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Categoría: Críticas de conciertos

Nizuri Tazuneri: pasado y futuro

Intérpretes: Nizuri Tazuneri. Lugar: Iglesia del Museo San Telmo (Donostia). Día: 12 de enero. Asistencia: unas 50 personas.

Hip Hop y una iglesia. Términos que jamás imaginamos ver juntos se dieron ayer la mano en el donostiarra Museo San Telmo. La banda euskaldún Nizuri Tazuneri (juego de palabras casi oriental cuyo significado real sería “yo a tí y tú a mí” en vasco) montaba una fiesta para presentar el videoclip de su tema “Hikatazuka” grabado en el propio museo y ofrecer una actuación en la entrada del templo, bajo el arco toral. La elección del lugar fue un acierto. La altura de la nave central hubiera hecho rebotar en demasía los entrecortados sonidos de la formación local.

El evento comenzó con una presentación por parte de todos los implicados, quienes destacaron la mezcla de tradición y modernidad que había resultado de su colaboración. La proyección de “Hikatazuka” nos mostró un clip bien montado con capuchas, grandes radiocasetes, capillas, pasillos y fraseados directos en euskera y castellano.

La actuación posterior destacó el lado “trap” (subgénero moderno del rap) de la banda, con los cantantes alternándose al micro y un DJ lanzando los sonidos. El resultado fue un experimento curioso que amplió el horizonte de ejecutantes y gestores públicos.

Bonzos: cerillas apagadas

Intérpretes: Hombre Lobo Internacional, Bonzos. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 5 de enero. Asistencia: unas 75 personas.

“En todos los conciertos hay alguien que nos pide que toquemos más rápido”, dijo en un momento de la noche el cantante del grupo Bonzos. La voz anónima del público tenía razón. Al conjunto le faltaba chicha y quizás pisando gas la cosa podría haber mejorado.

No es extraño que en una carrera larga como la de estos vizcaínos lo que al principio era punk acabe siendo rock acelerado. No hay más que ver a bandas como Discípulos de Dionisos o Nuevo Catecismo Católico. Formaciones que parecen haber embadurnado sus melodías en “anti-aging” para seguir sonando fascinantes. Pero también puede pasar que en esta travesía tus canciones pierdan garra por el camino.

Algo de eso parece haberles sucedido a estos bilbaínos que le cantan a su ciudad (“El rey de la Ría”, “Lluvia, hierro y rock&roll”), que adoran Nueva York y que se manejan bien en ambientes surferos a lo Airbag (“Charlie ya hace surf”) o en las temáticas curiosas (“Narco punk”). A los Bonzos les faltó gancho en su cita donostiarra, y bien que nos pesó.

Unas carencias que mejoraron el concierto del telonero, la banda unipersonal Hombre Lobo Internacional. Una fórmula limitada -guitarra, voz, batería con los pies- que contó con disfrutonas versiones de los Ramones y buenos momentos de blues enfangado y rock clásico.

Amateur: un concierto precioso

Intérpretes: Mikel Aguirre (guitarra, voz), Jose Luis Lanzagorta (teclados), Iñaki De Lucas (batería), Fernando Neira (bajo), Paúl San Martín (teclado), Joseba Irazoki (guitarra). Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia). Día: 28 de diciembre. Asistencia: unas 450 personas.

“Qué bonito”, se escuchaba en los pasillos del Teatro Victoria Eugenia al acabar el concierto de la banda donostiarra Amateur. Llevaban razón quienes así opinaban. Fue una actuación emotiva y elegante. Por los innumerables invitados, y por las fantásticas canciones que escuchamos en la cita. La formación pareció contagiarse de dicha felicidad. “Tocar aquí es un sueño hecho realidad”, dijo en un momento de la noche Mikel Aguirre, el cantante y antiguo miembro del grupo La Buena Vida.

Él y otros dos socios de aquella banda (Jose Luis Lanzagorta e Iñaki De Lucas) decidieron montar este proyecto para acabar lanzando hace unos meses “Debut!”, un álbum cuya inspiración gira alrededor del desaparecido músico Pedro San Martín. Y quien quiso conmoverse con el recuerdo tuvo varios momentos para hacerlo: “San Martin Blues”, “Fueron buenos tiempos” o ese dedo señalando al cielo en “El Golpe”. Pero más allá de evocaciones líricas, Amateur tiene melodías clásicas que emocionarían hasta al hombre de hojalata. Desde las muy buenavideras “Un cabreo pasajero” o “Atardecer #74” hasta el amor por Burt Bacharach en gemas como “Pendiendo de un hilo” o “Te vas”. También hubo The Beatles para dar y regalar (la versión “Free as a bird”, “Será verdad”).

De la larga lista de invitados destacaremos la labor a los coros de Virginia Pina y Amaia Intxausti, el nervio del veterano bajista Carlos Subijana, el “canalleo” innato de Rafael Berrio o el arte de Diego Vasallo para hacer suyo un tema ajeno. La banda y sus acompañantes habituales (Joseba Irazoki. Paúl San Martín, Fernando Neira) mantuvieron la excelencia habitual. Y sí, el concierto fue realmente “muy bonito”. A veces las palabras más simples se bastan y se sobran para explicar momentos maravillosos.

Rrucculla: El futuro ya está aquí

Intérpretes: Rrucculla, II Kris GM. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 23 de diciembre. Asistencia: unas 50 personas

Han pasado ya unos días desde el concierto, pero la cabeza sigue girando con alegría intentando gozar de cada momento y cada sensación. La protagonista de la noche venía con buena prensa, y un currículo que incluía presencias en festivales tan potentes como Primavera Sound y BBK Live, dos de los mayores mastodontes musicales estatales. Y para gozo de primerizos y fans, la vizcaína Izaskun González -nombre real de la artista Rrucculla- cumplió los pronósticos y se aupó como gran artista que en 2018 se debe colar en círculos más populares aún. Si esa zona “popular” gozara con la experimentación, claro.

Tras un buen set telonero de II Kris GM centrado en el rollo crooner lapidario, los sonidos de la naturaleza, las voces usadas como instrumentos y con una lista más marcada por momentos que por canciones, llego el momento esperado del que sustrajimos una conclusión clara: Rruccula debería ser ese siguiente pelotazo no sólo por su edad, 23 años, pero también por su edad. Manejar tantos referentes tan bien y tan pronto es cosa de unos pocos elegidos.

La creadora de Barakaldo, tímida hasta ocultar su voz entre efectos de voz “pitufa”, no tiene ninguna vergüenza a la hora de mezclar en su bol musical estilos como el hip hop instrumental, el jazz o el drum&bass sin más intuición que la de su mente. Un collage inmenso basado en samplers propios y ajenos, colorista a rabiar como buena fan de Kandinsky que es, libre como caer sin paracaídas y sin temores. Con voces pregrabadas y mutadas hasta sonar aflautadas que iban desde el famoso “Aserejé” de Las Ketchup (¿para alguien de su edad eso es música “oldie”?) al villancico pasando por momentos trap.

Un bombardeo de sensaciones aceleradas, impactos soberbios y mezclas sorprendentes. La única pega fue precisamente ese imparable cañoneo de ideas, el cual pareció fatigarse en la parte final del evento por pura insistencia y diversidad. Pero eso nos pasa hasta con nuestros pasteles favoritos, así que tampoco es que sea nada grave.

Párrafo aparte merece su actuación a la batería, solapando sus golpeos sobre su propia música. Un set intercalado en el evento con, a mi gusto, pocas apariciones. Porque su juego con las baquetas es fantástico. Lejos de acompañar el fondo con ritmos más o menos sencillos o manidos, las muñecas de Rrucculla crean sobre los parches otro mundo creativo. Sincopando los ritmos, parándolos y rompiéndolos, retomándolos con gestos casi hipnóticos. Si la cosa sigue el camino transitado hasta la actualidad a esta vasca la podrían ver en el futuro en la zona de percusiones de un set de Marc Ribot o acompañando a Kendrick Lamar en sus amalgamas hip hop. Un consejo final: Si tras las cuchipandas navideñas les recomiendan tomar más verdura, elijan esta hortaliza de la Margen Izquierda. Le sentará de perlas a la vertiente cultural de su organismo.

Libe: calma y tormenta

Interpretes: Atxus Acosta (bajo), Dani Arrizabalaga (batería), Txus Billalabeitia (guitarra), Jon Basaguren (guitarra), Libe García de Cortázar (teclados, voz). Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 15 de diciembre. Asistencia: unas 50 personas.

Había ganas de ver en directo las nuevas canciones de la gazteiztarra Libe García de Cortázar, melodías empaquetadas bajo el título de “Ilargia erori da”. Lástima que el deseo se hiciera acompañar por clima atmosférico bastante perruno y aquello acabara quedando algo desangelado. Apenas cincuenta personas, dispersas y alejadas del escenario principal como mandan los cánones de asistencia vascos, en un concierto que contó con la colaboración de la Fundación SGAE.

En Libe, el grupo, parecen convivir dos pasiones musicales. La primera, muy presente en el debut discográfico, es una sección potente y contundente, la que la gente disfruta de parranda, que tiene su nacimiento en el rock y aflora en los estribillos con pegada. Y luego hay otra, desarrollada en este nuevo disco , más interesante y peculiar. Cercana a Portishead y similares, más íntima y calmada en las composición, con los dos pies bañándose en la melancolía, más complicada de ver a banda completa en nuestros conciertos. Huelga decir cuál de las dos nos erizó el vello la noche del pasado viernes.

Así, el arranque con “Ilargia erori da” y “Urratsak” nos permitió disfrutar del lado más onírico de esta formación en la que actúan buena parte de los miembros del combo Izaki Gardenak, quienes se subieron al tablado del Dabadaba en riguroso negro textil. Sugerente y distinguida, la zona más vaporosa del evento permitió también atender a la gran voz de la cantante principal, calmada y fuerte, con tensión pero sin llegar al manido grito. Un cantar que hizo de empaste entre las secciones de calma y tormenta antes descritas. Vertientes que se abrazaron con acierto en temas como “Orbitan” y “Maitasun kuantikoa”. El grupo se despidió con un toque de elegancia, cerrando la velada con una canción instrumental (“Doinua”).

Mueran Humanos: punk interruptus

Intérpretes: Mazmorra, Mueran Humanos. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 8 de diciembre. Asistencia: Unas 50 personas.

A veces las cosas no acaban de la manera que uno habría deseado. Te puede suceder con una cita de Tinder, un partido de fútbol de cuartos de final de Copa o un concierto de música. Así, acudimos gozosos a un evento musical de términos bien tétricos (synth, punk, industrial) y grupos cuyos nombres forrarían carpetas de jugadores de rol y/o enterradores (Mazmorra, Mueran Humanos), esperando disfrutar de una noche aterradora. Y la cosa acabó en sustito avant-garde no más.

Mazmorra son un trío de arte y ensayo de Bilbao con un personaje conocido en las programaciones musicales (Borja Serra), un bajista y una cantante a caballo entre el aria y el sentimiento pop. En un momento de optimismo les vimos tendiendo un puente entre Joe Crepúsculo y Aries. El resto del tiempo navegaron por el dub y la oscuridad sin llegar a contagiarnos la depresión que buscaban transmitir.

La extraña pareja argentina Mueran Humanos (él parecía sacado de un póster de Eskorbuto) llegaba con mayores galones. Han actuado en el festival Primavera Sound, y ahora andan de gira con el grupo The Horrors. Y bien que comenzaron los zagales, soltando la estopa de sus pregrabados en temas góticos de corte punk impactantes y turbadores. Lastima que el equipo fuera desinflándose con el paso de los minutos.

No es que los temas pausados cantados por la dama del grupo fueran feos. Ni mucho menos. Sus creaciones, similares a las de la banda sonora de “Drive”, fueron de lo mejor de la noche en términos de emoción, oscuridad y elaboración. Pero el concierto pareció contar con una lista de canciones elaborada de manera inversa, con lo mejor al principio. Una pena que al final la angustia vital futurista esperada se quedara en algo similar a las brujas con escoba en el tren del terror.

Las Odio: parranda pop

Intérpretes: Serpiente, Las Odio. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 2 de diciembre. Asistencia: unas 130 personas.

Noche de chicas la del pasado sábado en Donostia, con Serpiente y Las Odio como bandas protagonistas. Las primeras llegaron desde Bilbao y culebrearon sobre las virtudes de la palabra “amateur”. Términos que implicaron falta de vergüenza, libertad compositiva e imperfecta frescura.

Lo de Las Odio fue más profesional, aunque para el bis tuvieran que repetir temas ante la falta de ropa en la maleta de canciones. Las Bangles del pop patrio sonaron pulcras, impactantes. Y tan activistas como parranderas. Poco importaba pegarle al punk, lo yeyé, el surf o el garaje. Todo encajó a las mil maravillas en el guateque. Con espacio para el vacile (su “Indiespañol” sonó rumbero) y las versiones (‘Pesadilla en el parque de atracciones’ de Los Planetas), su propuesta es ideal para las noches de fiesta.

Rafa Rueda: cristal oscuro

Intérpretes: Rafa Rueda (guitarra, voz), Jaime Nieto (bajo), Txus Aramburu (teclado), Ander Zulaika (batería): Lugar: Sala Club del Victoria Eugenia (Donostia). Día: 24 de noviembre. Asistencia: lleno, unas 75 personas.

Tras colaborar como lugarteniente o sargento en distintos proyectos musicales (Mikel Urdangarin, Lou Topet, Rafael Berrio) y haber capitaneado el puntual regreso de su primer grupo (TT.LT), Rafa Rueda volvía al mundo de los discos en solitario con “Hiri Kristalezkoa”. Título que conforma un bonito juego de palabras en euskera traducible como “ciudad de cristal” o “A ti, que eres de cristal”.

Y así, mientras la ciudad bullía ante la enésima fiesta de los descuentos y compras pre-navideñas, Rafa y su trío arrancaban el concierto de presentación de la gira con varias de las canciones íntimas, urbanas y solitarias de su último trabajo. En “Angel” electrificaron los ambientes neoyorquinos de Bowery Electric. En “Nahikari” y la contagiosa “Jon” se pudieron ver posos de Fountains Of Wayne, mientras “Roy Batti” brilló en el primero de los “crecendos” destacables de la noche. Un estilo de composición, de menos a más, que también destacó en la balada de timbales “Eleonora”.

“Little Cowboy” hizo las veces de atractivo single, jugando la posterior “Printzesa” a ser el reverso optimista y vital de esta. Las letras de unas y otras, muy bien cantadas por Rueda, correspondían a ilustres de la escena como Harkaitz Cano, Leire Bilbao, Miren Amuriza o Unai Iturriaga.

En la velada también hubo espacio para interpretar canciones en solitario (“Bi muxu”), divertirse con los ocasionales desajustes, ejecutar tonadas sobre la guerra que encogían el corazón y recuperar viejos éxitos soleados. Y tras noventa minutos de actuación la banda se retiró a pasear, intuimos que felices por el trabajo bien hecho, por esa ciudad tan oscura y tan inspiradora.