Zé PREMIKIN (Exile on Jareño St.) , el festi del Bukos en la sala Gasteszena

Razones para ir el 4 de abril a Gasteszena:

  • Que le peguen un guiño a un totem rockero, como el de su paréntesis. Estamos demasiado malacostumbrados a que las referencias sean a marcas comerciales.
  • Que lo monta el Bukos.
  • Que toquen grandes grupos de ROCK: Sex Museum, Cápsula, NCC, Surfin Kaos,…
  • Que haya txoko para otros interesantes bizarros: Jupiter Jon
  • ¡Que toquen LÜGER!
  • Que la fiesta esté asegurada con los DJs habituales y sabrosones del garito de la calle Egia: Makala y Budin.
  • Y que todo valga ocho euros. Ocho. Ocho. Lo pongo varias veces para que no parezca una errata.

@Marlon_Brandy, sobre «Canciones para un duelo sin espadas»

Cuanto más mayor más cínico soy y, paradójicamente, más me jode serlo. Recuerdo ser un post-adolescente algo más sensible abrazando con mucha impresión aquellos discos de desamor, “Blood on the tracks” de Dylan, “Too Much Love” de Harlan T. Bobo… Ahora ya casi nada me emociona, y si alguien me cuenta cosas muy íntimas me siento un personaje de novela victoriana y acabaré pensando que es una cosa de muy mal gusto.

Me siento bastante podrido cada vez que me descubro en este tipo de actitudes, pero ya me daba por caso perdido. Hasta que apareció Bassmatti por casa con su ordenador, con estas “Canciones para un duelo sin espadas”. Nos tocaba hacer de productores/mezcladores/consejeros, y a ello me dediqué, centrándome en lo musical y no tanto en lo lírico, debido a lo que citaba en el primer párrafo: ese pudor a saber más de lo que me gustaría, evitar compartir amarguras que ya bastante tengo con lo mío y el resto de actitudes que componen el cuadro clínico del 90% de nuestro entorno y al que me temo no soy ajeno. Pero entonces llegué a «Esta es la última canción que te hago en vida», una torch song de hervor Bassmatti que, aquí sí, me pilló desprevenido. Ya era tarde para recurrir al cinismo, ya no podía evitar empatizar con esa letra (si no lo has vivido lo vivirás, estimado lector), y con un pequeño nudo en el estómago decidí que era la mejor canción que jamás había hecho G. Bassmatti.

Esta es mi pequeña confesión, una prueba de que estas cinco canciones me ayudan a ser menos cínico. El disquito alberga otros muchos argumentos de peso, muchos de ellos musicales (el pop guitarrero a lo Pastels de «Ya No» es de libro, la brisa tranquila de «A quién le cuento yo ahora» me recuerda a cuando Josh Rouse molaba, y «Una señal de viva voz» tiene que estar hecha en plena duermevela, seguro) y otros que tienen que ver con el encanto de la renuncia a la ambición (tirada de 40 copias, todas distintas…), del que no puedo ser más fan, a la vez que me apena que esa renuncia dificulte que estas canciones las conozca todo el mundo.

Autor: Marlon Brandy

Escucha (y compra) el debut de Coach Station Reunion.

Ya está aquí el primer disco físico de Coach Station Reunion. Bajo este nombre se esconde, desde hace bastantes años ya, el proyecto más personal de Xavi Rosés (Fred i Son, The Epic Kind, Senderos…). Xavi no ha dejado nunca de componer y grabar en casa, pequeñas miniaturas de delicioso softpop, janglepop y todos los derivados que se le quiera añadir, que son muchos.

Su primer EP en vinilo y segunda referencia del sello contiene 5 canciones. Se recupera «A matter in time» de una demo EP anterior y «El que va dir», la canción más extraña del conjunto, un abrazo al legado musical de Ralf Hütter, Florian Schneider y Karl Bartos. Lo abren las 2 canciones más recientes de Xavi: «Lunch time´s at Six» y» I´ll find out tomorrow» las 2 perlas que Xavi a compuesto pensando en el Ep y que ocupan toda la cara E del disco. En nuestro EP la Cara A ha pasado a llamarte E y la B, la llamamos T. Emma y Teo.

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Damien Jurado: Como una ola

Seré breve. Aldarondo, y sobre todo, Juan G Andrés, fueron ya lo suficientemente certeros como para que yo pueda añadir algo novedoso. Pero el concierto de Damien Jurado no colmó las expectativas del respetable. Las mías no eran estratosféricas, pero ni por esas.

En orden de gustos, el mío quedó así: Damien con banda desbocada > Damien Solo > Damien con banda que toca lo justo para no perderse por el camino estajanovista y te meto un coro de regalo a 4 metros del micro

Resultó extraño el subidón que le pegó antes del primer bis, digno de Kurt Cobain en su concierto de La Casilla (aunque en su caso no era endógeno). Y me reí mucho con “Desde que salí de Seattle, en esta gira, he soñado con estar tocando en este lugar”…¿Qué lugar, Damien,eh? Qué lugar es? XD

No fue un mal acto, ojo. Solo que quizás el sitio y la banda hacían esperar más. Nada, sin problema, este fin de semana tenéis 5 conciertos con los que quitaros el mal sabor

Thee Brandy Hips: brindando por el pop donostiarra

Foto: El Humilde Fotero del Pánico

El pasado vienres había una cita ineludible en la agenda giputxi: El momento en el que Thee Brandy Hips iban a presentar su nuevo disco “Raincoat” ante la parroquia local. Lo ineludible del concierto no es una apreciación personal: Hubo sold-out para cuando el quinteto grosero subió a afinar sus cuerdas.

Antes Kokoshca (@uneteakokoshca) partieron la pana a su manera en el escenario egiatarra. Crudos, directos y heterogéneos a rabiar, sus actuaciones asombran a extraños y llenan de gozo a quienes ya les conocían. “La fuerza” sigue siendo un subidón, pero hay muchas otras canciones, a ratos salvajes y crudas, a ratos más garajeras, que merecen una gozosa atención.

Los Hips, chovinismos aparte, lo bordaron. Tras la cita del Madrid Popfest había cierta sensación de rabia. Sin ser aquel un mal concierto, no era exactamente lo que conocíamos de los donostiarras. Doctorados con vítores en grandes espacios (Velódromo, Jazzaldia), faltaba una cita en la que el buen sonido y el enfoque directo y popero pudieran mostrarse en plenitud. Y eso sucedió en Donostia.

No es sencillo pillarle el punto al Bukowski cuando la formación es amplia. Aunque todo esté bien dispuesto, siempre hay algo que acaba escondido entre tanto elementos sonoro. Por ello es mayor el mérito de los Brandys. Reverberando mucho una voz bonita y potente, aguda y solvente,que se emite con la boca a medio cerrar, guitarras, bajos y teclados sonaban como una unidad, respetando la propuesta unitaria. Solo a mitad de concierto, cuando el cantante pidió quitar la reverb y dejar la voz seca, la propuesta perdió un poco de toque y ganó en la formula de Clemente de «patapum y palante».

Pero el concepto fue perfecto. Canciones alegres y vivas (no es dificil, «raincoat» es un gran disco), 45 minutos largos, y un riesgo que acabó siendo un acierto: Tocar “shoegazing” -alias “el tema para ir a pedir”- con el arreón final, fue una pequeña muestra de elegancia y calidad ante un tema que podía haber tumbado el resto del setlist. Al acabar, aplaudir a rabiar no fue un detalle sino una obligación.