los afiladores de teclas ante los bidegorris y peatones. El Kutxa ya es música, y nosotros los “comentarisas” de la Semana Grande de Sagüés. El kutxa ya es Sálvame, y nosotros sus tertulianos. Porque el festival ha dado el salto, y ya no solo opinan los musiqueros recalcitrantes sino que ahora tienen voz y mando gentes menos habituales en estas lides. Bienvenidos todos.

Está claro que tiene cosas que mejorar, que este texto no es el hijo de una “payola”. La pulsera de marras aún se encuentra públicamente del lado del promotor, con ese baile de gastos y costes que afectan a la imagen del evento. Y a veces hay malos tragos, como cuando un concierto pequeño coincide con uno grande y los sonidos se pisan en demasía. O cuando debe pasar un bus entre un escenario y el público por razones hoteleras. El tránsito entre escenarios puede resultar algo obtuso en las horas punta. Seguro que los promotores toman escucha activa de esas cuestiones  (Sí, el tema del canje del vaso también me ha pillado por sorpresa. Aunque sois unos quejicas. Yo pienso usarlo este año hasta para pruebas médicas)

El Kutxa ya es un festival grande (¿demasiado para Igeldo?), lleno de gente joven en las barras y los tickets. Chicos y chicas que a veces parecían los asistentes de las compañías aéreas cuando se suspenden 15 vuelos de golpe, tragando todas las quejas de los espectadores con variable estoicismo y sin tener galones para responder, gestionar o mandar a tomar por culo.

Nuestro pequeño juguete montañero ya tiene hechuras de BBK en muchos sentidos. Y diferencias: Con una columna vertebral correctamente asentada en los grupos que el banco ha subvencionado este año (la selección fue maravillosa), los vascos han salvado en buena parte el papelón: Berri Txarrak el viernes y Belako el sábado pueden colgarse esas medallas tranquilamente. Una base ideal que tiene equilibrios si se mantiene el año que viene. No hay tanta madera en la serrería de la popularidad local. Aún y todo, chapeau por la apuesta. Y la respuesta.

Sobre el resto hay cosas que no atienden a razones populares (Bloc Party) y otras piruetas que el festival siempre se ha permitido tomar (Cat Power y su capítulo de “Control de aduanas”). Hay baños de masas (Corizonas), guiños viejunos (El Inquilino Comunista) y aplausos a rabiar (Young Fathers). Hay delicatessen (Aries y Borrokan). Hay elegancia mañanera (Petit Pop). Y a veces toca ese grupo que te encanta, y otras te encanta un descubrimiento (en mi caso, Músculo!). Y también hay cosas que vienen bien para ir a cenar o desperdigarse socialmente, que para eso es un festi de verano.

“No estoy de acuerdo con lo que dices”, dirá algún lector. Y eso, amigos, hace más donostiarra aún al Kutxa Kultur. Un “embolao” gigante que esperemos tome apunte de sus aciertos y derrapes para seguir creciendo de manera ordenada y feliz.

Glad is the festival

Yo también me pasé por Glad is The Day. Cómo no hacerlo, si fue hasta mi vecina, la que canta en karaoke por el patio hasta los anuncios de la tele.

El festival del Bukowski y el Dabadaba (los Rik Mayall & Ade Edmonson de la vida cultural donostiarra) alcanzó números de festival gordote -en asistencia y antagonismo de presupuesto- en su edición del 2016, con muchos aciertos y la pizca de suerte necesaria. Consiguiendo, ya de paso, clarear la sombra que siempre cubre a quienes se encargan de animar las noches.

Porque hizo sol. Eso es básico en una ciudad nublada hasta en lo climático. No olviden además que el parque ya tiene su uso los días de fiesta como espacio de esparcimiento. El domingo pasado hubo, además, cañas, chuletas y música. Como el Musika Parkean, pero distinto.

Así, mientras el Músika Parkean pone el foco en gente cercana interesante, Glad Is The Day ha rebuscado en las agendas de sus garitos para ofrecer algo a juego: arriesgado, desconocido, sabrosón y especial de más allá de nuestras fronteras. Hubo murcianos, macarras, Berrio – es categoría propia-, countries, Djs de zapato y zapatilla… Todo con medidas ideales: 45 minutos de actuación. La fórmula, por todo lo expuesto y algo más que seguro se me escapa, ha funcionado. No hay más que ver las fotos de instagram para constatar su pelotazo: el 95% de las mismas son de montoncitos de gente presente , quedando el 5% restante para recoger a los músicos haciendo musicadas.

Quizás este punto sea el que diferencia ambos eventos (además del clima, para tragedia de Parkeros y habituales….). La otra es la de ofrecer un día completo, que también ayuda a dispersarse y centrarse cuando uno guste. Como todos los presentes, a algunos grupos les hice caso y en otros charlé con los conocidos del lugar.

Quienes teniendo hijos siguen con el nervio encontraron la cita idílica. No había mas que ver la de niños que se estrenaron en esto de los conciertos, en brazos de sus padres. Por cierto, que por mucho que se puedan conjugar planes unos cascos de insonorización siguen siendo una buena idea hasta que los mozalbetes tengan el timpano ya formado…

Supongo que este éxito de respeto y diversión, civismo y desparrame, iniciativa privada pero no de ímpetu, debería calar en una ciudad normal. Menos mal que Donostia siempre es diferente, y en 2017 seguro que hasta el día anterior a la celebración los promotores seguirán esperando confirmación de permisos y demás orfebrería legal.