Un crucero terrorífico

“I used to be normal”. Yo solía ser normal. Lo dice una muchacha a sus 17 tacos, en un vídeo que recoge sus respuestas, expresiones y sensaciones ante el visionado de un DVD de One Direction. “I used to be normal” es también el título de un film que busca recoger el sentir, la particularidad y el sufrimiento de las fans acérrimas de las boybands. Estas formaciones modeladas para gustar, vender y triunfar que ahora han quedado algo relegadas por los programas de variedades musicales en formato concurso televisivo.

En esta película australiana se abordan varios de estos combos otrora archifamosos: The Beatles – el origen de todo-, One Direction, Take That y Backstreet Boys dirigen el hilo. Cada uno de ellos cuenta con las opiniones, peripecias, locuras y desmelene de una seguidora – femenina, no sale ningún chico- a la que el paso de los años o la disolución de los grupos no les han hecho olvidarles. Hay momentos para la sonrisa por cariño, otros para intentar comprender algo que la peli no acaba de explicar: Por qué se ama tanto a estos grupos prefabricados.

El montaje de planos es divertido, pero al final hay bastante drama: la chica de 19 años capada en su sueño musical por culpa de unos padres poco dados al arte. Y pavor: El crucero de BackStreet Boys da muchisimo miedo. Muchisimo. Uno sufre ante la integridad de esos cantantes, perseguidos por suelo y agua en una zona acotada. Lo que hay que hacer para ganar pasta, redios. Y sin perder nunca la sonrisa.

¡De película!

Hace un tiempo, al habla con un músico, me habló de su siguiente trabajo. El anterior había sido todo un éxito, y pululaba en el ambiente la posibilidad de que un por entonces renombrado productor francés se hiciera cargo de los nuevos temas. Socarrón, sencillo y directo, el músico me dijo “Mira, para desbararrar y cobrar un pastizal que me den a mí la pasta y listo”.

Algo así debieron pensar Novedades Carminha, Lois Patiño y Esteban y Manuel, los protagonistas de “O espiritu de Pucho Boedo” , cantante de Los Tamara recuperado por estos mequetrefes para hacer una versión de su “A Santiago Voy” con apoyo institucional. No quedaba claro el fin de realizar esta cover, pero viendo lo visto se intuía un cheque elegante que corriera con el finde.

La grabación es más o menos cronológica, y muestra al grupo fumando porros, grabando un bajo, tomando un whisky, metiendo unos bongos, fumando un porro, charlando sobre música y estilos, fumando un porro, grabando otros instrumentos. Y tomando un whisky.

Divierte el lado desenfadado de la grabación, el colegueo entre todos y la sensación artística de volar libre teniendo todo un finde para grabar un tema. Menos mal que llegan Esteban Y Manuel para levantarlo todo. La sola aparición del cantante, la grabación de cuatro voces y la sonrisa que deja durante todo el finde escuchar su autotuneado “de película”, la alegría que transmite, ya valen de por sí todo el metraje. Es una gamberrada, pero no está mal recordar que la música también es eso.

Menuda bixa!

Negra. De favela. Travesti. Marica. No se me ocurren capas mucho más castigadas de una sociedad como la brasileña, más ahora con el nuevo dictador al mando. Bixa Travesti (“travesti marica” en castellano) es la lucha, el orgullo y la valentía de Linn Da Quebrada, el torbellino protagonista de este largometraje sencillamente impresionante: el montaje, la sencillez directa de las declaraciones, el costumbrismo peleón de sus personas, y los temazos, repito, TEMAZOS de Quebrada en las distintas actuaciones que recogen los 90 minutos brillantes de este film.

Una obra con momentos heladores (la primera imagen del hospital), orgullosos, divertidos, francos, peleones. De una dulzura que hiere. De una defensa orgullosa de su identidad, de ese mini espacio que se ha creado y con el que va a conquistar el mundo. Sin una voz más alta que la otra, sin una lágrima en pantalla. Con la cercanía y complicidad de una radiofónica voz nocturna, Quebrada consigue dejar en “pelea de patio” los puntos de vista similares que puede haber por nuestras tierras en estos colectivos o secciones de nuestra sociedad.

Os veo, os intuyo. Poniendo ojos de compasión, de película de ONG, de gente que necesita/pide abracitos, de la paz mundial y su santa estampa. Forget it. Lejos del “buenrollismo” o de la violencia directa que nace en el enfado, el metraje muestra una lucha que contagia, que anima y que defiende la creación de un mundo propio hasta ese momento inexistente. Y su defensa y expansión, en este caso gracias al verbo de unas letras francas que no tienen parentesco en nuestro idioma. Quebrada consigue un mensaje que aúpa a las travestis maricas, y a cualquiera que se sienta solo en esta sociedad tan poco hospitalaria con lo que escapa de la norma. Sin duda alguna, la mejor película que ha emitido el dock of the bay hasta la fecha.

Isla de perros | sorrep ed alsi

La última de Wes Anderson va de perretes y es de animación. No de la de bailar en alegre biribilketa al son de la triki. De animación de hacer a mano cada movimiento del moñeco que hace de perro, o de humano, o de pulga. Rollo moderno, pero parecido a Wallace y Gromit, que para algo hay gente londinense que ha trabajado para ambos. Está mejor hecho que el “Fantástico mr fox” del mismo autor, eso también hay que decirlo.

Es una fábula sobre los animalicos caseros que (joder qué pasote la simetría de este plano) se ubica en Japón, lo cual hace bueno hasta un anuncio de fregonas calvas. Tiene sus puntazos andersonianos, como los haikus y frases sueltas que (joder qué pasote la simetría de este plano) sueltan aquí y allá. Que tampoco es Dreyer, ni se le espera. Ni tampoco es Zhang Yimou, aunque aquí vuelen cosas también.

Es una maravilla lo de los rumores, los flashbacks, el tránsito y algunos pasajes. Y todo lo que tiene que ver con ese país asiático tan maravilloso y loco. El tío la ha hecho en japonés, y traduce lo que le apetece, que eso siempre está bien. Pero igual pierde gancho según pasa el minutaje. O se haga algo larga. Aunque… qué pasote la simetría de este plano.

Hay un Juan C Orihuela en la producción que estaría bien entrevistar para algún medio potente. Y la música es una fantasía, tanto si suenan taikos como si se escucha ese pegadizo I Wont hurt you tan velvetiano.

Me dieron pena los niños presentes en la sesión. Que haya dibujillos no significa que (joder qué pasote la simetría de este plano) sea para ellos. Algo que parecía claro desde Beavis & Butthead. Lloro pensando en su emisión en TV, con los planos cortados cual porción pizzera. Aunque si algunos ya escuchan canciones en el móvil y no pasa nada, pues como para preocuparse por esto.

“Black is Black”: ¡Vaya montaje!

Qué gozo y disfrute ayer con el visionado de “Black is black”, la película sobre Los Bravos que ayer proyectó el Dock Of The Bay, Un placer de varios niveles, algunos de los cuales explicaremos ahora…

Es una perfecta tarjeta de visita para quienes no tengan todo sus single “no-repro”. A veces los films están hechos por fans, y escarban sobre suelos que la mayoría ni ha oteado. Este de Los Bravos es como un “Juegos Reunidos”, apto para gente de 9 a 99.

Es un film raudo, montado con arte, lleno de píldoras breves, con opiniones variadas que en ocasiones tienden a la puya sutil entre antiguos socios. Así, a las opiniones del “Jefe de Estado” Diego Manrique, Julio Ruíz o los creadores de “El Gran Musical” se suman la de otros implicados en el jaleo: El letrista, músicos coetáneos, familiares de ejecutantes y los propios intérpretes. A destacar el pasota/relajado devenir vital del bajista, a quien se debería premiar en este Festival como “personaje de la edición 2018”, ya sea en solitario o ex-aqueo. Una pena que Augusto Algueró no pueda piar ya el pobre, porque sale en la firma musical de todos los grandes temas bravos. Esa lujosa generación de compositores bien que merecería otro film…

Ese triste momento dedicado a Los Bravos que murieron es lo único que nos impide calificar a esta película como “comedia biopic musical” por las virtudes de ese montaje antes dispuestas y las opiniones recogidas. El suicido del teclista (y la macabra solución ideada por el manager) y el fallecimiento del guitarrista, necesarios de contar, templan un metraje lanzado a la sonrisa jovial.

El film permite acercar al gran público el funcionamiento habitual de los grupos de éxito. No es nada raro – ni siquiera hoy en día- que músicos de estudio graben tus deberes de estudio bajo el lema “Time is money”. O aquel funcionamiento de la época de grabar las canciones con distintos grupos a ver cuál es el que pita y montarles películas para lucimiento personal. Porque Los Bravos, ante todo, y como casi todos, fueron más intérpretes que creadores. Y qué decir del férreo trabajo de marcaje del productor Alain Milhaud, quien ya avanzaba en aquellos años los famosos “contratos 360”.

Tiene su punto recordar que el sello Columbia fuera donostiarra. La casa que editó a Los Bravos, sí, y a Julio Iglesias o Luis Mariano, tenía su sede y fábrica en nuestra ciudad. Echar un vistazo a Discogs hiela el alma.