El día que conocí a Saxoman

No vamos a descubrir al “Niño de Elche” a estas alturas del cuento. Paco Contreras Molina nació flamenco y ha ido creciendo abierto, experimental, juguetón y feliz, como bien explica en “Niños somos todos”, el film que ayer proyecto el festival Dock Of the Bay. Una obra que recoge el paseo del autor por Bolivia y los encuentros con gente de distinto pelaje, casi siempre despeinado para nuestros ojos.

El gran Mikel Zumeta la presentaba en la sala como una “road movie”, y lo pudo ser porque el autor busca moverse interna y externamente. La voz en off del propio autor ilicitano confirma, entre otras breves explicaciones biográficas, que estos viajes deben ser experiencias que devuelven un ser distinto.

Es complicado saber hasta qué punto ha cambiado, partiendo de un arranque o estadio tan experimental y plural. Pero tiene que ser una sensación vital grabar con Saxoman, el personaje más potente con el que se encuentra en el periplo. Su canción mientras un músico sube a poner unas velas en una lápida es un temazo que se divide entre la carcajada y la creatividad, y el tema sideral, extraterrestre, lisérgico y hasta heavy grabado a medias con “El Niño del ché” (así lo llama en este absolutamente prodigioso making of paralelo) destaca la idea principal de esta gira: Hay que llegar a los sitios, y adentrarse en ellos hasta donde se pueda.

A diferencia del docu sobre Pj Harvey, donde la inglesa tomaba una actitud pasiva en sus viajes, Contreras busca, pregunta, salsea, se cuela, lanza, propone, experimenta -no solo vocalmente- “porque el niño juega, experimenta, crea sin objetivo, sin concepción del tiempo”, como afirma la voz no presente de la película

Siempre con el sonido, la música y su ausencia como elementos principales, “El Niño” visita a unos nanonitas (como los de Ulia, para los donostiarras) de los que busca sacar de donde no hay – hasta que llega la noche-, se une a un coro infantil en una iglesia, pica de las músicas tradicionales, graba la espectacular actuación de un músico de hoja arbórea – sí, han leído bien-, tiene tiempo para acordarse de un autor vasco de manera muy acertada (mejor no detallarlo por si aterrizas a este blog buscando info sobre la película que quieres ver) y visita a un extraño compositor primo hermano de Luis Pinto. Niños seremos todos, Paco, pero como tú hay pocos

Una película con música


Ayer el Dock proyectaba “A bright light – Karen and the process”, película que pivotaba sobre la figura de Karen Dalton, autora de los años 60 y 70 que no tuvo el éxito esperado y que ha recibido algunos pequeños subidones de popularidad con motivo de las reediciones de sus discos.

La obra, de la suiza Emmanuelle Antille, se basa en la búsqueda «fan» de la europea de los puntos, pasos, rasgados e hitos geográficos de la cantora norteamericana. Pensada como una pequeña road movie artística y afrancesada que no llega al «arte y ensayo», la realizadora y sus amigas pisan Colorado, Nueva York, Baltimore y Woodstock indagando en los sitios que pisó, el aire que respiró, las casas en las que habitó y los amigos que frecuentó.

El film suple las carencias con mucho arte. Ante la ausencia de vídeos y fotos de Karen Dalton, la realizadora echa mano de trucos (grabar en super 8 y llevar así al pasado imágenes de hoy) huyendo de los tópicos parlanchines para hacer una película no musical. Hay bustos que elogian, pero queriendo romper la seriedad de las declaraciones ampulosas. Hay música de Dalton, pero versioneada, crujida por el tiempo, como parte de la ensoñación de un guión que consigue mostrar todas las versiones encontradas posibles sobre la historia de la cantante y guitarrista.

En la posible explicación de su falta de éxito unos hablan de su adicción, para otros fue relevante su temor al escenario, para estos su feminidad fue el freno y para aquellos el cuidado de sus hijos fue lo que le impidió ascender en el mundo musical. En una vida muy similar a Judee Sill en este sentido, podemos decir que en algunos de esos círculos secantes estará la verdad, aunque tampoco parece tan relevante para que el coche siga en la carretera

Integrada en la categoría “Lo que importa es el camino”, “A bright Light” son diálogos, descubrimientos, búsquedas e inspiraciones. Está fenomenal que el grupo de viaje dibuje, escriba o cosa elementos creativos bajo el influjo del paseo por Norteamerica al calor de Karen Dalton. En un devenir que consigue ir dándote los datos poco a poco, permitiéndote conocer en pequeñas dosis la historia vital de la heroína (sí, en ese sentido) Dalton. Hasta la mitad del metraje no sabes de su enganche, y hasta el final no te enseña cómo murió. Buscando, quien sabe, que su paseo vital sea el de la directora y el nuestro.

Turismo de escombros y energía

Primer billetaje agotado en el Dock Of The Bay a cargo del film de Pj Harvey “A Dog Called Money”. Película que recoge la grabación de su undécimo disco “The Hope Six Demolition Project“ y los viajes que hizo para inspirarse a lo largo de zonas desfavorecidas del mundo.

Polly Jean, a quien mi abuela le pondría un plato de alubias nada más verla, pasea por Kabul, se pierde por los guettos de Washington, disfruta de las fiestas en Kosovo mientras el film lo une con la grabación de las letras inspiradas en esas visitas en un estudio semi abierto al público. La obra, que peca de repetitiva en su esquema, es un disfrute en el voyeurismo de estudio, en la posibilidad de ver de dónde vienen las líricas, en la maravillosa creatividad de unos músicos multiinstrumentistas, de unos sonidos pesados dignos de Tom Waits, en unos cantos espectaculares que superan hasta la prueba de quitarle el sonido de fondo.

Harvey tiene la elegancia de visitar sin querer cambiarlo todo (¿Eh, MIA?), sus notas sobre el terreno son los pasitos que llevan al disco con distancia y reivindicación sutil, de turista con conciencia pero turista al fin y al cabo. Al film se le va el minutaje, con 90 minutos que parecían buscar retratar el album entero cuando con hacerse un EP fílmico hubiera sido todo más gozoso.

En la segunda sesión del lunes – que coincidía con la proyección de otro film del festival, que se contraprograma estos primeros días- nos sentamos para ver el discurrir de las matinees del CGBG, aquellas sesiones de New York Hardcore de chavales de 12-14 años que luego más tarde tendrían más relevancia a lo largo del mundo: Gorilla Biscuits, Youth Of Today, Agnostic Front yotros combros de potente y alegre desafinar gritón

Se pasa de autocomplaciente el film, que cae en el pecado habitual de estos retratos: la verbalización de que sus propios autores hicieron algo básico en el devenir de la música. Los entonces amantes del pogo ahora salen con barbours, en una imagen que siempre me choca. Aunque no se si tanto como sería el verles aún en pantalón corto y camisetas SKA.

El CBGB es el mayor tugurio jamás retratado en un film sin una bola de derrumbe al acecho, haciendo que nuestros gaztetxes fueran hoteles de Doha a su lado. Lo cual me lleva a la mejor idea que pude sacar de esta -también larga- obra de Giangiacomo De Stefano: Para hacer cultura, para que nazca una escena, la zona debe ser pobre a rabiar, algo que sería fácil enlazar con los parajes retratados en el film de PJ Harvey.

En NY el Hardcore se fundó con alquileres tirados, llena de peligros que impedían el incremento de los precios y gente desarraigada y joven con mucho tiempo libre que hace grupos y fanzines nuevos cada semana. Los 4 minutos sobre el tema de la gentrificación que se ubican casi al final del metraje demuestran que en nuestro día a día será imposible que salga algo nuevo y refrescante solamente por esa cuestión.

AMA anuncia nuevo disco para el 2020

ama

Lo que era un rumor en la ciudad comienza a confirmarse. La banda donostiarra compuesta por los hermanos Javier y Borja Sanchez prepara el lanzamiento de su nuevo álbum. Un disco que se alejará de los cánones pop habituales del pop donostiarra para adentrarse en terrenos más contundentes. Así nos lo confirman desde el cuartel general de la banda. “Hemos sentido la necesidad de recuperar los orígenes contestatarios de nuestra urbe. Muchos nos acusan de capital burguesa y cara, que si pintxitos, que si la bahía. Algo con lo que nosotros hemos cargado en nuestra mochila sin realmente serlo. Ya sabéis, el Donosti pop, las bicicletas, los cafés, los paseos. Ni que fuéramos Kilian Jornet… Pero siempre ha habido un movimiento que luchaba contra esa clase media-alta y nos hemos sentido parte de ella. Ha llegado el momento de sacar la cabeza”.

Para ello, han desempolvado sus discos de los Ramones (“En casa los ponemos sin parar, como los de los Stooges. Pero no podemos decirlo por aquello del “qué dirán”. Ya nos hemos cansado. Salimos del armario del indie”), una banda a la que homenajean en la portada del nuevo CD- atentos a las letras usadas para el nombre del grupo- . “Hemos querido fusionar nuestro antiguo amor por Postcard con la sencillez impactante de los neoyoquinos en su Rocket To Russia.”.

No son los únicos nombres que ahora salen a la palestra. Como bien demuestra la carátula que hoy estrenamos, otra de sus nuevas inspiraciones viene de “Sanchis y Jocano”, el dueto donostiarra que hizo “La crónica de San Sebastián”. “Nos encantan”, afirman desde el cuartel general amatorio. “Nos gustan tanto que habíamos pensado cambiar el nombre del grupo ahora, con el nuevo enfoque, y llamarnos Sanchéz y Jocano. Además quisimos sacarnos la foto en la calle de nuestro familiar Sánchez Toca. Una frase para confirmar que vamos a pasar de arpegios y cuerditas para pillar la púa, la guitarra de flecha y el pedal de distorsión”.

El combo anuncia que para ganar en nervio y músculo, y siguiendo en ejemplo de Bullet Proof Lovers, su formación se completará en directo con nombres ilustres de la escena rock donostiarra. Por de pronto ya se encuentran ensayando en los locales de NCC y Discípulos de Dionisos, lo cual les ha inspirado en las adaptaciones de las viejas tonadas. “Por ejemplo, “tierra y sol” será ahora “tierra y rock”, y “los turbulentos” irá por el lado Burning”. Aunque no han querido confirmarlo, se rumorea que la masterización ha corrido a cargo de Ross Robinson (KoЯn, Limp Bizkit, Deftones, Slipknot).

El nuevo trabajo verá la luz a mediados del 2020 (“queremos llegar justo para el Viña Rock, que será nuestro gran estreno”) de la mano del sello de Mariskal Rock. El disco llegará precedido de dos singles aún sin título y se estrenará en exclusiva en la web Ruta 66.

La mejor banda del mundo (a tiempo parcial)

Desde Diciembre de 2008 llevaba sin ver a Lisabö en directo. Aquel concierto de la irundarra Sala Tunk fue la última de las paradas de un viaje que comenzó en la sala Mogambo allá por los primeros 2000: recuerdo que al acabar aquel concierto dejé de lado las buenas palabras habituales y a la pregunta de “¿Qué te ha parecido el concierto?” respondí, casi temblando, “me ha acojonado de miedo”.

Ahora tocaba volver al terror. En plaza anexa, Mosku/Irún. La segunda casa de estos fronterizos. Quizás por eso cuando ayer Karlos Osinaga daba las gracias a su gente, a su barrio, al sitio por donde han trasnochado toda la vida hiciera malo o bueno, uno las entendía de puro corazón. Yo estaba nervioso, como cuando esperas una ola muy grande después de haber sacado la cabeza del agua. No es habitual esa sensación tras casi más de 800 conciertos a mis espaldas. Pero se agradece como el primer día.

Lisabö tiene un arte al alcance de muy pocos. Tensan, gritan, golpean, aturden, violentan y despiertan. Su labor no es emperifollarse sino demostrar que la creatividad no se enmohece con los años. Consiguen que quieras más volumen siempre, que sueñes con abrazar el bafle. Sus golpes y contrastes son unas vitaminas extra para tu caminar cada día más cansado. En Irun lo volvieron a demostrar, sobre todo cuando la formación alcanzaba la forma de dos tríos, con la guitarra, bajo y batería repetidos. “Es cosa de frecuencias”, me dijo un compañero de evento. Y sin poder entrarle al detalle, me respondí mentalmente que sí.

Porque ellos activan partes del cuerpo dormidas. Ellos inspiran, te hacen vibrar, te dan envidia por cuestiones creativas, te hacen replantearte cosas aunque estés en las antípodas sonoras. Ellos saben convivir con las explosiones de energía, la poesía del grito, la belleza del estallido. Y nos ofrecen el resultado en la palma de la mano para que las saboreemos. Lisabö nos hace soñar con las posibilidades de un grupo (queda demostrado que son la mejor banda del mundo a tiempo parcial), con la independencia en las decisiones y publicaciones, con la creatividad elaborada y cabreada – quizás por eso cuando cantó Eneko BAP ayer la cosa bajo algo de intensidad. Por el simple hecho de cantar-.

Volví a salir del concierto acojonado, aterrorizado. Pero ahora en el cuerpo de un niño tras el túnel del terror, repleto de satisfacción. Con ganas, y esto es nuevo, de ponerme un disco suyo en casa. Más allá del pavor sonoro es el momento de disfrutarles en la rabia bajo techo. Y a esperar que no pasen once años para volver a encontrarnos.