Hizkuntz piratak

Además, volverá a celebrarse el concurso musical de Semana Grande de los piratas para que los grupos musicales jóvenes que no han tenido ocasión de entrar en el mundo discográfico se den a conocer. Para participar, es necesario que el grupo tenga grabada una maqueta o un disco autoproducido.

Tendrán prioridad los grupos que canten en euskara, es más, de las tres canciones presentadas, dos -por lo menos- tendrán que ser cantadas en este idioma. Los tres grupos seleccionados tocarán el próximo día 17 en La Flamenka.

Información extraída del Diario Vasco.com

Y ahora empezamos con el tema de qué es más importante, que nuestro médico sepa euskera o que sea bueno 😀


Amstel, colaborador activo de la Semana “Pequeña” de Donostia

Novedad: Los promotores nos han mandado un comentario aclaratorio. Gracias!

Ya ha empezado a correr por internet (blogs, facebook) las propuestas que la cerveza Amstel, uno de los patrocinadores de la Semana Grande de Donostia, ha ideado para la semana de fiestas. Y me gustan mucho. Y me disgustan mucho.

Los actos en sí son aplaudibles hasta que te sangren los pulgares:

Por un lado, los conciertos POP-UP. Todas las tardes, en cualquier rincón de la ciudad puede aparecer un camión de AMSTEL. Como cada día. Pero este no viene cargado de barriles ni de cajas. Dentro lleva a uno de los 8 grupos locales seleccionados para animar la ciudad con un concierto sorpresa. Una lona que se abre, un grupo y tres o cuatro temas que van desde el reggae hasta el rock & roll (Stay Blues, Lolas Club, Ras Miguel & Tafari, Latitud 43, Lauroba, Tacumah Reggae Band, Krell y Revolutionary Brothers). Cada día, un grupo, cada día, un rincón de la ciudad. En el Facebook “AMSTEL NAGUSIA” los grupos, su música y algunas pistas sobre por dónde andará el camión ese día.

Y, como guinda, LAS NOCHES DE LA ISLA. Una experiencia única. Cada noche, durante toda la Semana Grande, 50 personas podrán disfrutar de una fiesta muy especial en la Isla de Santa Clara. Desde las 21.30 hasta la 1.00, la terraza del bar de la isla se convertirá en una atalaya privilegiada desde la que ver los fuegos, tomarse unas AMSTEL y disfrutar de la música de Amable DJ o Guille Milkyway DJ. Para seleccionar a esas 50 personas se ha puesto en marcha una promoción en puntos de venta, bares autorizados además de un concurso en la página de Facebook “Amstel Nagusia”.

El primero defiende las tesis aquí comentadas desde el inicio de nuestros tiempos, con lo cual no vamos sino a aplaudir la idea y confirmar nuestra asistencia a más de uno. Y no empecéis con “Ese es una mierda” o “no sé porque no está AquelOtro, que son super buenos”. La gente de Amstel – o quienes les hagan la producción- se han decantado por unos que han considerado adecuados, y punto. Lo importante es el altavoz, no tanto lo que suena por él.

Pero el de las Noches en La Isla. Ay! esas noches…

Por partes:  Se nos cae la baba con “Desde las 21.30 hasta la 1.00, la terraza del bar de la isla se convertirá en una atalaya privilegiada desde la que ver los fuegos, tomarse unas AMSTEL y disfrutar de la música de Amable DJ o Guille Milkyway DJ”.

¿Pero…Por qué para 50 personas?

  • No tenemos los detalles concretos de esta celebración. Pero, con los datos que tenemos en la mano…
  • Primero: Estamos acotando un lugar de uso público para una acción empresarial particular.  Ya lo decíamos en su día, los patrocinadores cada día están más presentes en nuestras vidas, tanto en las visiones como en las decisiones. Además de tener, los ciudadanos, esa tonta sensación de que la pasta abre fronteras y aligera normativas.
  • Segundo: Si el pagador quiere hacer una fiesta privada, que la haga. Pero no puede venderla como pública. Ni ocupar un sitio tan especial como la Isla, que cuando se quiere es un ecosistema y cuando no una discoteca. Y lo de 50 personas suena a zona VIP, a fiesta de magnate ruso en la que actúa Beyonce a millón de euros el minuto.
  • Tercero: Pongámonos en situación.
    1. ¿Cómo se cerrará el acceso (repito, zona pública) a quienes lleguen al bar de la Isla con su barco o a nado?
    2. ¿Habrá policia municipal (pública) o seguridad particular para restringir el acceso a esta fiesta privada?
    3. (Modo madre agorera on) ¿Qué ocurrirá si 300 personas consiguen acceder a dicho espacio preparado para 50?
    4. ¿Y si alguien se cae al mar borracho o por accidente o por un empujón?
    5. ¿Habrá que esperar a una movida en plan Túnel Parade para darse cuenta de que había algo que fallaba en la fórmula?
  • Cuarto: Si estamos de acuerdo con los Conciertos Pop-Up, también somos de la opinión de que todo el mundo debe disfrutar de Amable y Milkyway. No sé si en un camión, o en un descampado, o en la terraza del Nautico. Pero en un sitio abierto a la ciudadanía. La mejor forma de expandir la belleza de su arte.

All That Jazz 2010

[Para evitar que la gente se mosquee (y se alegre) sin razón aparente, que se deberá concretar como tal cuando toque o no toque pero lejos de estos medios, quito los párrafos iniciales. La consulta sigue abierta para lo que deseen 😀 ]

El Heineken Jazzaldia de Donostia siempre fue una época llena de contrastes para loveof74. Pero lo de este año ha sido realmente extremo. Lo elevado, estratosférico. Lo negativo, infernal. Y no hablamos solo de música, claro. Pero en ella nos centraremos.

Hoy se presentará el balance oficial. Seguro que es positivo. Debe serlo, no sé si en los números y adjetivos que se emplearán, pero estoy seguro de que tienen todo el derecho y la justicia del mundo para ser optimistas: Mucha gente en los actos (puede que menos que otros años, pero sigue siendo mucha) y conciertos interesantes para los gustos de casi todo el público (al que le gusta la música).

Que cada uno de ustedes ponga la pica en (el escenario) Flandes, pero para nosotros el lado popero estuvo muy bien, el bailarín a ratos y el jazzero tuvo escenificaciones realmente preciosas. Hubo momentos casi vergonzosos y paradas de quedarse con la boca abierta. Y lo mejor de todo es que cada uno puede nominalizar y personalizar estas expresiones con nombres antagónicos.

Otro año más, la organización ha cumplido con creces su papel en internet. Este año hubo conciertos secretos que solo se anunciaban de esa manera. La web ha estado bien actualizada estos días de ajetreo. El director se ha seguido mostrando muy cercano y activo en su blog, respondiendo de manera casi automática (dentro del timing que puede tener siendo el chef de un evento de este tipo) a todos los comentarios. También hubo huecos flagrantes –que viajarán en valija diplomática hasta la embajada-, pero la defensa en zona funcionó a la perfección.

Los patrocinadores pueden respirar tranquilos, aunque más de uno pida una VIA T, de Trago, para obtener algún descuentillo en las barras expendedoras. Pero eso entra dentro del eterno giratutto de estas cuestiones: “¿La cerveza es cara o barata para todo lo que se ofrece?”. En dicha categoría añadiremos “No hay suficiente jazz en el festival”  y “Educación y su ausencia en los conciertos musicales”. Cuestiones hipnóticas sin fin, cual remolino en el océano.

Volviendo a las bebidas, sorprendió un poco que la campaña habitual de reciclaje, los vasos verdes del euro (similares a estos, ¿recuerdan?), no hayan repetido experiencia en un evento tan multitudinario como este. Y saludamos efusivamente a los futuros asistentes al Jazzaldia, los Birraman, superhéroes cargados de pimple espumoso que a buen seguro pasearán por la arena de la playa en la cita del 2011. Al tiempo…

Se acabó el jazz. Solo los 360 días que quedan hasta el siguiente Heineken Jazzaldia darán un sentido u otro a esa frase.

P.D. : La foto es de Lolo Vasco, sacada de la web del festival.

Gora Japón

Esto no es una crónica musical. No podría serlo, cuando lo visto anoche en el Escenario Verde se sitúa más allá de las artes escénicas, cuando radica todo su ser en el mundo de los sueños. Y como sueño que creo que ha sido, todo esfuerzo por contarlo resulta inútil. Podría recordar pequeños retazos, como aquel sueño de ovnis que tuve con cinco años y del que todavía me acuerdo.

Recuerdo contar unas 25 personas en el escenario. ¿Personas? Personajes si acaso, como esa bailarina subida permanentemente a una escalera de pintor, con traje de faralaes y un plátano gigante en cada mano; o como ese imposible director de orquesta, trasunto de yakuza crepuscular, fumando permanentemente como si las desgracias del protagonista de Old Boy fuesen las suyas propias. O ese pálido Gollum de tan desagradables como fascinantes contorsionismos.

Recuerdo poder cortar la magia con cuchillo al ver salir un dragón plateado desde el escenario y pasearse por encima de nuestras cabezas. Patti Smith (sublime) había gritado  horas antes que “love is the only fucking religion we need”, y esto era la prueba. Todos en la playa miraban al cielo con una sonrisa y seguramente con los pelos de punta. Qué momento tan emotivo, pardiez.

Yo qué sé. Recuerdo también a un judoka en calzoncillos que tan pronto hacía de Sam Cooke japonés como de Goran Bregovic espitoso. Como de repente estar en mitad de “El discreto encanto de la burguesía”; o en la escena del teatro de “Mullholand Drive”. Pero esto era verdad, y sucedió delante de nuestras narices, encima de nuestras cabezas, en la playa de la Zurriola de Donosti, mientras sonaba la banda sonora que Tarantino imaginó para finiquitar Kill Bill y mientras todas las referencias culturales que teníamos sobre Japón se confirmaban, se comprimían y explotaban a la vez. La densidad de información ha sido insoportable esta noche.

Shibusa Shirazu Orchestra se llaman, me pareció entender en la duermevela.

Autor: Marlon Brandy

El cartel, ese viejo olvidado.

Qué tiempos aquellos. Ibas a los bares, lo único que no ha podido virtualizarse aún, a juntarte con amigotes, ver mofletes bonitos – porque poco más te permitían ver-, echar unos hielos con color y reirte saludando a los conocidos.

Y, en el camino al baño, girabas siempre un poco la cabeza hacia los laterales para mirarlos. Allí estaban. Tan sencillos. Oscuros. Bitonales. A veces incompletos. Los carteles de conciertos.

Los paseos del sábado eran los planes del sábado siguiente, agenda del Dvorame aparte. ”Hey, que tocan Los Tal en Lasarte””No creo que vaya, están Los Cual en Gros””No jodas, genial, hace tiempo que no les veo”….y la conversación volvía a arrancar en la fila.Y cuando no erá ahí, era en las etapas intertabernarias.

Llegó el “rogamos no coloquen carteles en esta ventana. Responsable: empresa anunciadora” y se superó con astucia. Llegó la ordenanza que prohibía colocar afiches en las paradas de buses bajo pena de carcel económica. Los hermanos mayores, hijos de la cuatricomía, acabaron semi escondidos en las columnas de los puentes y accesos a autopistas. Y el fotocopista, la única profesión universal a la que Begoña Del Teso aún no le hizo una entrevista, palidecía ante solicitudes de apuntes en Mayo y finales de agosto, sin un buen bolo que echarse a la máquina.

Llegó internet, y nos llenó de muros nuestra pantalla, para desdicha de los paseos informativos nocturnos. Siempre más baratas e inmediatas, las aplicaciones informáticas nos mandaban avisos de actos no siempre solicitados. Porque el pegado de carteles fue siempre un acto de distinción.

Uno seleccionaba cuidadosamente los lugares en los que gastar celo (”¡Qué dices, en el Nosecual? Ni de coña, tio, que se me llena el concierto de Camisas Azules”). Quizás por eso solo miraba los carteles de idénticos establecimientos. Era una suerte de filtrado vertical. Ahora, un click y media Laponía tiene información sobre la velada a la que no podrá llegar por falta de conexiones aéreas. Y falta de ganas, claro. Y sobreinformación. Y…

A fin de cuentas, la humanidad se divide ,sea cual sea su avance tecnológico, en dos tipos de personas: Los que ven los carteles de conciertos en los bares y los que no.