Cuestión de amor

O se tiene, o no se tiene. El amor es así de perro. Poco vale que las bases sean tan gloriosas como el “Loveless” y el “Forever Changes”, distintas formas musicales de ver el amor ediatdas por 33 1/3. Apenas importa que la modelo esté buena si luego cuando habla le quieres grapar la boca, no?.

En esta visita literaria al amor hay una bien atractiva y otra algo menos. La que gana, la que nos llama al ojo, es el despiece personal del loveless de My Bloody Valentine. Un disco escrito por un fan de base (relativamente, que todos sus colegas y drugbuddys acabaron en sellos molones de EEUU).

Los lectores norteamericanos le han dado palos por razones que a nosotros nos enganchan. Con un inglés bastante llano y claro, el libro está lleno de visiones particulares, las de todos nosotros, y grandes explicaciones de Kevin Shields sobre el proceso de grabación (brutal el tema de las guitarras, como bien supondréis), el paseo por los estudios, el uso del sampler en casi todas las muestras sonoras, y esa chorrada denominada rango dinámico y porque las cosas se hacen así y no asau.

Leyendo el libro pensé que Brian Wilson y Kevin Shields tenían muchos puntos en común. Más allá del uso de la caja de arena, que en el caso de Shields sería directamente para meterle un micro y pillar por ahí el sonido de dos amplis de hace 70 años con un mucho de overdub.

El de los Love también es super interesante, sobre todo si te saltas todos los párrafos dedicados a relacionar el disco con obras underground que no has visto, autores malditos que no conoces, pasajes del más absoluto de los alternativismos y momentos históricos que, a simple vista, no consigues que casen con la obra maestra del disco de los de LA.

Si te quedas con lo directamente relacionado con la obra de Arthur Lee, Echols y el resto, el texto se te queda en 3 párrafos sueltos, con lo que no puede superar el glorioso peliculón de ”Love History”. Es lo que tiene darle el encargo al editor de la revista más snob de Brooklyn, más aún que Cajún Zideco Indie Sounds.

My Bloody Valentine. Saturday Night Fiber. Madrid. 19 Julio 2008. Una semana (toda una vida) en el motor de una turbina

Photo by John Lewis

Con solo una mirada (para la rentree de “You Made me realise”), con solo una palabra (en todo el concierto, “Thanks”), me puedes aliviar, me puedes destruir, me puedes convencer“. Las palabras de Marta Sanchez y sus Ole Ole nos sirven para intentar explicar la belleza sonora de My Bloody Valentine en su concierto madrileño.

Si Morrissey se hizo persona para completar de sentido nuestros primeros años musicales, el siguiente paso debía dibujar los pasos posteriores. MBV ha llenado tantos momentos en nuestra vida que teníamos que ponerle fondo y forma. Únicos términos posibles para dibujar los estallidos sónicos de la banda inglesa.

Claro que también le pusimos lágrimas. Muchas. “To Here Knows when”, “Soon”, “When You Sleep” (el que no llore escuchando un “Sometimes” que no suena en la gira es que es un espantapájaros del Mago de Oz recauchutado en cyborg asesino de menores). Enrabietándonos con la dulcemente descorazonadora”Only Shallow” o su prima brutal “Feed Me With your Kiss”…

A veces pienso que lo nuestro es algún ejemplo de sadismo. Que disfrutamos con el dolor y las desviaciones sin contacto físico necesario. Esto debe ser una filia estudiada, seguro. Un filia estupenda, por cierto.

Acongojados, sin poder decir nada. Así estábamos en el foso madrileño, cerrando los ojos y dejándonos llevar. Mirando al frente para no perdernos nada. Perdiendo la mirada en las proyecciones. Viendo parte de los 7 amplificadores que viajaban tras Kevin Shields. Comentando si la única finalidad del batería (parapetado como el de Blondie) era la de marcarle al resto el final de las vueltas con redobles.

Confirmando que la voz en directo se escuchaba perfectamente (llevamos toda la vida intuyéndola en los discos). Aplaudiendo sin rubor la selección de temas. Esperando al siguiente mirándonos a los ojos como dos jóvenes enamorados en la playa.

Alucinando con el incomprensible y horrible fallo de coordinación sonora de uno de ellos. Dudando hasta dónde llegan los pregrabados de los chicos y chica. Disfrutando de la perfecta creación/recreación (nunca imaginamos que un disco con tantas capas pudiera ser tan fide-dígnamente resuelto en vivo) y la potencia sonora de un acto escénico que siempre buscó los topes posibles para ser un evento al aire libre. Rezando para que el círculo se cierre y la siguiente cita de nuestra pasión se celebre entre cuatro paredes cuanto más cercanas mejor.

Suplicando para que nuestra alma deje el santoral y se entregue al diablo a cambio de vivir una semana en el motor del final de “Soon”, ela progresión acuosa e inerte de  “What you want” o  la turbina deYou Made Me Realise. Una zona, por cierto, cuya primera parte fue simplemente magistral y que la gente celebró y sintió como una sirena techno en la cima de un after pero que cayó, presa de los pedales, en extraños cortes en su zona media final. Como el avión que para el motor en pleno vuelo.

Un momento que demostró la magia de la banda. Sin marcas sonoras audibles, sin más señales que una mirada y porque nos la contaron, la banda volvió a la impresionante pegada del tema tras 15 minutos de torbellino ruidista.

Era en aquel momento de cierre cuando uno debía hacer uso de los tapones recomendados por la organización. Todo lo que sonara a partir de ese momento, todo lo que enturbiara nuestro éxtasis onanista, aquel orgasmo sentimental, aquella maravillosa alteración sensitiva, debe ser considerado contaminación acústica.  Siempre.