Donostikluba 2010-2011

Empezamos a recibir goteos de la nueva temporada de nuestro querido Donostikluba donostiarra. Una programación que ha sufrido algunos cambios a nivel interno que no deberían ser visibles para todos ustedes, señores espectadores.

  • San Miguel, patrón indie, va a patrocinar el circuito donostiarra. La fiesta de puesta de largo será el 10 de septiembre, en la sala Gazteszena (Donostia), con la actuación de Atom Rhumba, Chico Boom y Mantisa.
  • El 18 de septiembre, SoundVision Festival en Gasteszena. Música electrónica. Hasta las 7 Am. Precios en consonancia.
  • 24 de septiembre: Coque Malla y el hombre de la fama creciente, PLV Havoc, en el DOKA. A 10 euros.
  • Los deliciosos Depreciation Guild estarán en nuestro querido Bukowski el 26 de septiembre.
  • 4 de octubre, Jigsaw ern la FNAC
  • EL 1, 2, 7, 8, y 9 de Octubre se celebrará el festival propiamente dicho, Donostikluba 2010. Antes y después, habrá conciertos del Donostikluba Zirkuitua.
  • El festi ya ha colado (bueno, ha sido Houston Party) que el inconmensurable Damien Jurado (en la foto) estará el 8 de octubre en Gazteszena. Hay más nombres, más que sabrosos, pero por ahora todo es rumorología.
  • Bueno, no todo: Se acaba de colar un chivatazo en twitter:  Morodo, Rev. Bros, Standstill, Klaus&Kinski, Joe Crepusculo, Triangulo de Amor Bizarro
  • Total, que como las entradas ya están en Kutxa (gracias, chivatazo en coments) a la venta, pues ya se puede ver todo el listado: SINGLE, Pez, Corazón, Josh Rouse,…. Hey, y nuestro The Indio, qué os pensábais…
  • 16 de octubre, en DOKA: ¡¡¡¡PARADE!!!!!!! Y los locales Centrocampista. Otros 10 lereles.
  • El 29 de octubre, ataque Bloody Mary en GAsteszena:  Santiago Delgado y los Runaway Lovers + Andre Williams.
  • Al día siguiente, Leize Gorria acoge a Non Grato y Blusandroll
  • 13 de noviembre, también DOKA: Telekinesis + Thee Brandy Hips.
  • 4 de Noviembre. Lugaritz (Donostia). Centromatic +  Civil Love.
  • 16 de noviembre, el gran Rafael Berrio en la sala Club del Victoria Eugenia.
  • 21 noviembre: Dotore (con banda) + The Pains of Being Pure At Heart. (Gazteszena, Donostia)
  • 26 de noviembre, Fnac Donostia: Hiroshima Pro
  • El mismo día (¡primer jackpot!) Correos y Lori Meyers en la sala Gazteszena.
  • el 27 de noviembre, Ingrid Carrés y PJ Kahuna en Leize Gorria
  • El 3 de diciembre, The Tallest Man on Earth estará en la Sala principal de la Casa de Cultura de Okendo (SS).
  • El 29 de Diciembre, Ydilia y Wha Buga BAnd en el Leize Gorria.

La plaza del pueblo.

Al final somos tan distintos que somos iguales. Tanta particularidad, tantas mechas en el pelo, y todos compramos arroz para cocinar y nos gusta el papel de doble capa.

Apostados en el asiento más alto de la plaza del pueblo, analizamos nuestras fiestas con un desdén visible. Siempre los mismos grupos, que mierda de comercialidad, si esos solo tienen un tema, estos están para el arrastre, seguro que han pagado por tocar, pero por Dios santo dime que ese cantante no tenía la cabeza en el formol de Futurama….

Nosotros, los inquietos, los valientes, los culturetas acérrimos, los amantes del riesgo extremo, los glory holes del indie-pop-baile. Nunca hay nada para nosotros, salvo dos fiestas hogareñas y una actuación debajo de una farola. Que no se enteran estos jerifaltes, burgueses, acomodados, buscavotos.

Y nos miramos al espejo y somos igualitos. Clavados. Cana a cana. No hay más que mirar el cartel del Primavera Club 2010 para darnos cuenta que la equidistancia es un alegre ritmo moderno.

Si en las urbes populares pecamos de rehabilitadores de almas ejecutantes, en ese festival la cosa es tan impactante que acaba siendo similar:

  • 40 grupos, de los cuales conoces 2.
  • Bandas tan nuevas que su single solo se encuentra en los top manta de Bangladesh y que aún no tienen local de ensayo.
  • Formaciones tan frescas que aún usan pañal.
  • Algún carcamal que recupera uno de sus discos viejos porque no ha podido hacer otro igual de bueno. (aka, “un pasado que no debemos olvidar”….¿Quienes no deben hacerlo?¿Quienes no vamos a olvidarlo o quienes no los conocen?)

Grupos con gran desparpajo, sin duda. Como yo jugando un partido de 1ra División: Una primera parte de ensueño, la segunda de olvido. En el fondo, es una forma como otra cualquiera de explotación. Una suerte de consentida pederastia. Porque el año que viene ninguna de ellas (o una, despistada) volverá a tocar en dicho certamen.

«Su primer disco sí que molaba», «Antes eran más guays», «Después de sus singles son un poco truño ya», …. La vida es más sencilla si no tienes referencias. Hay que ser el primero en traerlos, en primero en defenderlos, el primero en encumbrarlos.  La generación Apple de ansiedad consumista, en formato siete pulgadas. Bien es cierto que muchas de ellas luego se encargan de echar por tierra las ilusiones iniciales. Algo normal, por otra parte.

Espero, intuyo, que los organizadores se llevarán pasta de esas contrataciones. No sé de qué manera, pero apostar por grupos de singles en vinilo y giras que en el resto de Europa quedan arropadas en squads o similares tendrá algo que ver con el marketing que se estila en nuestro país (aka, «gol del promotor sobre fondo ingenuo e ingenuo de espectador»), ahora enganchado al Pitchfork como antes lo estuvo al NME. Distinto collar, idéntico perro.

Eso hace que las formaciones con cierto recorrido, caso de Stereolab o Polar (y Zahara o La Bien Querida en breve) por ejemplo, jamás encuentren acomodo en ninguno de nuestros escenarios. Ni festivos, ni arties. No en un festi -son viejos, pero no tanto como para tocar uno de sus discos enteros, auténtica condena en vida para un creador sin deudas-, no en una sala de tamaño medio (no suele salir a cuenta para la parte contratante), no en un garito situado a 5000 kilómetros de su hogar. En el fondo, ¿eso no es lo que le pasa a Bustamante?

PD: Y dije Primavera Club, porque se acaba de presentar, pero podría decir cualquier otro certamen de ese pelo.

Maracas, amplificadores de juguete, panderetas

Pasé algunos veranos en Gran Bretaña, so pena de aprender inglés. Lo primero que recuerdo de aquellos días felices era mi especial tendencia a comprar cosas que pesaran un huevo.

El primer año me traje, mochilón aparte, una vajilla de 50 piezas, con instrumental para vacíar pavos, en un ferry entre Plymouth y Bilbao. En el último de ellos, mi primer bajo musical. Incrustado en una funda por la que darían un par de cientos de euros si lo colara a peso en una chatarrería o brocante.

Sería el año 1992-93, creo. Nunca me acuerdo de las fechas. Juraría que 3, porque sé que estuve en casa viendo las olimpiadas del 92, y no fue ese julio, porque el del año impar me lo pasé en Edimburgo. Fue el primer flechazo con Escocia. Luego ya vendría el amor. Y el sexo 😀

Recuerdo tocar el bajo (sus cuerdas, malpensados) en la habitación en la que me alojaba, situada en la zona sur de la ciudad. Pared azul hospital, sentado en la cama, pom,pom,pom mutado. También recuerdo la primera canción que toqué. Era una de los Pastels, «She Always Cries On Sunday».

Era fácil que fuera esa. El impulso adquisitivo se había confirmado definitivamente pocos días antes, en Avalanche Records. La tienda que está ahora en la turística Cockburn St. no, la otra, la vieja. Espacio en el que se desarrolló el concierto que Stephen, Katrina y Aggi ofrecieron como presentación de su «Truckload Of Trouble».

Recuerdo haber hecho campaña entre los colegas imberbes. Sólo Esther de León, una todoterreno como bien indica su nombre :D, se lanzó a acompañarme. Al de Eugenius (fue un buen verano, sí) tuve que ir sólo, pero gracias a Dios que a este asistí con colega-traductor.

Me ahorraré todos los adjetivos, más que nada para hacer hueco. Recuerdo estar en una nube, feliz y contento. 18 años, viendo a mi grupo favorito cantar algunas de mis canciones favoritas. Tocadas con maracas, amplificadores de juguete, panderetas y las habituales entonaciones paralelas. Al acabar saqué toda mi artillería económica y me compré una camiseta XXL de la banda (¡había que comprarla!) y el recopilatorio, que la banda firmó gustosamente.

Simpáticos – en su línea, que Stephen Pastel está más cerca de ser un mimo que un actor de comedia- , tuvieron a bien charlar conmigo. O una versión bloqueada de mí, la que solo decía «yeah, ah, yeah» con cara de haber visto por primera vez unos pechos. Gracias  a Esther, que iba traduciendo lo que el cantor me decía, pude entender la conversación. En ocasiones, hasta me traducía lo que yo decia en castellano, presa de los ataques de balbuceo.

De todo eso, y más, me acordé, emocionado, cuando hace un par de días descubrí la grabación del concierto en youtube.

La Semana Grande de … Oria

Aburrido de mezclarme con el pueblo llano preso de las herraduras del programa oficial, decidí este año celebrar la Semana Grande de Donostia en…Lasarte-Oria. Uno tiene que mantener alto siempre el techo de la creatividad y el ingenio, amigos.

Los primeros días apenas noté diferencia. A la noche salía a la terraza de casa y escuchaba los fuegos a un volumen vecinalmente perfecto. Se nota que los donostiarras respetan el silencio y la salud de su barrio incinerador. ¡Y sin moverse de casa! ¡Qué gustazo!

Cerraba los ojos, y el ruido de sirenas de la N-1 me transportaba a la idílica explanada de Sagués o el paseo de la Zurriola tras cerrar el ZM. Y las calles levantadas de la Geltoki Kalea, un clon de la capitalina rue du San Martín en hora punta con sus bocinazos y colas. Aparcar en el centro también venía a costar algo mas de 20 minutos.

Ir en el bus de línea que conecta la capital guipuzcoana con Lasarte era como ver los etxeferos en la calle Urbieta mientras se pide un helado: Apretones, malas caras, gritos, gente colándose, señoras que no se mueven, señores que sacan los codos, calor, tensión. Las colas para los servicios nocturnos de transporte eran tan similares (niñas metidas en un traje de barbie cedido, tios borrachos que más que ligar echan alientos noqueadores, graffitis alimentarios bajo algunos asientos) que a veces miraba por la ventana y me parecía ver la calle Virgen del Carmen, El Palacio de Franco o un edificio histórico de Larratxo…

Pasearse por cualquiera de los establecimientos hosteleros de mi localidad era atravesar las carpas interculturales de las terrazas del Kursaal. Sobre todo por sus precios populares. Aquí un kebab, allá un chino, allá una rica furgoneta hamburguesera… Además, era salir a la calle y tener la sensación de que el concierto de Bebe había finalizado hace unos minutos. Si se planteara grabar un kalimotxoville, este sería sin duda el mejor decorado.

Amstel estaba bien representada en mi barrio: En vez de furgonetas musicales que pasean por Donostia, teníamos coches tuneados de los que emanaban para nuestro placer algunas de las más modernas recreaciones (de los tambores de las galeras), parando en el semáforo de casa. Bueno, no siempre, claro. A veces el rojo era simplemente orientativo.

Las Fiestas de la Isla se celebraban día sí y día también en mi salón. Birras gratis, comida gratis. Ambas sacadas de mi frigorífico. Al principio era difícil hacerse cargo del tema, pero luego, a partir de las 11 de la noche, cuando la mitad de la gente se piraba de la party en el bote, la cosa quedaba bastante pareja.

A los sones de una lista de Spotify recuperada de los confines de internet ponía un gran espejo de cristal en la sala, y representaba el sainete «Pida un cubata al camarero de la Isla«. Los 7,5 euros del precio daban pie a un un monólogo con un hilo central bien definido y espacios para la improvisación, aunando la fiesta isleña y El Teatro De Calle para alborozo de mi can.

Somos una isla.

Autor: Oscar (de su blog en enterat).Acabo de entrar en casa, tras pasear al perro en formato Superheroe de la Velocidad. Y recuerdo que me chivaron que Delorean había reventado la plaza de Sagués. Un domingo. Me alegro mucho por ellos, más allá del chovinismo. Y también me sorprende – aunque no mucho-  que muevan más gente que Los Planetas.

Gullie Milkyway, que volvía con nosotros de la fiesta de la isla, disparaba su verbo con este hecho, afirmando que todo respondía a un patrón ya conocido, una especie de fórmula cuasimatemática, una especie de Pí melódico, que alguien debería patentar. Sergio Gintonic respondía con humor, afirmando que cuando la programara informaticamente harían grandes negocios juntos. Yo, sin mucha necesidad de preguntar, sabía perfectamente lo que quería expresar el genial compositor de La Casa Azul.

Supongo que todo responde a picos de popularidad, emisiones en grandes canales, promociones masivas de Pitchfork o derivados. Y un par de ingredientes secretos que nadie ha sabido cuantizar. Juntos sumarían una especie de campana de Gauss económico-popular. Iba a añadir «creativa», pero sería un insulto.

No llegaría a calificar de tal manera, por respeto a los ideólogos, pagadores y asistentes, la fiesta que Amstel realiza con todo el cariño – y buena pasta gansa- en la Isla Santa Clara en la Semana Grande donostiarra. Porque lo montan de buena fé, preparando los elementos de manera teóricamente perfecta. Pero algo falla, algo se les escapa de las manos. ¿Qué será, será? Los donostiarras.

Un catering delicioso, exquisito, perfecto. Cervecita gratis (a ver cúando se compran un maldito ron en esa megaempresa, leñe, que estoy harto de espumosos de cebada ya :D). Un paseo hasta la isla. Ver los fuegos artificiales desde tamaño emplazamiento (¿Quienes eran tus amigos, Amaia Get-in? ¡Muy majos! ¡Cómo sabían de fuegos! ¡Parecían del jurado! :D). Y ver al Conde De La Maza bailar en perfecta etiqueta y pedir temas que no podría reproducir aquí so riesgo de deportación del Ducado.

Y la pinchada de Guille Milkyway. Para lo que recuerdo la frase de nuestra querida Ohiana, recien llegada de Japón. «Allí, al gente baila en filas, como si fuera country, y no paran de sacarle fotos al pinchadiscos». Sin llegar a los extremos orientales, Milkyway es una auténtica delicia. Para quien se vuelva loco ante una canción que no conoce. Para quien sienta dentro de su estómago un apretón ante la duda, la emoción, la alegría, la ilusión, el empuje, la vitalidad de melodías desconocidas y cuasi perfectas.

Lastima que de esos quedáramos pocos tras la partida del barquito de las 11 de la noche. (Idea si me pagara Amstel, que no lo hace: quitar ese barco para que la gente se anime. Lamentablemente, la música no se ve como  gancho de la cita). Una txalupa llena de gentes que habían saciado su estómago musical y social.

Bueno, quizás tuvieran que madrugar al día siguiente, no les culpo. Pero quizás también podían haberse quedado y haberse ganado unas buenas ojeras mañaneras para descubrir otros mundos posibles, enamoradizos y – con perdón- musicales. Algunos lo hacemos, y el ardor estomacal siempre es secundario ante la vivencia.

Milkyway, un jodido hacha en lo que se refiere a soul añejo, canción francesa y J-Pop, supo amoldarse a la fiereza del terreno. Castellano y anglófilo, siempre muy atractivo por exceso o acierto, con un terceto (Cure, Housemartins,Morrissey) que hizo temblar mis viejas lesiones de rodilla.

Si eso no les asusta, añadan Abba, Vacaciones En El Mar, Indian Vibes, Gang Bang y su preciosa versión folkie,  Pulp, y media docena de temas castellanos, de aquellos que estaban producidos de manera absolutamente alucinante. Cerrando con Elvis Presley. Charlando con ABSOLUTAMENTE TODO EL MUNDO que se acercó hasta la carpa en la que estaba encorsetado. Siempre con una sonrisa y una frase cercana y explicativa. Chivándonos caballos ganadores como Lord Sitar.

Y aquí vuelve la campana de Gauss. Porque pienso que no agradecemos lo que tenemos y nos ofertan, que no nos fiamos de las cosas que no conocemos, que no tenemos ningún cariño por el riesgo. Y me refiero a lo musical, por supuesto.

Contar con Amable y Milkyway en un txoko tan exclusivo (y abierto. 4 embarcaciones amarraron por su cuenta en la isla, y una de ellas bailaba locamente sobre su cubierta) y que la gente obvie el disfrute tras llenar la panza me parece un mal gesto, una pena, un momento desaprovechado, un tren que cogeremos en el futuro y que ahora pasa ante nuestros ojos como nubes de tormenta.

Madrid, Barcelona o Bilbao matarían por un plan así, y no hablo de número de habitantes. ¿Y Donostia? Hace su propia digestión, entre risas. Y Pintxos. Y Cervezas. Gratuitas. Espero que cuando vayan los afortunados del sorteo de Amstel ( los invitados éramos mayoría el día que fui) la cosa sea más llana, más bailada y más…perfecta si cabe.

Bueno, en el fondo no espero una mierda ya, pero tengo todo el derecho del mundo a expresarme como me salga del bártulo en este speakers corner privado.

PD: A la vuelta, en el taxi, sonó «Quijote» de Julio Iglesias. Una señal, sin duda.

PD2: La foto es de Oscar «365 días, 365 fotos»