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Categoría: Críticas de conciertos

Triptides: ¡Viva el lunes!

Intérpretes: Triptides. Lugar: sala Dabadaba (Donostia). Día: 2 de abril. Asistencia: unas 100 personas.

Los lunes son los nuevos viernes. Si hace unas fechas Radio Days inundaron de vitalidad y alegría ese día de la semana con sus tunantes tonadas power pop, ayer fueron los Triptides quienes se subieron a lo más alto del cajón con su mezcla de, y tiramos de hoja promocional, “dream pop y rock psicodélico”.

Pero una cosa es etiquetarse, que es gratis, y otra bordarlo surfeando las dos olas mencionadas. Demonios, que hasta las improvisaciones de los obligados parones por roturas de cuerdas y cambios de guitarras fueron dignas de recopilarse en un disco. Ni eso sobró en un concierto que energizó los temas de sus CDs y que duró la hora exacta que deben durar estos actos para no aburrir ni quedarse cortos.

El cuarteto californiano se asombró con el número de asistentes y alabó nuestra ciudad en un comprensible castellano. Tras las bellas palabras le zurraron de lo lindo a la psicodelia y el pop con maravillosos coros, voces filtradas e instrumentales vigorosas de más de diez minutos. Todo ello entre viajes a la acidez de los años 70 y al buen gusto británico a la hora de entusiasmar cantando.

Los expertos dicen que son la nueva sensación norteamericana en estos palos rockeros. Y puede que tengan razón, porque Triptides fueron una banda fantástica sobre el tablado donostiarra. Aún siguen de gira por estas tierras, así que es casi obligado invitarles a que pasen por Bilbao, la fecha más cercana, si su agenda y sus labores se lo permiten.

Radio Days: pop radiante

Intérpretes:Dario Persi (guitarra, voz), Mattia Baretta (bajo), Paco Orsi (batería). Lugar: sala Dabadaba (Donostia). Día: 19 de marzo. Asistencia: unas 50 personas

Pocas cosas se me ocurren más alegres que un concierto de power pop un lunes, día de bajas energías. Ayer los italianos Radio Days confirmaron mi teoría ofreciendo un concierto que aunó melodías, guitarrazos y diversión.

Con un batería gracioso hasta para vender merchandising y unos efectos visuales baratos y efectivos (no olvidamos la rueda de la fortuna con la que el público eligió las versiones o las caretas de animales en los bises), sus temas sonaron garajeros y poperos. Hubo recuerdos a The Undertones, los Beatles más enérgicos y la música “Bubblegum” ¿Y su lunes, qué tal fue, queridos lectores? Más apagado, imagino. Pues para la próxima ya saben…

Nudozurdo: atractiva oscuridad

Intérpretes: The Secret Society, Nudozurdo. Lugar: sala Dabadaba (Donostia). Día: 17 de marzo. Asistencia: lleno, unas 150 personas

En otro fin de semana con numerosas actividades en la programación la sala Dabadaba volvió a llenarse de fans de los sonidos oscuros. La banda madrileña Nudozurdo llegaba a nuestra capital para presentar “Voyeur amateur”, su retorno a los guitarrazos tras un disco lleno de sintetizadores.

A la cita les acompañaron The Secret Society. Los de Pepo Márquez (Majestad, Grande-Marlaska) sufrió los rigores de los horarios. A la hora teórica del inicio de su evento aún andaban probando sonido, lo cual limitó su actuación en un par de temas. De su set de melodías nos quedamos con el acercamiento guitarrero a los cantares de McEnroe (“Ya solo quedan las marcas”), los momentos intensos (“Aquellos que lo quieren todo no merecen nada”) y sus pasajes de pop de barrio (“La distancia más corta entre dos puntos es el miedo”). Del momento reggae mejor nos olvidamos…

Pero tocar con Nudozurdo es un problema, porque cuando Leo Mateos – guitarra y voz- sale a escena todo lo anterior se torna pequeño y olvidadizo. No solo por la altura del muchacho, quien puede cambiar las bombillas del techo sin ponerse de puntillas. Hablamos de sus músicas y sus letras. Oscuras y atractivas, abiertas y contundentes. Hipnóticas, a fin de cuentas.

Y a la hora de ponerle pegatinas a este trío para que ustedes sepan dónde colocarlos deberíamos mencionar a los The Cure iniciales, a Ian Curtis y su magnetismo o a los grupos más angustiados de La Movida. Todo ello sin afán copista y con unas guitarras amplias y pulcras, bien sazonadas de tensión (“Ha sido tan divertido”) y épica (“Vigila tu espalda…”) en bellos crescendos (“Hijo de Dios”), rabias contenidas (“Prometo hacerte daño”) o calmas acústicas (“Mensajes muertos”).

Los noventa minutos de actuación conformaron a Nudozurdo como una formación única. Puede que la densidad de sus acordes o la oscuridad de sus fonemas no les ayude en su salto al estrellato. Pero pocos podrán negar que su atractivo creativo es muy superior al de la media.

Modelo de Respuesta Polar, Gari: genial doblete

Intérpretes: Modelo de Respuesta Polar, Gari. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 9 de marzo. Asistencia: lleno, unas 150 personas.

Fantásticos conciertos los del pasado viernes en la sala Dabadaba donostiarra. Abrieron fuego a todo lujo, con dos guitarristas de apoyo, los chicos levantinos de Modelo de Respuesta Polar. Una banda de indie-rock festivalero que supera a muchas de las famosas del ramo por diversidad, elegancia y letras: unen las enseñanzas de Los Bravos, Nacho Vegas, War On Drugs o La Habitación Roja en aparente arte de birlibirloque.

Tras ellos llegó Gari acompañado de un teclista que también tocaba la batería, disparaba bases o cantaba. Juntos repasaron, con esa fantástica voz que aún maneja el de Legazpia, un repertorio famoso (“Esperantzara kondenatuta”, “Zaharra zara Bilbo”) al que incorporó creaciones más actuales (“Egunonmundo”, “Naizena”, “Berlín”).

Su set de piano-bar fue estupendo, con un autor juguetón a la hora de experimentar y reconstruir sus composiciones. Ahí queda el toque drum&bass de “Estutu” para demostrarlo. La feliz función acabó con el cantante perdiéndose entre el público para interpretar tres canciones desenchufadas (siendo “564” una de ellas) y un aplauso que satisfizo a este autor radiante, en eterno renacimiento.

The Molochs: a la vieja usanza

Intérpretes: The Molochs. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 19 de febrero. Asistencia: unas 100 personas.

Qué gozada toparse con músicos como Lucas Fitzsimons, el cantante de la banda The Molochs. Un trotamundos que llega a Europa unos días antes de comenzar su gira continental para echar mano de tres vivarachos británicos y convertir así el dúo original en quinteto.

Tan acostumbrados a que los artistas vengan a los festivales musicales a por un trozo de nuestra chequera, es un placer ver que la pulsión musical, de etiqueta variada y bolsillo siempre ajustado, sigue estando viva. Fitzsimons se entristeció cuando le anunciaron que la gira con su adorado Peter Perret – The Only Ones- se había anulado por problemas del segundo con el visado. Y volvió a iluminarse cuando pidió la entrevista publicada el pasado viernes en El Diario Vasco, dado que en ella se hablaba del origen vasco de su familia y le hacía mucha ilusión poder enseñarla en papel a su vuelta a casa.

Quienes no se amilanaron ante el decimonoveno día consecutivo lluvioso en la ciudad y se acercaron a la sala Dabadaba disfrutaron con lo allí escuchado. Con puntualidad británica y duración estricta (59 minutos de concierto), los Molochs de este viaje tienen muchos elementos atractivos hilvanados con un filamento invisible que les impide despeñarse.

No es fácil hacer piruetas cual esquiador acrobático y saludar orgulloso al respetable tras ofrecer un “hit” a lo Belle & Sebastian (“You and Me”) y viajar del Rhythm & Blues agreste (“I Don´t Love You”) al pop de Morrissey (“You never learn”) pasando por el Manchester de los años 90 del siglo pasado (Stone Roses, cuyo “Sally Sinnamon” fue homenajeado en un tema) y los toques sicodélicos de The Byrds (“Ten Thousand Lyrics”) o los Spacemen 3 de “The Perfect Prescription” (“That´s The Trouble With You”) . Pero The Molochs lo hicieron, poniendo el foco en las buenas canciones más allá de su deslavazado orden, aprobando con nota en vitalidad, carácter y atrevimiento juvenil.

Vulk: energía juvenil

Intérpretes: Futuro Terror, Vulk. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 2 de febrero. Asistencia: Lleno, unas 150 personas.

No es que los chavales ya no vayan a conciertos. Lo que no hacen es poner un pie en las cosas dirigidas al mundo “viejuno”. Muchos veinteañeros marcaron en su agenda la cita del pasado viernes con dos de las formaciones juveniles más punteras.

Futuro Terror fueron los encargados de abrir la velada. Los alicantinos, que se pueden encuadrar junto a bandas como Biznaga, gustaron cuando los ritmos se embrutecían y las melodías se acercaban a la berrea. Sorprendieron a la parroquia gracias a una batería muy impactante y el acierto mostrado en varios de sus estribillos.

Los bilbaínos Vulk llegaban con un gran cartel: fueron “el mejor grupo en directo del 2017” para la publicación Ruta 66, y pronto se les verá en el escenario del Primavera Sound. Son el combo con más actitud de la región, con un cantante que se maneja de miedo en los mundos del post punk de Joy Division y similares.

El concierto tuvo bastantes momentos remarcables, con buena parte de las primeras filas mimetizándose con el llorado Ian Curtis y disfrutando de la rabia sonora. Un cabreo que, gracias a las horas de ensayo, parece haberse amortiguando. Dejando la sensación de que el grupo está en pleno tránsito, alejándose del enfado inicial para acercarse a otros lugares más elaborados. Lo bordaron cuando tocó cantar en euskera y dejaron un gran sabor de boca. Las camisetas empapadas de los asistentes así lo atestiguaron.

Peach Pit: fiesta de fin de curso

Intérpretes: Peach Pit. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 26 de enero. Asistencia: 110 personas (y casi 1000 a través de internet).

El concierto de los canadienses Peach Pit en nuestra capital tuvo como complemento un estreno al menos estatal: por primera vez una actuación en una sala se iba a emitir en directo de manera gratuita a través de internet. En asociación con el centro de investigación aplicada Vicomtech, la fusión I+D (Informáticos + Dabadaba) consiguió reunir a casi mil espectadores al otro lado de la pantalla. Más o menos el aforo del Teatro Victoria Eugenia. La retransmisión fue un gancho hasta para los actuantes. En una de las presentaciones el cantante de la formación saludó a su madre e invitó al resto a hacerlo, sabedor de que la señora estaba viendo las correrías musicales de su niño desde la comodidad de su casa en Vancouver.

¿Y que vio su mamá desde el sofá? Una panda de colegas que se junta para tocar canciones. Con una pintas dignas de las teleseries juveniles tipo “The O.C.” (imagen aumentada al saber que “Peach Pit” es la denominación del bar más conocido de la famosa “Sensación de Vivir”), estos cuatro norteamericanos se alejaron en demasía de los aciertos de su buen primer disco.
La colección de temas del CD “Being so normal” acabó pareciendo una fiesta de fin de curso sobre el tablado del Dabadaba. Solo faltó Marty Mcfly (“Regreso al futuro”) para el bis, porque por tocar tocaron hasta el “Johhny B. Goode” de Chuck Berry. Rescatamos de la quema la belleza de “Techno show” y el nervio que le insuflaron al tema que da título al disco.

Estaremos mal acostumbrados. Casi todo lo que nos llega de Norteamérica nos eriza y nos resuelve más de una tarde. Y en este caso el gozo fue sólo relativo. Pero los de aquellas tierras también tienen lo suyo. Un buen número de angloparlantes – y varios locales que se sumaron a la fiesta- no pararon de rajar durante todo el evento, remarcando la vertiente social de las actuaciones musicales. Eso, por suerte, no consiguió colarse en la retransmisión en vivo.

Morau: un diario muy personal

Intérpretes: Andoni Tolosa “Morau” (guitarra, voz), Iñaki Martiarena Otxotorena “Mattin” (ilustraciones). Lugar: Euskaltegi AEK del Antiguo (Donostia). Día: 18 de enero. Asistencia: unas 30 personas.

Puede que el Alzheimer sea la enfermedad actual que más afecta a enfermos y sus familiares en occidente. Un paseo triste y azaroso por el declive de la memoria que, como era de esperar, hace que los creadores artísticos sientan la necesidad de escribir artículos, redactar novelas o, como es el caso que hoy tratamos, hacer canciones para plasmar las historias diarias relacionadas con esta enfermedad neurodegenerativa.

El autor hernaniarra Andoni Tolosa “Morau” ha hecho pivotar su siguiente álbum sobre este tema. “Egunsentiak alperrentzat” es la recopilación musicada de los diez años de paseos realizados con su madre, aquejada de esta dolencia. Doce tonadas que se presentaban ayer en un ambiente de “reunión de amigos” y con la compañía de Iñaki Martiarena Otxotorena “Mattin”, dibujante que se ha encargado de interpretar las letras del disco bajo la técnica del linograbado.

Acostumbrados como estamos a que estos dramas personales hagan fluir emociones trágicas, el guipuzcoano centró sus fuerzas en describir la cotidianidad de sus vivencias. Un paseo tan bello y detallado que a veces hizo tambalear al autor en su duelo. Narrado todo con tanto cariño que fue imposible no esbozar una pequeña sonrisa de afecto cuando Morau cantó “Irakurgaiak”, “Diagnosia” o “Maleta”. También destacaron el folk de “Zuhaitza”, el toque Neil Young de “Gaixo” y el aire pop de “Mina”.

Morau no es un doctor ni ha publicado una guía de buenos consejos. Sólo busca que la luz se cuele en las oscuridades, explicando de manera cercana – y en este punto resultaron fantásticas sus explicaciones entre canción y canción – las particularidades de esta situación cada día más habitual. Helando un poco el humor, desbordando de amor familiar todos los pasajes.

Juan Luis Etxeberria