Menudo espectáculo de ley

Algunas notas de volea sin adaptar muy bien el cuerpo sobre la nueva ley de espectáculos que planea el Gobierno Vasco

El punto más escamoso es el de la posibilidad de poder hacer solo un concierto al mes, o doce al año. Máxime cuando se habla de gente que actúa por voluntariedad. No nos engañemos, si la música en vivo en locales pequeños diera dinero toda la Fermín Calbetón estaría llena de Bukowskis. Y no es así.

Supongo que reglar polideportivos, discotecas y otras plazas de gran cabida es justo y necesario. A pequeño nivel la cosa parece desmadrarse un poco. Tirando del paralelo ejecutante, es como desear que todos los músicos estén dados de alta en Seguridad Social por concierto cuando en total se cobra 150 euros. Tirando de paralelismo deportivo es como querer hacer que los entrenadores de juveniles tengan una nómina. ¿Recomendable? Mucho. ¿Asumible? Difícilmente.

El mayor problema, como con los autobuses de servicio público que quieren recortar frecuencias, como en los bidegorris que de repente se cortan o te mandan a una vía llena de camiones, es que los gestores no hacen uso de lo que reglan. ¿Cuántos de los firmantes han asistido a un concierto en un bar en los últimos doce meses? Sin contar el acústico en el batzoki o la casa del pueblo presentando la candidatura.

Intuyo que la cosa es el modelo de ciudad que se busca. En Donostia está bastante claro, dado que van a derruir medio ayuntamiento para que Turismo tenga sus oficinas centrales en plena Ijentea 1. La apuesta no solo está clara, sino que rige los designios. Barcelona y Madrid, que nos sacan millas en esto de los visitantes, guardan al menos un hueco para sus ciudadanos. La capital catalana, ese nido de rojos separatistas, tiene varias leyes que buscan defender los actos pequeñitos (aunque luego pasa lo que suele pasar) . Madrid, caldo de bolcheviques, te da una ayuda en el IBI si tu empresa realiza actos culturales.

¿Y Donostia?¿ Y Euskadi? Pues feo panorama, siempre que te alejes un poco de los pintxos y los pisos turísticos. Y en esa categoría también entran los macrofestivales de verano.

El ciudadano ya no interesa, salvo que quiera funcionar como un turista. Por eso pienso que se debería apoyar más a sus votantes, que son quienes hacen mover el dinero y les eligen. Es necesario: Si no la próxima vez que quieran aprovechar la cantera local para sus promociones hosteleras no van a tener dónde pescar. Y todo eso en una ciudad que fue Capital Europea de la Cultura. ¡Menos mal!

Por cierto, Donostia ya ofrecía la posibilidad de ofrecer conciertos donde te de la santa gana siguiendo los pasos administrativos.

PD: Echo de menos alguna opinión/declaración de Musika Bulegoa, como receptor de los futuros profesionales del ramo.

PD 2: Esto no es más que una opinión. Espero la tuya.

El orgasmo de Vetusta Morla

Llevo unos días dándole vueltas al tema de Vetusta Morla y su brutal reventón popular. Meter 38000 personas no es moco de pavo. Muy pocos en este país, grandes o medianos, pueden hacerlo en este 2018. Mire usted las fiestas populares cercanas, ese cementerio de nuestros gustos cuarentañeros, y me dice un evento de un solo grupo en el que llegue a haber/a ver a la mitad de esos contados…

Si esta vez me he parado a pensar es porque tengo algunas características en común con sus funcionamientos. Un grupo que se lo ha autogestionado todo. Que es, más o menos, su marca. Una formación que ha empezado tocando en bares para ir subiendo durante más de una década hasta este momento de orgasmo popular. Pero

Algunas impresiones personales basadas en algunos vistazos al mundo

1.- Esta semana visitan el Guggenheim. El reventón de Madrid hara que, si todavía quedaban entradas, estas se agoten sí o sí. Funcionamos por impulsos y por aceptación social. Si algo es número 1 se vende más que si no tiene la pegatina que acredita ese hecho. Y ellos son, ahora mismo, parte de ese top con todos los honores.

2.- Leo en muchos sitios que este éxito vendrá bien a los “indies”, y me echo a temblar. Porque no le veo una herencia clara a la idea. Es como el efecto Myspace de Artic Monkeys. Por tener una cuenta ahí no te fichaba una multi. Y por autogestionarte todo tampoco te fichará una multi. Esos años locos de la burbuja ya pasaron, y no hace falta recordar los efectos terribles sobre la mayoría de los grupos musicales. La razón de su llegada a ese espacio popular es su música, que cuenta con las suficientes características de ser asimilada/disfrutada por el gran público. Como en todos los orgasmos, si uno lo tiene no implica que su primo lo vaya a tener.

3.- Veo mucho más claro que Vetusta haya conseguido invitación para entrar en ese olimpo de in-ears, pruebas hechas por “pipas” y pantallas con vídeos sincronizados que el hecho de que su elevación favorezca a los pisos inferiores. El hasta ahora Botones – o jefe de planta- puede entrar e instalarse en el sofá de la fiesta de los oligarcas. Que se defienda esa idea de “todos podemos ser presidentes del gobierno” o “todos podemos tener orgasmos con la gente que deseamos” me parece más propia de promotores musicales, vendedores de merchandising, vendedores de seguidores, ETTS musiqueras y resto de empresas paralelas a la creación.

Fino Oyonarte: “Sueños y tormentas”

Qué gozada es escuchar discos de madurez. Obras en las que el autor parece haber alcanzado su lugar en el mundo, o uno de ellos. Canciones en las que todo suena adecuado, precioso, sublime y atractivo, ya sea techno duro o música de cámara.

Toparse con uno de esos discos no solo alegra los paseos y las escuchas. También hace que todo siga mereciendo la pena. Lo de tocar, crear o perder el tiempo silbando ahora tiene una nueva meta: “ojalá pueda llegar ahí algún día”, te dices.

  • Con esa naturalidad, con esa cercanía, con esa timidez y, a la vez, orgullo mudo.
  • Con esa asimilación de la falta de vergüenza, con ese amor por los grupos (Nick Drake, Elliott Smith, hasta La Buena Vida/Amateur. Y los que tú quieras poner y yo no haya visto tan claros) que hace que se te cuelen los vapores de otros arpegios.
  • Con esa fantasía de las canciones atemporales, tan buenas para temporales (“La deriva”).
  • Con ese mensaje sincero, ese gran valor, que transmite y transciende.
  • Con esas letras, hoy dobladas quien sabe si por alguna timidez en la exposición, que sobresalen sin destacar en la mezcla.

Unas cosas y otras harán que este disco supere la manía de que los CDs duren 6 semanas. Es, será, debería, ser uno de esos trabajos que influirán, se disfrutarán y se venderán en 2019, 2027 o el siglo XXIII si hay algo más que amebas y hielo en el mundo hispano.

No hay rabia por la ausencia de ventas, aunque da pena que donde tu ves belleza máxima, producida con un cariño mayúsculo, otros no pueda ni acceder a ella en estos días urgentes. Yo solo veo felicidad. Y suerte. Suerte de poder escuchar estas preciosidades día y tarde. Y saber que, siguiendo la rueda, bajo el influjo, pronto algunos de esos caminos serán abrazados por la creatividad del oyente más inquieto.

Gracias, Fino
(el disco físico está a la venta en https://buenaventurarecords.com/ )

Amateur: “Debut!”

Por fin ve la luz lo que muchos esperábamos, el disco en formato clásico de “Amateur”, la parte de LBV que aún no había publicado nada tras la disolución de aquella banda que tanto lujo trajo a nuestro indie, cuando se cumplían esas dos premisas, “nuestro” e “indie”, de manera justa, correcta y feliz. La espera ha merecido la pena: “Debut!” es una obra mayúscula, mayor, grande, preciosa, preciosista, macerada, exquisita.

El análisis podría finalizar aquí, y sería justo. Pero injusto que tras 3 años de trabajo de estudio la cosa se quede en un breve lateral de un diario físico o digital. Porque – si quieren ausencia de pasión se van a un magazine, hombre-  no con todos los grupos te vas de gira en la furgoneta (Ay, Lleida, en el corazón), no con ellos aprendes y te moldeas, ni con ellos cambias música cuando eres aún una probeta con 17 años y no sabes por dónde te da el aire en el colegio de curas donde no dejas de ser un bicho raro. No con todos los grupos te abrazas en un bar cada vez que les ves, no con todos has crecido, vivido y compartido tu vida. Hoy toca Amateur, pero AMA ya estaba en esta categoría, por supuesto.

Debut es un disco mayúsculo, enorme. Calmado como lo son la edad, la sabiduría y las horas de estudio en la elaboración. Resplandeciente en su melancolía, abierto en sus ideas, Beatle (“El rastro de una estrella”, ésta con un cristalino guiño Bacharach) y norteamericano como Mikel lo era en LBV.  De la estela de aquella banda, cierto, pero en la búsqueda de nuevos planetas. Y con unos estribillos dignos de ser copiados, fusilados, silbados y/o canturreados. De templete y vela diaria. Con colaboraciones que suman más que evocar. Hay cierto aire Berrio (bueno, vale, Cohen) en “Da Vinci”, un arranque fantástico con una canción lenta (ole ahí), unas entonaciones sin marejadas ni tonos altos. Ese toque folk de “Dulce Final” y de muchas de las cuerdas del disco, el arreón Dylan de “Será verdad”, la chansón oscura de “Solo era un sueño”, esas letras que evocan con cierta pena, respeto y felicidad por haberlas podido compartir…y tantas y tantas bellezas que casi alcanza la cota de museo vivo del pop. Un stendhalazo en toda regla, queridos.

Rendidos hemos caído, como cantan en el corte inicial, ante la nueva colección que, quién lo iba a decir en los días que corren, se nos hace corta. A ver esa edición de doble vinilo para el año que viene, con los dos adelantos y toda la pesca de alta mar de este gran barco que vuelve a salir del puerto.

Ojalá nos queden muchos discos, muchos conciertos y muchas alegrías con este grupo de Donostia. La ciudad puede sentirse orgullosa de todo lo que hacéis unos y otros, queridos. Con todo el derecho del mundo, catarsis aparte, de poder volar solos y libres por el mundo, por vuestro propio carril. No veo a nadie de los mencionados directa o sutilmente (Lanzagorta, De Lucas) en una banda tributo. Y menos mal que tenemos el acróstico para quitarnos de encima la idea que nos sobrevuela a todos y que, espero, pese lo justo en un análisis musical.

Los indies del pueblo ya san escapau, riau riau

Anoche tocaba echar un vistazo a ciudades cercanas en el Dock Of The Bay. “Pamplona Sound” recogía en su corto metraje las cosas que pasaron en el pop/rock independiente de Iruña a principios de 1990. La etiqueta, como se ha cansado de repetir la directora, no busca responder ni agrupar sino preguntarse, de manera fílmica, si existieron puntos en común en los grupos de aquellos años.

La película empieza, casualidad, como el famoso libro de Nando Cruz sobre el indie patrio, poniendo el foco en Josetxo Ezponda, autentica espoleta en cualquier ciudad de provincias. Y tiene una columna central muy bien puesta: Jaime Cristobal, musicólogo, guitarrista y la persona con más gusto de la capital navarra. De su mano, acompañada de otras opiniones musiqueras, se pasea por los primeros 90 y se llega a la época Half Foot Outside de mediados de dicho decenio.

Grabado de forma muy casera, sin más ambición que sacar una foto del momento, “Sonido Pamplona” se apoya en decorados sencillos (sofás, pasillos, gatos, un radiador sin estrenar, estudios caseros de grabación, terrazas, una habitación digna del “Happiness” de Todd Solondz) para recoger las palabras de gente sencilla que hacía cosas por pura diversión y que ahora parece sorprendida ante la idea de hacer una película. Juan De Pablos pone su tono calmado a la narrativa, mientras Julio Ruiz le insufla relevancia al momento.

Faltan grupos y otros aparecen sin vivir aquellos años. Pero, como indican los títulos de crédito, “no son todos los que están, ni están todos los que son”.