Sobre lo de hablar en los conciertos

-lo puse en Fb tal cual, pero lo recupero aquí para que no se pierda en el muro…-

En mi TL de Twitter se está estirando el tema de hablar en los conciertos.

Uno comenta que hay que defender el interés de los interesados (oyentes), y dice que hay que sacar los conciertos de los bares. Propone montar cosas como el Ahopeko Kontzertuak, una cosa requechula de Bilbo.

Pero yo creo que son cosas complementarias. en una tienda o mercería no se pueden dar condiciones mínimas (de caché, sonido, comodidad) para que un grupo de clase baja-menos baja pueda actuar en otra ciudad situada a 400 kms de su casa. Aunque en atención, hosti, es inmejorable y mide muy bien el interés – y las dificultades para parlotear-.

Además, qué leches, que parece que todo es promo y que todo vale. Y no, oye, hay que dar conciertos como los de siempre.

Yo soy de la opinión que los conciertos hay que darlos en bares. No ya salas tipo dabadaba, no. Bares. Como en Antonio, en Pateras, el biudegaintzurisketa o el Maria Luisa.

Lo que se ha perdido no es la educación, sino la costumbre. Con ciudades – capitalinas o no- sin espacios para estas lides, la gente se abraza a los otros usos de los bares: ligar, beber, socializarse. Y lo de la música en vivo queda en un segundo plano. Vendría a ser como una fiesta de una marca de bebidas. Está ahí para que yo ligue, me emborrache o conozca gente.

La música en vivo ya no es tan gancho, no es lo relevante, porque es algo demasiado ocasional. No olvido el cambio de costumbres sociales. Si ves 3 horas la tele al día y llevas el móvil enchufado todo el rato en las redes no es tan sencillo como antes que eso de los conciertos te llame tanto la atención. No hay tiempo físico. Menos aún si ya tienes churumbeles.

Ante eso solo se me ocurre esa legislación más positiva, o laxa, o tendiendo puentes de esos, como en BCN. Y que así todo el mundo que quiera hacer conciertos – fuera de Olatu Talka, por ejemplo, cuyo paraguas público le permite hacer todo esto sin mayores historias ni líos. Y que dure- los pueda hacer.

El barero verá entrar dinero de nuevo en un mercado monopolizado en Donostia por los pintxos, la gente irá a verlo. Y cuantos más vean, más callados estarán (en general, coño, que todos nos agarramos un pedo sin querer casi con un tunante o más sobre el escenario dándole a lo suyo)

Y si te toca una marabunta delante, gestionala. No tiene la culpa de querer hablar. Es difícil, a mí – que he ido muchas veces con solo mi guitarra- me ha tocado en mil y una ocasiones. Una respuesta posible es irte. Y otra seguir a lo tuyo, a lo Rodriguez en el garitu aquel. O acercarte a ellos de alguna manera. O… eso ya queda en tu mano. Pero no se lo eches en cara a ellos.

Fama bien ganada

No se crean. Sigo sin tener ni idea de cómo definirles el concierto de ayer del Niño de Elche (y Amorante, ojo, bregador telonero al que volveremos a ver mejor y con más tiempo) en el Dabadaba donostiarra. Con esta falta de concreción no quiero destacar el carácter catártico de la cita, aunque algo de eso pudo haber. Mas uno no sabe por dónde patear las letras para comentarles la jugada.

Por una parte, me alegro muy mucho que sea un hype en estos momentos. No había mas que mirar al abarrotado “daba” para ver gentes modernas de todos los colores e idiomas maternos por la zona. Pero eso me da igual. A mí me gusta que sea Número 1 en mil listas porque eso me permitió conocer a este libertino cantaor, como me sucedió en su día con otra grande, Lorena Alvarez. Mi lado más optimista vio nexos felices entre ambos. La una recuperando lo folclórico para menear las líricas clásicas, el otro apoyándose en lo flamenco para sus diabluras. Pero eso no era flamenco, señoritas de cursillo de kulturetxe que se ponían a coger manzanas con las manos a la menor ocasión.

Lo del NDE – Niño De Elche- tiene mucho de diversión, de juego entre estilos (hubo kraut, hubo pop, hubo quejíos, hubo rock a lo “Omega” – y se anuncia colaboración con Toundra-) sin que sea reseñable cuál se eligió. El muchacho parece apoyarse, y no basarse, en los distintos estándares musiqueros urbanos.

Hubo sentimiento, hubo potencia vocal, hubo buenas hostias en las letras. Hubo Sean Nicholas Savage. Hubo The Doors. Hubo reivindicación (me pica la ayuda pensar si los del 2016 allí presentes se dieron por aludidos/integrados/defendidos cuando NDE defendió la contracultura) y humor entre temas.

Siempre hace falta humor. Eso se nota cuando te enfrentas a un escenario, el de los bares, que cada vez tiene menos respeto a los ejecutantes. No es culpa suya, están rodeados de establecimientos en los que la música no es ya tan importante. Y por eso vamos a rajar como si aquello fuera una manifestación.

Amorante, con menos presencia escénica por estar sentado y quedar tapado por la gente – ¿si no lo veo no lo respeto?-, tiró de “broma vasca” para decir “claro, seguid hablando, total no os veis nunca…”. NDE, ya de pie y con más potencia sonora, demostró el arte que tiene algunos para estos malos tragos: “Seguid hablando, si es lo normal. Yo también vivo solo en casa y no veáis las charlas que me pego”.

No se crean. Sigo sin tener ni idea de cómo definirles el concierto de ayer del Niño de Elche. Pero si pueden, y les gustan las esquinas de la creatividad, vayan a verlo.

Tan lejos, tan carca (aquí)

  • Oficina técnica.
  • Plan estratégico de cultura a diez años vista.
  • la relación que debe tener la ciudadanía con las instituciones culturales.
  • Sónar, el Primavera Sound, el BAM.
  • Daniel Granados, guitarrista del grupo Tarántula y fundador del sello discográfico Producciones Doradas, es el asesor externo.
  • La intención es crear la normativa que reconozca esa actividad y que ampare a estos locales.
  • Analizando la situación jurídica para realizar un cambio en la normativa municipal .
  • El cambio legislativo podría beneficiar a 30 o más espacios.
  • Locales históricos que ni siquiera tienen licencia de bar.
  • El objetivo es “hacer un reconocimiento público y fomentar la música en directo”.
  • “Un sello que reconozca una actividad que el ayuntamiento considera buena para la ciudad”
  • “Lugares reconocidos por su trayectoria de difusión musical, por su relación con el tejido local y con los músicos del barrio y que no hayan tenido una relación traumática con el vecindario”
  • “No es resolver un problema a partir de la normativa sino, a partir de una nueva normativa, hacer un programa en positivo de la música en directo en Barcelona. Y hacer pedagogía de ello. No puede ser que una ciudad que hace bandera de festivales como Sónar y Primavera Sound no pueda hacer bandera de todo el tejido de pequeña y mediana escala”

Barcelona protegerá la música en vivo tras décadas de restricciones

Si el 2016 nos deja algo así como herencia ya me doy por satisfecho.

Atento a la siguiente parte

A mi lado el chico no dejaba de comentarme cosas: “Ese punteo es un homenaje a la opresión birmana de mediados del siglo pasado”, “¿Te has fijado en la chaqueta? Es puro Bowie”, “Atento a la siguiente parte, es un magnífico compendio de lo mejor que ha dado Francia en el pop de jardines en los últimos años”. Sobre el escenario una banda de rock aguerrido que castigaba sus guitarras y parches con la crudeza habitual.

Y a mi vera, en la sala, los espectadores repartían bajo los parámetros que les contaba al inicio: Un asistente, un comentarista. La organización, impecable en el trato a los allí presentes, nos había dotado de un “explicador” para que pudiéramos entender la obra en su totalidad. Como en Corea del Norte, pero sin ver a la gente sonreír todo el rato.

Si esto que les cuento es una autentica soplapollez a la hora de que disfrutemos de la música, ¿por qué se nos torna tan necesario cuando las obras se visten de elitismo? La cultura hay que disfrutarla siempre como lo hacen los niños pequeños: Me gusta, o no me gusta. Me aburre. Me flipa. Paso. Vaya rollo. Quiero más.

Sino es que no se explica/goza en sí misma

Los indies del pueblo ya san escapau, riau riau

Anoche tocaba echar un vistazo a ciudades cercanas en el Dock Of The Bay. “Pamplona Sound” recogía en su corto metraje las cosas que pasaron en el pop/rock independiente de Iruña a principios de 1990. La etiqueta, como se ha cansado de repetir la directora, no busca responder ni agrupar sino preguntarse, de manera fílmica, si existieron puntos en común en los grupos de aquellos años.

La película empieza, casualidad, como el famoso libro de Nando Cruz sobre el indie patrio, poniendo el foco en Josetxo Ezponda, autentica espoleta en cualquier ciudad de provincias. Y tiene una columna central muy bien puesta: Jaime Cristobal, musicólogo, guitarrista y la persona con más gusto de la capital navarra. De su mano, acompañada de otras opiniones musiqueras, se pasea por los primeros 90 y se llega a la época Half Foot Outside de mediados de dicho decenio.

Grabado de forma muy casera, sin más ambición que sacar una foto del momento, “Sonido Pamplona” se apoya en decorados sencillos (sofás, pasillos, gatos, un radiador sin estrenar, estudios caseros de grabación, terrazas, una habitación digna del “Happiness” de Todd Solondz) para recoger las palabras de gente sencilla que hacía cosas por pura diversión y que ahora parece sorprendida ante la idea de hacer una película. Juan De Pablos pone su tono calmado a la narrativa, mientras Julio Ruiz le insufla relevancia al momento.

Faltan grupos y otros aparecen sin vivir aquellos años. Pero, como indican los títulos de crédito, “no son todos los que están, ni están todos los que son”.