“O gemer (El gemido)”

No se fien del trailer…

No creo que “O gemer (El gemido)” sea una película sobre los carros tirados por bueyes. No es un collage de imágenes de Far-West. No es una road movie, aunque los desplazamientos sean el eje, o al menos el más visible de ellos. Con la inestimable colaboración de Tamara García Iglesias, Xabier Erkizia ha puesto imágenes a su mundo creativo, y lo hace de la misma manera con la que enfoca su música o sus creaciones sonoras.

El que fuera director del festival Ertz recoge los ruidos de esos carromatos de manera intensa y excesiva para los oídos mainstream. No se acerca a ellos de forma romántica o simbólica como lo haría John Ford. No hay un viaje melancólico en el metraje a la belleza de los Engels. Para eso ya hay superproducciones y películas de tarde en la televisión.

El de Bera lo ataca de forma sufrida, en los enfoques animales. Quizás también violenta, metiendo el micro hasta el eje del vehículo y amplificando el momento. Quien sabe si microscópica, como se grabaría un arrastre de piedras o una sesión de soka-tira con el micrófono incrustado en la palma de la mano. A ratos como en el techno de los 90 o la música experimental más incisiva. Sin filtrar ni querer ser amable. Sin poder huir de ellos, sentado como debes en el cine. Con minutadas dignas de un vídeo de Squarepusher. Todo gira alrededor de un sonido primordial, que hace que la violinista (la poca música añadida a la obra) deba alejarse de la perfección para sumar en la mezcla.

Pero, repito, no es un film sobre carros. La película, sin más palabras habladas que las cazadas al viento, deja mucho espacio para el collage personal. Y al punto de partida de la sinopsis se le pueden añadir muchos más toppings: cierto aire de “Plágan”, con la cámara inerte que recoge sin intervenir ni dirigir esos cambios que nos ha traído al vida moderna.

Y como en aquella pieza de “Korto” Almandoz, una imagen de la vida moderna turística, la que reniega de alguna manera de su pasado. Ese devenir que pisa por los antiguos caminos sin reparar en ellos, perdida en sus visitas urgentes de punto a punto. Certera en el recorrido la imagen nocturna de esa Italia moderna que pisa lo antiguo. Sugiriendo más que señalando.

Y a puntos similares de recogimiento espiritual puntual – misa de romería, visita a una cruz en la costa de Finisterre- se le pueden poner diferentes comodidades: unos en carro, por necesidad y virtud, otros paseando con sus zapatillas, esos nuevas ruedas tantas veces retratadas aquí. Unos libres en el complicado desplazamiento, otros con el invisible yugo de la urgencia.

Y guarda el autor espacio para otro sufrimiento, el de los emigrantes obligados, el del hambre y la guerra, cuando el carro era, tenía que ser, tu casa urgente. “O gemer” es un film que impacta y aturde pero que deja un poso más dulce con el paso de los días, permitiendo que distintas capas florezcan sobre la idea original y que cada uno hile según sus querencias. Qué pena que no la haya visto Boyero (así se llamaba a la persona “encargada de conducir o picanear los bueyes”) para saber su opinión…

El cañón te lo ponía yo en otro sitio, Jakob

Muérete, Jakob Dylan. Muérete musicalmente, dedícate a pasear por La Concha de California con el jersey al hombro y los brazos engarzados detrás. Y no cojas una guitarra ni para moverla de sitio.

Muérete, Jakob, y llevate por delante a Beck, con esa cara de muñeco sexual japonés, con ese rostro de Kiko Matamoros. Moríos Jakob y Beck, y acabad con el ex presidente de Capitol que tuvo la idea de realizar “Echo in the Canyon”, el homenaje a aquella fabulosa escena musical creada alrededor de las curvas de Laurel Canyon. Nada que empiece por Laurel puede ser malo, joder. Miren la calle de Logroño.

Palmadla todos culturalmente, porque hay que ser muy cabrón para entregar esta basura. Txiki Dylan, el jodido Capitán Posteriori, el hombre que pone cara de haberse olvidado siempre la próxima línea de guion, con sus amigos al fuego diciendo chorradas. Vete al Crucero Pop para hacer esto, hombre. Espero que el Director´s Cut traiga un tajo considerable y os quite del metraje, dejando solo el oro, el valor, la joya, el magma: las opiniones de los músicos y las músicas de aquellos años y las canciones originales.

Porque eso vale quilates, amigos. Y no esas grabaciones de las versiones que hacéis, en un montaje pocho a rabiar que evidencia que se han grabado en ensayos y nos lo queréis vender como parte de un concierto escalofriante.

Y así todo. Sale Jakob, suena la sirena de alerta. Sale Tom Petty, babear. Sale Jakob, pone cara de intensito de Pantomima Full. Sale Crosby, reverencias. Sale Michelle Phillips, pleitesía. Salen los Byrds vivos, pelos de punta. Sale Brian Wilson, viva tu estampa, rey de reyes. El plano final del film te sacude la epidermis como un rayo vertical sobre tu cocorota.

Y ves que aquellos años especiales, llenos de amistades y colaboraciones, de gente desmadrada que se inspiraba para hacer canciones aún mejores que las de sus amigos fueron espectaculares. Pena que Jakob y los suyos no hayan sabido verlo, y que el eco que anuncian en el título sea el de su voz contra un tablón de madera o un billete de dólar.

Galicia-Gijón-Berlín

Tsunami de documentales ayer en el Dock Of The Bay. Gran sentada popular – sold out- en el estreno de esta rama del certamen. Una rama oxigenada, variada, llena de perlas breves y aún más breves, que le va a venir muy bien al festival para abrir, diversificar y ampliar su enfoque.

Lo vimos ayer, y lo veremos el año que viene. En los 10, 20, 30 minutos que los autores eligen para montar sus grabaciones no todo son paseos laudatorios sobre un músico o un estilo. Nanay. Ayer hubo de eso, y de aquello otro, y de lo de más allá. No despiezaremos todos, solo daremos apuntes. Vamos allá.

El mejor fue Os Corpos, del director Eloy Domínguez. Una orgía de felos, peliqueiros, farrapadas, hormigas gigantes, hormigas lanzadas, peleas de harina (¿seguro que es harina?) y barro. Con un micrófono que todo lo pilla de manera excitante porque todo es excitante. Con una cámara empotrada entre la gente, que la asimila y se la lleva de aquí para allá. Con un final tenebroso, terrorífico. Un chute de adrenalina como espectador. Verlo es querer ir y vivirlo.

Encuentra hueco en el top “A deer falling into the sea”. Con Al Pagoda, Berlín t el blanco y negro como opción estilística. Con el confinamientos como acompañante. Con frases sueltas. Y un montaje vivo, de planos cortos, en los contrastes de la ciudad alemana. Estos han pillado el rollo de cómo hacer una tarjeta de presentación de un álbum a la primera. Estilazo.

Uno que no se si ha pillado el mismo rollo es Israel Fernández, estrella emergente del flamenco nacional más pop. El publicista le ha montado un super anuncio de contrapicados y muchas caras de modelo de anuncio de H&M con la cámara acerándose que explotan su belleza gitana. Tira para vídeo de Rosalía, pero se queda en Corte Inglés Primavera-Calé. Encantará a los amantes del publirreportaje, que son legión.

A lo demás le pegaremos un meneo rápido. “Hacer una diagonal con la música”, con la artista electrónica Beatriz Ferreyra, habría sido un complemento perfecto, didáctico y cotidiano del documental “Sister With Transistors”. “Entre el monte y la marisma” es una tragedia flamenca a la que no le salva ni el gracejo andaluz al hablar. “$TILL HUNGR¥” es un guapo documental de skate con formas de skate, música de skate, carreras urbanas de skate, trucos de skate, miradas a la poli de Skate Y viveza juvenil. Es fresco, juguetón y orgulloso. A “La tierra llama” no le vi mucho encaje musical en el certamen (añadir emoticono de hombros encogidos). Y oye, Dock, el año que viene dos películas menos en esta sesión no vendrían mal. O una vacinilla.

Sonrisas y lágrimas

Relax. Calma. Inspire. Del verbo respirar, no del otro. La película “Stop!” de Doble Pletina es un juego. Un divertimento. Una serie de ocurrencias de unos y otros. Una lista de amigos que salen en la pantalla. Unos chicos majísimos, el Parchís del nuevo milenio, yendo de aquí para allá por Barcelona. Gente haciendo cosas. De algunas de ríes y con otras te ríes. No es tampoco “Las Aventuras de Enrique y Ana”, que aquella jugaba a tener un marcado guion. Ni, maldita sea, es una película de Rocío Durcal. Una de esas en la que, en cuanto te despistas, te sale un temazo como un obelisco cantado por la más grande de entre los poperos.

Aquí hay canciones. Preciosas. Pero pocas. Y podía haber sido un asidero al que agarrarse si uno u otro momento, uno u otro minutaje, te desengancha del metraje- Corto, que eso ayuda, 55 minutos- . Y podía haber durado 20 o 120. No habría cambiado el enfoque ni la sensación de que “Stop!” es una sonrisa del grupo de Barcelona, una nueva arista de su mundo.

Tuvimos que dejar a la carrera la película para que nos diera tiempo a ver la siguiente. El Dock Of The Bay es el nuevo PS, el nuevo Zinemaldia. Se habría agradecido más respiro entre films, pero por algo será que lo tienen que montar así. ¿Mereció la carrera entre salas – que están a 8 pasos una de la otra-? Sin duda, si lo que te mola es hundirte en la pena, el bajonazo, la tragedia diaria y las dificultades. Quien pensó que iba a asistir a un homenaje potente, festivo, dinámico, de esos de la BBC a Poly Styrene, una precursora de muchas cosas en el punk británico, se equivocó.

La película, en la que forma parte activa la hija de Poly residente en Madrid. Es un obituario gigante, casi eclesial. Triste a rabiar. Con música triste. Palabras tristes. Planos tristes. Porque tiene que ser triste. “I am a Cliche”,una de las películas más tristes que ha proyectado en su historia el Dock Of The Bay, ahonda en la vida personal de aquella “rompe y rasga” de la new wave británica. Una luchadora que peleó contra el machismo de aquel antisistema que era bastante «prosistema» en eso. Una punk al cuadrado. Una autora que peleó contra el racismo. Y peleó contra sus propios demonios mentales.

La obra, que será completista para los muy metidos en su vida pero que al resto nos hundió en la miseria, reflejó sobre todo el difícil caminar por la vida de una autora que se topa con el éxito de repente, que quiere tener vida privada pero no lo consigue, que se pasea por el Nueva York durete del CBGB para volver asustada, que ve que el mundo se escapa de sus ideales, y que sufre un trastorno bipolar del que buscará relajarse de todas las maneras que se le ocurran.

La hija, presente en la proyección, está muy presente en el film, que es una visión personal sobre esa madre que tenía altos y bajos, esa luchadora y esa autora. A mí me dio palo quedarme al debate, solo me dio mucha pena ver “I Am A Cliche” y no podía más que querer abrazar a la sucesora. Y hoy en día no se puede.

La Concha de tu película

Ayer el Dock Of The Bay se puso local, formador, juguetón y machihembrado. Una Joint Venture entre chicos y chicas de La Escuela de cine Elias Querejeta y los grupos de las residencia de Kutxa Kultur, ambas dos ubicadas en Tabakalera, se unieron para crear una obra en común. La llamaron “Meet Me Deep Down In My Dream”, y se estrenó ayer en el Centro de Cultura donostiarra.

Los cineastas propusieron planos cercanos, letras sobre fondo negro, paseos por La Concha con los ojos de un turista – el resto ya no podemos ensoñar con algo que ya hemos visto millones de veces-. Los músicos, quienes tocaron en directo sus peripecias rodeados de mil cachivaches, hicieron de complemento sin sobresalir, destacando en esos fondos que suelen acompañar a la voz narrada y sentida. Unos y otros, juntos y juntas, entregaron un trabajo que dejaba en manos del espectador la asignación de un significado y que aunaba el enfoque de trabajo de fin de curso y la obra pequeña de corte onírico y amable. Que sale La Concha, hombre, que no hay nada menos punk que eso.