Lightships: “Electric Cables”

Hay amores que no pueden explicarse de manera razonable. El pan precocido. El chopped. Las patatas fritas de bolsa que venden en UK. Las teleseries españolas. Las mallas rotas. Las cajeras del DIA. En música, que de eso solemos hablar aquí, serían los guilty pleasures que sacan la sorpresa y la carcajada en algunos de tus contertulios.

Sin llegar a tanta culpabilidad pero sí idéntico o mayor placer, yo me apuntaría a The Pastels como primera opción por longevidad y defensa numantina personal – sin mayores esfuerzos. Si no te gustan, no tengo argumentos para convencerte-. Y ahora, siempre, Gerard Love. El cantante y bajista de Teenage Fanclub siempre ha destacado sobre el resto de compositores de dicha banda hasta alcanzar niveles personales de “Thor de la emoción musicada”.

Love presenta ahora “Electric Cables”, el debut de su proyecto en solitario – pero muy concurrido- Lightships. Una primera escucha rápida nos afianza en nuestras posiciones, a la espera de los furibundos. Gerardito canta como un rey, con ese tono cercano y cómodo, y musicalmente muestra que su inclusión como Hard Line Up de los Pastels en los últimos años no fue casualidad. Que no se dedicó a afinar los instrumentos, vamos.

Electric Cables tiene mucho de Pastels, entendido como trabajo de estudio, progresiones larguísimas de mil vueltas uniendo capas. Cosas que ensayando solo no haces ni de broma. Aquí todo suena más tranquilo que sus canciones más tranquilas para TFC, y algo más hippie y vitalista que cuando se une a Stephen y Katrina.

El arranque es muy Costa Oeste enamoradiza. Los temas ya presentados intuían ese paseo, con capas de voces solapadas y como elemento principal en muchas partes. Los nuevos bajan aún más el tempo hasta convertir las convenciones impuestas por Greenwich en una fiesta de Drum And Bass.

Hasta el cierre, con la adictiva y PRECIOSA “Sunlight To The Dawn”, hay espacio para todo: La línea de esos primeros singles, ahora extendida con obras como “Photoshyntesis”. El soul blanco de estribillos pop enormes de “Silver & Gold”, el folk velocidad Vashty Bunyan, ¡arreglos muy de Nick Drake!, paseos ya conocidos y no por ellos menos ilusionantes y repletos de feeling (“Streching out”)

El disco se puede escuchar en streaming en The Guardian

Guitarra flamenca morena….

¡Qué artistazo, madre mía! Jonathan Richman y su pétreo batería (en palabra de Yon Vidaur, “su abogado”) pusieron boca abajo el Teatro Lizardi de Zarauz con uno de los stageplans más sencillos jamás vistos. Virtudes de transmitir en escenario más que un jodido satélite de telecomunicaciones.

Richman iba alternando su guitarra española, un cascabel, un cowbell (¡more cowbell!) y sus bailes. Tommy, que así se llamaba el baterista, tocaba sobre dos bongos dignos de Tito Puente a modo de caja y base, con plato y chaston de aguda compañía.

Aunque para agudo, el antiguo cantante de Modern Lovers. Desde el minuto uno transmitiendo buen rollo, alegrando la sala, con temas geniales (el dedicado a Keith Richards, o a los desamores que nunca se pintaron tan jocosos) y otro no menos cachondos cantados en un buen castellano: El de la guitarra flamenca morena/rubia que da pie al título, por ejemplo.

Era imposible ocultar la sonrisa a cada baile, a cada estrofa, a cada parón para arrearle a los cascabeles,… Todo era pura honestidad, candidez, simpatía, ingenuidad. Alegría. Imposible no salir de aquel concierto pensando que no hay nada mejor en el mundo. Una maravilla, señor Richman. Hasta pronto.

Malas noticias

Ante la rápida venta de entradas que Berri Txarrak ha protagonizado en Donostia, agotando el taquillaje de su concierto del día 13 (¡Zorionak! Gran banda, normal que vuelen los papeles), San Miguel Donostikluba ha decidido montar otro concierto la víspera, el 12 de abril, para que todo aquel que quisiera asistir a su bolo en Donostia pudiera hacerlo.

Pero una cosa es volar los papeles y otra perderlos. Con todo el tiento del mundo, pero no creo que lo que Donostikluba ha decidido sea lo más adecuado para su propuesta. He aquí mis razones:

  • Berri Txarrak es una de las 3 bandas más importantes de Euskadi. Se bastan y se sobran para llenar Gasteszena. Si lo que quieren los promotores públicos es darse un sencillo baño de masas y números, me parece fantástico. Pero, ¿tiene entonces sentido montar una segunda fecha con ayuda del dinero público?
  • Entiendo un gasto en Donostikluba para que toquen Las Perras del Infierno, o Gose, o Rafa Rueda, o Txuma Murugarren, o Rafa Berrio, o Mursego, o Júpiter Jon, o ….. Gente de clase media, como decía Eskisabel. O menos. Autores que las pasan canutas para no perder pasta en sus desplazamientos. Pero…¿Los Berri?
  • El dinero público se podría entender para traer a la ciudad conciertos que difícilmente pisen nuestra tierra. Berri Txarrak no entra exactamente dentro de ese capítulo. Con gloriosas excepciones en Madrid, Barcelona y la verdadera Europa, tiene su nucleo principal de acción, desgraciadamente, solo en Euskadi. Es fácil verlos tocar, más o menos, por escenarios relevantes o festivales importantes de la zona. Su presencia no es, por tanto, complicada ni irrepetible.
  • ¿Se plantearía y montaría una segunda fecha si el grupo que llena la sala un par de semanas antes es, por ejemplo, Supersubmarina o Fuel Fandango?¿Los rectores de Donostikluba soltarían la choja al promotor para que siguiera adelante con la segunda data?
  • ¿Hay algo que se me escapa?

Una, grande y libre.

La foto es de Iturriveydile

Es una gozada disfrutar de las libertades musicales. Suele ser habitual en grupos pequeños, de una o dos personas. Poco conocidos (=poco obligados a seguir una línea estilística influídos por las ventas). Con ganas de divertirse y experimentar. El último ejemplo, anoche con Xiu Xiu.

Una gozada de concierto, oigan. Nada de rollos agobiantes tecno opresivos de sus discos. Una banda de rock de pintas angelinas. Como si Wavves tocaran temas de New Order. Es maravilloso disfrutar de estos giros, te encandilen o no. Que el grupo, la persona, se deje guiar por sus impulsos y busque siempre algo excitante en su siguiente gira. No digo que sea una escuela que todos deban seguir. Pero toparse de frente de vez en cuando con cosas así te rejuvenece, y te hace amar la música.

Luego está su rollo. Con esa pinta de tarados. Ni una palabra en todo el bolo. 3 frases cortas de despedida. Una hora y el que quiera bises que se vaya a un club de intercambio.

Les Enfants Terribles muy bien también. Un Half Our Act bien chulo, entre Chucho, New Order y la post movida madrileña. El ayer dúo tituló un tema “Avalancha” y salió vivo del envite