Isla de perros | sorrep ed alsi

La última de Wes Anderson va de perretes y es de animación. No de la de bailar en alegre biribilketa al son de la triki. De animación de hacer a mano cada movimiento del moñeco que hace de perro, o de humano, o de pulga. Rollo moderno, pero parecido a Wallace y Gromit, que para algo hay gente londinense que ha trabajado para ambos. Está mejor hecho que el “Fantástico mr fox” del mismo autor, eso también hay que decirlo.

Es una fábula sobre los animalicos caseros que (joder qué pasote la simetría de este plano) se ubica en Japón, lo cual hace bueno hasta un anuncio de fregonas calvas. Tiene sus puntazos andersonianos, como los haikus y frases sueltas que (joder qué pasote la simetría de este plano) sueltan aquí y allá. Que tampoco es Dreyer, ni se le espera. Ni tampoco es Zhang Yimou, aunque aquí vuelen cosas también.

Es una maravilla lo de los rumores, los flashbacks, el tránsito y algunos pasajes. Y todo lo que tiene que ver con ese país asiático tan maravilloso y loco. El tío la ha hecho en japonés, y traduce lo que le apetece, que eso siempre está bien. Pero igual pierde gancho según pasa el minutaje. O se haga algo larga. Aunque… qué pasote la simetría de este plano.

Hay un Juan C Orihuela en la producción que estaría bien entrevistar para algún medio potente. Y la música es una fantasía, tanto si suenan taikos como si se escucha ese pegadizo I Wont hurt you tan velvetiano.

Me dieron pena los niños presentes en la sesión. Que haya dibujillos no significa que (joder qué pasote la simetría de este plano) sea para ellos. Algo que parecía claro desde Beavis & Butthead. Lloro pensando en su emisión en TV, con los planos cortados cual porción pizzera. Aunque si algunos ya escuchan canciones en el móvil y no pasa nada, pues como para preocuparse por esto.

Un día de perros (incluye galería de fotos de Flickr)

DSC_0484 copy

Olviden el síndrome del nido vacío y sus ejemplos jubilados, con la señora besando al caniche y el señor arrastrando al chihuahua de txikiteo. No recuperen la carpeta del “Agility”, porque de eso verán poco entre los humanos participantes.

Las Exposiciones Caninas son otro mundo muy nuestro. una filia digna de los sótanos austriacos que incluye correas de cuello, lacas especiales y peinados de gran perifollo.

Ficoba se dividió en 3 grandes naves para que los canes y sus dueños pasaran las pruebas de trote, pose, dientes y pintas, en una suerte de “Bataplan a las 06:00 am” con gran predicamento, este también, al otro lado de la Isla del Faisán.

Unos y otros acarrean con grandes jaulas, peines especiales, mesas de ducha y peinado, mantas acolchadas y esas mesas de picnic tan propias de los encantes franceses. Allá echan sus horas los de dos patas, orgullosos de sus ejemplares, mientras los de cuatro se mantienen amaestrados de principio a fin, tan entrenados para estos fines que uno llega a dudar que correteen por la calle en horas de ocio. Hasta posan cual “Little Miss Sunshine” cuando sus dueños así se lo solicitan.

Viendo la cantidad de participantes parece un gran mercado que cuida hasta sus despedidas (hay un stand de un crematorio de chuchos) y a sus participantes con un mimo a veces cercano al de las camisas pardas. Apenas hay ladridos entre participantes, y las charlas que cazamos al vuelo destacaron el caratcer elitista de estos eventos, con gente hablando de cruces de linaje excelso y jueces internacionales de similar alcurnia. Hay seguidores de Cesar Millán haciendo populosas demostraciones con sus alumnos sobre las virtudes del amaestramiento. Y muchos humanos en formato “empresa de airbnb”, con más de uno y de dos ejemplares a concurso.

Jamás podré acusar de explotación a este tipo de eventos. Aunque la línea entre el cariño y la exclavitud a veces pueda parecer muy muy fina, no dudo del cuidado extremo de los dueños a estos seres especiales. Ni tampoco niego que lo hagan en la búsqueda de un premio y de una aceptación social.

Pero si me guío por mis instintos animales, solo puedo apuntar que entré encantado de comerme una hamburguesa o un cordero asado y salí con ganas de ir cortando correas para que los chuchos se escaparan del lugar en una nueva rebelión dálmata.

Galería completa de Flickr: Álbum “Un día de perros”

Betigazte-maniak

El DV recoge hoy la información de que la propuesta foral Gaztemaniak cambia de gestores. Tras media vida al frente del programa, Jose Joaquin Forcada “Forki” abandona su faro programador para pasar el testigo a la promotora privada Lady Red .

La nota hoy publicada tiene varias cuestiones destacables, así que vayamos por partes.

El “aumento de la edad media de los espectadores” (no tanto el “progresivo descenso de espectadores”) era algo palpable desde hace años, con las excepciones de los conciertos de rap/reggae y otros vapores negroides y urbanos. Y ahí es dónde sufría la etiqueta, porque otros espacios también sufren los rigores de esa abuelización asistencial.

No es cosa del programa, es cosa del uso cultural. ““«porque de lo que trata Gaztemaniak! es de fomentar el consumo de música entre los más jóvenes y nuestro público ronda de media los cuarenta años»[…]. Si hace diez años fueron algo más de 4.000 los espectadores, con una asistencia media de 267 personas por concierto, en 2012 fueron 2.152, y una media de 179 espectadores. En 2016, 1.333 personas asistieron“. Cualquier informe del Gobierno Vasco sobre el tema remarca el incremento asistencial en festivales y el ocaso paulatino de los espacios que ofertan actos musicales de un día.

“Gaztemaniak! intentará que al público de «entre catorce y veintitantos años se le despierte tanto interés por las propuestas que vuelvan a consumir y cojan el hábito de pagar, porque al final no es todo tirar de Spotify, Youtube o conciertos gratis”. Lo apuntaba Alber Vazquez en Twitter, y lo afirma cualquiera que no haya sido devorado por las drogas o sea un otaku: Esa gente no paga por asistir. Ir gratis es un derecho constitucional moderno, como el derecho a vivienda. Una gente que, cuando curra los fines de semana, se lleva 300 euros al mes

Y cuando paga – hablo en términos macroeconómicos populares- por asistir a actos de nuestra cultura viejuna – hablo de conciertos) lo hace para asistir a un espectáculo ya netamente comercial, que ha llegado a sus ojos por esas otras redes “gratuitas”. Que también puede ser un set youtuber, ojo, que en Reino Unido se montan en el O2 y a 40 libras el ticket. Porque padres y madres sufren los gustos de los hijos, que quieren ver a Dulceida pinchando por 20 euros, o a Miley Cyrus haciendo “txiribueltas” por apenas 90 machacantes.

¿Va a promocionar La Diputación Pública este tipo de proyectos mayoritarios? Gaztemaniak apoyaba lo distinto, lo especial, lo pequeño. Era ese “dinero perdido” en Cultura, un saco enriquecedor al que no habría que pedirle rendimientos económicos. G! Permitía “escuchar a grupos pertenecientes a corrientes artísticas ajenas a la oferta comercial. Propuestas minoritarias, atrevidas, diferentes y con cierto carácter experimental”. Buscando “ofrecer una programación cultural alternativa para la juventud.” Ahora quieren girarlo hacia el foco principal, hacerle un “Cámbiame” y tomar un horario prime time. Y esa es, en mi opinión, la mayor perdida del cambio de enfoque.

Tienen faena complicada los nuevos. Con un presupuesto de 70.000 euros anuales, 140.000 si los Ayuntamientos que hasta ahora han decidido no poner deciden aportar, no da para mucha vaina. “Es el mercado, amigo”. El trabajo que hizo Forki y sus buenas artes promotoras en los 90 ahora es muy complicado. Aunque seguía siendo la única manera de ver bandas pop-rock a precios irrisorios y con el ojo bastante actual (Kelley Stoltz, por ejemplo), “El rock es el nuevo jazz: algo para viejunos”.

Aunque para traca, esta: “sobre los grupos de referencia, «vamos a procurar que sea gente muy en la onda de chavales de catorce años, con discografía y un nivel potente». Es como pedir becarios con 7 años de experiencia. Además, los chavales de 14 años ven a Taburete o Morat. Los ven gratis en fiestas, o pagando el chojín padre. No existen esos grupos que cobren lo que piensa la Dipu y lleguen al gran público juvenil. Y desgraciadamente “la ciudad de los pintxos” o “la provincia donde se grabó Ocho Apellidos Vascos o Handiya” no vale como moneda de pago.

Ojo. El objetivo de The New Gaztemaniak «recuperar a ese público de entre los catorce y los veintitantos años» es loable a rabiar. Pero si empresas privadas como Nordika, Ginmusica o Dabadaba (y sus 300 conciertos al año) se las ven y se las desean para dar con la tecla, se me antoja realmente difícil que el sector público pueda correr más que quien se juega sus cuartos.

A veces la nueva idea también brinca alegre y achispada: “Incorporaremos alguna actividad alguna masterclass relacionada con el mundo de la producción musical o audiovisual”. Ahí Katapulta o Kutxa Kultur podrá ofrecer datos fidedignos sobre estas formaciones. Mi impresión personal es que los “viejóvenes” abundan en esos cursos y que los jóvenes son autosuficientes, siendo los mayores los que, con concursos de DJS, jugamos a darles una visibilidad promocional que no necesitan. Somos gente mayor que se dirige a los jóvenes pero sin los jóvenes.

Lo de “Y también intentaremos que participen youtubers» es el fuego artificial final masticando helado, el arbolito que plantamos en los proyectos de obras para que quede sano y verde y luego se convierte en pavimento puro y duro.

Sueño y deseo que Lady Red consiga todo esto y más, pero sería ir en contra de una realidad cultural asentada a nivel mundial. Les piden unicornios y arco iris sin que llueva. Desgraciadamente, el nuevo Gaztemaniak! tiene más pinta de “muerte dulce” de un proyecto que estaba a pocos meses de cumplir los 30 años. Ojalá me equivoque y nuestros nietos asistan en masa a…mira, otro unicornio!

El bukos por montera

Llenazo absoluto para ver el show “El mundo por montera” de Rodrigo Cuevas en Donostia dentro de la programación del Poltsiko Antzerkia municipal. Un programa que, al menos en este pase, hizo honor a su nombre y se metió a la gente en el bolsillo. La cuesta de Egia se enfiló esperando que abrieran la puerta del histórico bar para presenciar el segundo pase del autor astur, quien ya atestó la sala Altxerri la víspera.

Ya imaginábamos que habría gente al calor – literal, qué sofoco- del Bukowski donostiarra, pero aquello parecía el primer día de venta del Iphone X o las viejas hileras para hacerse con un ticket de un evento en un estadio. Algo que, sin mucho problema, bien podría hacer este agitador folklórico, El Prince de Vericiu.

Huelga decir que cuanto más coqueto y cercano sea el sitio más se disfrutará de Cuevas y sus brincos linguísticos despendolados. Ya le vimos en la terraza de Tabakalera merendándose con patatas el hierático aplaudir guipuzcoano cual chuletón de sidrería. Y le imaginamos triunfador en el escenario principal de las fiestas de Oviedo. ¿Mas por qué sale victorioso sea cual sea el campo, como una Lorena Álvarez de las tierras altas?

  • Porque reinventa la tradición. Esta frase, que queda siempre bien en las biografías y presentaciones de los eventos, se cumple en este caso. Emplea el cuplé para desmelenarse, canta cosas de los vaquerus con solo un pandero, muestra el suyo entre bailes imparables para recuperar una fábula. Y lo hace de idem, sampleando a Tino Casal, soltando un tecno o recuperando historias eternas de amores y desencuentros.
  • Porque el hombre derrocha humor en los temas y entre ellos. Inclasificable en el sentido de que es transgresor y educado, libre pero galán, ácido pero certero. No da puntada sin hilo el condenado, buscando las cosquillas de la gente, vacilando con arte y esmero y recuperando ideas -naturales, orgánicas, comunicacionales, amorosas- un poco olvidadas con un ingenio sin par. Defendiendo los morreos, las rondas (cantoras) y la vida calmada. Él, que es un guindilla social.
  • Porque se la sopla el idioma. Ahora que el bable/asturianu está tan manido por gente que no lo hila el autor se canta varios temas en dicho idioma sin que la gente deje de gozarlo. Afortunadamente los actos culturales más interesantes siguen lejos de las charlas de los políticos. Y qué decir de su tema en euskera, un hit absoluto mundial global supraterrenal justo y necesario.
  • Porque canta de manera espectacular. Que el encaje y la chanza no les impidan ver el bosque de tonos elevados y afinados que salen de la garganta de este gran cantante.
  • Porque aguanta los pases. El primero sorprende, y los siguientes confirman sin dejar de divertir. Teniendo la habilidad de cambiar frases y pareados de un día a otro. La única pega: quizás por el calor reinante, por ser domingo o por no estar nosotros de pingo, las dos horas se me hicieron un poco largas. Pero no duden que iremos a su siguiente cita. Nunca viene mal que le espabilen a uno entre risas y antiguas tradiciones modernizadas.

La ciudad que seguimos perdiendo

“A la salida, todos a llorar”, “Qué vergüenza, Ayuntamiento”. Las dos últimas firmas del libro de visitas de la exposición La ciudad que perdimos” puede que sinteticen bien la sensación de deforestación emocional que sienten los visitantes a la muestra, una entente entre la Bienal de Arquitectura -que parece haber venido para quedarse a la ciudad- y Áncora, la asociación para la conservación del patrimonio cultural.

A grandes rasgos, el paseo por los paneles y fotos del “antes” y “después” recogen los edificios que, a partir de 1960, fueron pasto del desarrollismo, empujados por la pasta de los dueños – públicos y privados-  y constructores y una legislación que, tras la visita, parece siempre demasiado laxa. Nos invade, quien sabe si injustamente, la sensación de que en este campo el dinero consigue cosas que para los asalariados y artistas serían inviables.

“La ciudad que perdimos” divide sus 700 imágenes en varias secciones para recordarnos que somos como Marty McFly pero sin un final feliz tocando Johhny B Goode. Tras el vistazo general y los aciertos del Ensanche Cortazar, la guía centra su foco en los edificios demolidos en los distintos barrios de la ciudad. Una caminata de 90 minutos guiados que desata las pasiones y comentarios de los visitantes según sea el barrio de nacimiento de cada uno. No hay problema, en todos ellos hay cuestiones que hoy en día suenan a capitalismo salvaje.

Personalmente, y por motivos diversos, fue un doloso placer descubrir

  • Que la evangelización de los Jesuitas del barrio de Gros se produjo a golpe de desescombro.
  • Que los “L´hotel pàrticulier” que jalonaban el Paseo de la Concha nos podía haber convertido en una MegaSanJuanDeLuz. Y que el bloque que quedaba, ahora comprado por el hotel de Londres, va a elevarse hasta el infinito y más allá, por cielo y suelo. Ojo a los parkings, koxkeros, el nuevo boom cuando te limitan por arriba en Donostia. No olviden que cada hotel tiene derecho constitucional a contar con uno…
  • Que Villa Sobrino es un gran ejemplo de disparate político-hostelero. Y la Zona de Villas de Ondarreta, otro gran solar del que poco a poco, falta de protección mediante, van a ir cayendo manzanas desde 2009.
  • En la zona de firmas libres puede destacar la Torre de Rozanés, la cual, y cito de la expo, “Odón Elorza impuso su demolición sin contar con una propuesta definida para construir el Talent House”. Puede que fuera una buena idea o mala, pero hacer el derribo un domingo a la mañana bien puede inclinar ligeramente la balanza.
  • Que comparar lo que había, lo que pudo haber (Boquería) y lo que hay en el Mercado De San Martín es una forma como otra cualquiera de echarse a la bebida. Dejar hacer, dejar caer… es la teoría ladrillo-económica.
  • Que solo hay nueve portales protegidos en la urbe, lo cual parece poco freno para tirar una edificación completa.
  • Que Donostia podía haber sido, sin un levante más alto que el otro, una ciudad cuyas visitas vendrían por el lado elevado arquitectónico (a lo Burdeos, París o Berlín) y no por el rasante juego de Pintxos de la Parte Vieja, el único de los cascos antiguos vascos que no cuentan con una protección especial. Y así nos va.

Gracias desde aquí a Áncora, una entidad que aunque a veces parezca pasarse de frenada es la única que nos alerta de los posibles desmanes urbanísticos