Cuestión de amor

O se tiene, o no se tiene. El amor es así de perro. Poco vale que las bases sean tan gloriosas como el “Loveless” y el “Forever Changes”, distintas formas musicales de ver el amor ediatdas por 33 1/3. Apenas importa que la modelo esté buena si luego cuando habla le quieres grapar la boca, no?.

En esta visita literaria al amor hay una bien atractiva y otra algo menos. La que gana, la que nos llama al ojo, es el despiece personal del loveless de My Bloody Valentine. Un disco escrito por un fan de base (relativamente, que todos sus colegas y drugbuddys acabaron en sellos molones de EEUU).

Los lectores norteamericanos le han dado palos por razones que a nosotros nos enganchan. Con un inglés bastante llano y claro, el libro está lleno de visiones particulares, las de todos nosotros, y grandes explicaciones de Kevin Shields sobre el proceso de grabación (brutal el tema de las guitarras, como bien supondréis), el paseo por los estudios, el uso del sampler en casi todas las muestras sonoras, y esa chorrada denominada rango dinámico y porque las cosas se hacen así y no asau.

Leyendo el libro pensé que Brian Wilson y Kevin Shields tenían muchos puntos en común. Más allá del uso de la caja de arena, que en el caso de Shields sería directamente para meterle un micro y pillar por ahí el sonido de dos amplis de hace 70 años con un mucho de overdub.

El de los Love también es super interesante, sobre todo si te saltas todos los párrafos dedicados a relacionar el disco con obras underground que no has visto, autores malditos que no conoces, pasajes del más absoluto de los alternativismos y momentos históricos que, a simple vista, no consigues que casen con la obra maestra del disco de los de LA.

Si te quedas con lo directamente relacionado con la obra de Arthur Lee, Echols y el resto, el texto se te queda en 3 párrafos sueltos, con lo que no puede superar el glorioso peliculón de ”Love History”. Es lo que tiene darle el encargo al editor de la revista más snob de Brooklyn, más aún que Cajún Zideco Indie Sounds.

Solecito, birra, papas de bolsa, librillo,…

y Je Suis Animal. Eso es a lo que me voy a dedicar los próximos días.

Los “animals” son las únicas Noruegas a las que podemos meter mano a estas alturas del cuento 😀 , y me han despertado las ganas de hacer un grupete Twee ultra estricto (“Je suis” son demasiado variadas y hasta comerciales) .

Pensando en llevarme la guitarra a mi retiro vacacional…

Siempre atento al debut de Cocoanut Groove , grupo unipersonal de Olov Antonsson. Su “The end of the summer on Bookbinder Road” es la mezcla perfecta del pop barroco no obligatoriamente soplado, The Clientele, los 60, The Last Shadow Puppets y los Belle and Sebastian del “Waiting for the Moon to rise” y las trompetillas Love (Arthur Lee, no yo). El resto de su myspace no desmerece un maldito pelo

Diferentes formas de amar a los Love

La versión: La selección de canciones ajenas que una banda recopila para su repertorio habla de sus gustos. Temas que intentan hablar de la música que te inspira, no de la que realmente haces. Si ambas llegan al mismo punto podemos hablar de robo.

A todos nos gusta y nos sorprende que en un concierto toquen una canción de los Love, y eso le suma un puntito siempre a la valoración final aunque los intérpretes sean los músicos que animan la fiesta de fin de curso.

La Inspiración: Significa integrar la estructura o la progresión de acordes de una canción añeja en la idiosincrasia propia, haciendo que en tu mente salte un resorte que te chive eso de “leches, si parece una de los love, mira, fijate“. Es muy complicado de hacer bien. Pero los hay que lo consiguen.

Y los hay que no, convirtiendo inspiración en hurto grosero para consumo de gentes poco instruídas (ejemplo de otro estilo)

La mención: Peligroso mundo. No hay más que ver el “Marquee moon” de Amaral, una referencia que si hubieramos cambiado por “Can I Play With Madness” el mundo hubiera girado casi igual.

No se si por cariño, amateurismo, inmediatez o frescura inicial, el “Bar-Comedor” de La Buena Vida (gracias New Noise por el mp3)  no entra en esa categoría. Aunque se siga haciendo dificil imaginar la estampa playera sonora que los de Donostia cantan con un audio sicodélico, la cosa hace tilín.

Conjunto estilístico: Es el más subjetivo de todos. Sucede cuando escuchamos una formación actual y la encuadramos dentro de la gran etiqueta que englobaba los temas de los Love, que bien podía ser la denominada “folk sicodélico”.

Como para unos la tierra es redonda y para otros oblonga, no habrá una ley universal que nos guie y nos diga si el parentesco es correcto o no, dejando al gusto del oyente las posibles conexiones y similitudes entre ambos sonidos.