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Categoría: Críticas de conciertos

Noche elegante

Intérpretes: Alberto Anaut (voz y guitarras), Gabriel Casanova (teclados), Javier Geras (bajo eléctrico) y Javier Gómez (batería). Lugar: Kutxa Kultur Kluba (Donostia). Día: 4 de enero. Asistencia: unas 150 personas.

¡Qué complicada es la vida del músico! Quizás, afortunadamente, solo identifiquen como tal a quien le da a un botón en un “reality” musical o al cantor que llena un estadio de fútbol en su urbe.

Pero en esto, como en todo, abundan los currelas. Bandas como Anaut, quienes (como sucedió ayer) tocan al mediodía en Logroño y a la anoche en Donostia sin que se note una fatiga, una mala cara – todo lo contrario, su cantante tiene el look del yerno ideal- o un desfallecimiento. Profesionales e inteligentes, son gente que busca adaptar su largo repertorio al lugar o el espacio.

Ya les vimos brillar este verano en el Musikagela Fest celebrado en nuestra capital. Fueron de lo más aplaudido aquel día de calor sofocante. Y ayer, en la jornada más heladora de los últimos meses, volvieron a la sala Kutxa de Tabakalera para confirmar el buen sabor de boca. ¿Lo consiguieron? A ratos.

Es innegable y sobresaliente su arte a la hora de mezclar estilos de raíz norteamericana. Haciendo estrofas de cualquier palo clásico, buscando un estribillo contagioso (“I Will”) y clavando el salto de salida. Defendiendo los aciertos de grupos como Josh Rouse o Ryan Adams en esa etiqueta que llaman “Americana” (“Little by little”). Acercándose al funk (“Liar”), picoteando del pop popular de los años setenta (“I love the way”) o buscando aquello de bailar pegados con gran estilo y elegancia.

Se permiten, bajo techo, lujos como el del sinfonísmo de “Don´t let me down” y otros cortes de calmado parecer. Peligro que superaron con el vitalista empujón perpetrado en la zona final de un concierto lleno de cuarentones, lo cual para unos lectores será atractivo y para otros repelente.

Resumiendo. A Anaut les sobra calidad y buenas maneras. Tienen gusto para machihembrar estilos. Y discos chulos como “Hello There”, su último trabajo. Si saben salvar, o cuando menos estilizar, esa cadencia por los temas calmados apuesto que conseguirán llegar a públicos todavía más amplios.

The Lookers: pop eterno

Intérpretes: Muskulo, The Lookers. Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 29 diciembre 2018. Asistencia: unas 150 personas.

Menudo fin de semana donostiarra han tenido The Lookers. El viernes se estrenó en nuestra capital la película que protagonizan (“El decimosexto sueño de un artista”) y al día siguiente airearon las canciones de “Real Things”, su último CD, en la sala Dabadaba.

Abrió la velada la banda Muskulo, de Orereta. Un combo instrumental seleccionado por la propuesta “Artistas en ruta” que tuvo momentos certeros en su océano de influencias. Se hizo un poco largo su set, pero eso suele ser habitual en los shows con la voz muda.

En el lado contrario del balancín se situaron The Lookers. El joven trío de Ziburu es impacto y melodía. Con canciones cortas y directas en las que concentran todos los aciertos del pop vibrante clásico. Lo que ha gustado, gusta y gustará más allá de las modas. The Jam, los Undertones, la psicodelia que viene de los EEUU o los sempiternos The Beatles. Todo muy descarado. Con una sonrisa en la cara y un brinco en cada estribillo. Hay futuro es sus trastes. Y es bien bonito.

Aaron Abernathy: un alma suave

Intérpretes: Aaron Abernathy (teclados, voz), Abel Calzetta (guitarra), Manuel Sanz (bajo), Akinsola Elegbede (batería). Lugar: Kutxa Kultur Kluba (tabakalera). Día: 6 diciembre 2018. Asistencia: lleno, unas 300 personas.

El soul es un estilo peligroso. No tanto por la violencia de sus espectadores sino por lo implícito de su definición. Cuando lees el “palabro” en una web esperas cadencias tórridas, de parentesco africano, aceleradas y agitadas. Con gente que te mira mal si no te posee el ritmo. Parece, se entiende, que si llegas con ese término como estandarte en tu promo todos y cada uno de los presentes van a agitarse como su estuvieran poseídos por un vudú. Es lo que se oferta, es lo que se espera.

En ese riesgo cayó Aaron Abernathy, quien sorprendentemente llenó la sala Kutxa sin dejar un ticket a la venta. Y eso que su oferta era desconocida aún en una ciudad que gozaba de su puente festivo. No tengo respuesta para el llenazo, muy agradecido por el autor durante toda la velada. Y tampoco soy capaz de decir que el concierto fuera flojo. Pero sí que, ateniéndonos al dichoso soul, hubo bastante más jazz y una proliferación de ritmos suaves dignos de cenas románticas. Nada malo, nada mal ejecutado por esa banda montada para la gira española. Pero…

Para más riesgo, la banda quiso montar el set como un “medley” sin paradas, lo cual les acercó peligrosamente a los pintxopotes musicados. Destacaron, con honores, los temas más calmados. “I Need To Know” fue una de las mayores delicias de la noche. Y sumamos al mundo de los aciertos positivos el tema del siguiente disco que el creador tuvo a bien estrenar en Donostia. Una melodía que derrochaba elegancia y estilo, animándonos a no perderle la pista. Remarcando, en el vistazo general, esa voz principal que los más benévolos compararon con Prince. Mas la gente pareció echar de menos el escenario grande del Jazzaldia, con sus autores nerviosos y sus ritmos negroides contagiosos. Nada, otra vez será.

Publicado en el Diario Vasco

Fiesta aniversario Buenawista Prolleckziom’s: los chicos son guerreros

Intérpretes: Los Bracco, Last Fair Deal, Discípulos de Dionisos. Lugar: Casa de Cultura Intxaurrondo (Donostia). Día: 17-11-2018. Asistencia: unas 150 personas.

De autogestionar un edificio y ser el epicentro del punk-rock nacional a coordinar locales de ensayo para que las siguientes generaciones puedan ir despuntando. Los 30 años recién cumplidos de la asociación Buenawista Prolleckziom’s e celebraron, cómo no, con música en directo.

Abrieron la noche Los Bracco. Su rock urbano, a caballo entre The Rolling Stones y Tequila, se mezcló con composiciones más reggae, pizcas de rockabilly y devaneos cercanos al sonido Manchester. El abanico de estilos se abre con el paso del tiempo, pero es en el barrizal donde mejor se mueve este sexteto.

De Bizkaia llegaron Last Fair Deal con las cosas claras. “No hemos pasado de 1973”, bromeó el bajista del trío cuando alguien desde el público le pidió un tema moderno. Su fusión de hard rock, blues y rock sureño no va a cambiar el mundo. Pero su ejecución fue sucia y magistral. Atractiva y potente. Fueron una agradable sorpresa.

Y la fiesta se cerraba con los donostiarras Discípulos De Dionisos. Su punk-rock de temática adulta (sí, el “adulto” de “cine para adultos”) sonó endiablado, aparcando la antigua pirotecnia visual para centrarse en tocar sin apenas reposo. El cuarteto local sigue en forma, soltando zurriagazos melódicos con desparpajo. Y la fiesta aniversario finalizó así tras cuatro horas de música a gran nivel. ¡Zorionak, Buenawista!

Forever king of pop: baño de nostalgia

Intérpretes: seis cantantes, doce bailarines, dos acróbatas, cinco músicos. Lugar: Auditorio Kursaal (Donostia). Día: 10 noviembre 2018. Asistencia: dos pases llenos, unas 3600 personas en total. Entrada: 25-40 euros.

“El arte necesita nostalgia”, dijo Alejandro Dolina en sus «Crónicas del Ángel Gris» adelantándose quizás a la abundancia de regresos al pasado que tiene la música hoy en día: bandas tributo, reediciones de discos, realities televisivos sobre canciones famosas… En algún lugar de ese gran mundo habría que ubicar “Forever. The King of Pop”, el espectáculo basado en las composiciones de Michael Jackson que llenó ayer sus dos funciones en el Kursaal donostiarra.

La nostalgia tiene otro puntito, y es que te tiene ganado de antemano. Muy gualtrapa hay que ser para echar por tierra los aciertos de artistas tan grandes como este Jackson. No es el caso. “Forever” no cae en el error de imitar, una derrota segura, sino que juega a adaptar. Y, sobre todo, quiere y consigue entretener a los fans del rey del pop.

Todo en esta obra fue ágil, vigoroso y saltarín. Los seis cantantes entonaron en compañía, alejándose la mayoría de las veces del irrepetible timbre del cantor original. Los imitadores de los famosos pasos del autor de Indiana fueron muy jaleados. Y los bailarines cambiaban de vestuario casi con la misma velocidad que daban brincos. No olvidamos los dos malabaristas que tan pronto hacían break dance como danzaban capoeiras. Por haber hubo hasta beat box, comedia e ilusionismo, con una caja que hacía desaparecer gente.

El montaje fue sencillo pero efectivo. Un andamio permitía ver todo lo que pasaba sobre el escenario, ya fuera interpretado por los cinco músicos, cantado o bailado. Las pantallas fueron un buen complemento. Y las luces tuvieron su relevancia en la fiesta del dinamismo que fue este “Forever”. Un concierto-homenaje que tiró del popurrí en buena parte de su set y que tuvo en “Thriller” y “Smooth Criminal” sus adaptaciones escenográficas más acertadas. El público, de corte familiar, disfrutó de lo lindo con el espectáculo y despidió a los intérpretes en pie.

Los Secretos: Grandes éxitos

Intérpretes: Los Secretos. Lugar: Auditorio Kursaal (Donostia). Día: 1 de noviembre del 2018. Asistencia: lleno, unas 1800 personas.

Se llenó hasta la bandera el Kursaal donostiarra para ver el retorno de la banda madrileña Los Secretos y su “A tu lado tour”, una gira que ensalza sus cuarenta años de vida. Ahí es nada.

El escenario de la cita se mostró austero. Unos focos para iluminar la primera línea de los ejecutantes, una pantalla al fondo que intercalaba las imágenes de las estáticas cámaras de vídeo con otras de archivo. Y algunos fogonazos en forma de juego de luces. Como detalle más novedoso, los cuatro pequeños ventiladores que la voz cantante situó a sus pies. Sin llegar a gastar la potencia de Beyoncé, sus giros ahuecaban la melena de un Álvaro Urquijo que mostró una sonrisa perenne durante toda la noche.

El propio Álvaro explicó que la lista de – veintisiete- canciones del evento se había realizado teniendo en cuenta los gustos de los oyentes. Para ello atendieron a los visionados en youtube y los comentarios en Facebook. El resultado: un “grandes éxitos” en toda regla. O una forma como otra cualquier de tributar tu tributo, vamos.

Bien fuera por los “likes” ajenos o por las decisiones propias, pocas composiciones escaparon del influjo del desaparecido Enrique Urquijo. Se le vio en las imágenes proyectadas sobre la pantalla, se le mencionó entre temas y se le “escuchó” en la selección de melodías. Nada nuevo bajo el sol, su recuerdo protagoniza los conciertos del combo desde hace años. Pero esta vez, quizás por el redondo aniversario, la cosa fue aún más visible. Solo cinco de las canciones que sonaron en el Kursaal fueron posteriores a la muerte de Enrique, y dos de ellas llegaron en forma de versiones (de Jose Angel Espinoza “Farrusquilla” y Ron Sexsmith).

A nivel sonoro el quinteto ya tiene una marca propia a ratos cercana a lo fronterizo, otras ya con los dos pies en territorio USA y en ocasiones clavada en el pop ochentero patrio, que para algo fueron santo y seña de su versión más “soft”. Dejando de lado las diez guitarras que había en el escenario y la aparición de Mikel Erentxun en “Quiero beber hasta perder el control”, Los Secretos ofrecieron un sonido homogéneo que consiguió alinear a su vera temas de todas las épocas. Aunque en los cortes más famosos, los de la primera época, aún se intuyera cierto nervio juvenil en los rasgados. El que tenía en aquellos años la audiencia presente en su cita donostiarra. Gente que coreó, aplaudió y jaleó hasta que nos dieron “las diez y las once”, como cantaron en “Ojos de gata”. Y como los asistentes siempre tienen la razón (una idea muy divertida: en el paseo de vuelta a casa escuchamos por distintas bocas que el concierto había sido muy flojo, formidable, muy animado y muy tranquilo), pues aquí paz y después gloria.

Ghost Number & His Tipsy Gypsies: este muerto está muy vivo

Intérpretes: David Pisabarro (banjo, voz), Jon Ander Burgos (trompeta), Miguel Arribas (saxo), Jordi Arcusa (trombón), Nerea Quincoces (percusión), Iñigo Manterola (batería), Ander Solabarrieta (guitarra), Arantza Molina (violín), Lidia Insausti (voz) Sara Grajal (voz), Karmen Salazar (voz). Lugar: Sala Dabadaba (Donostia). Día: 31 de octubre del 2018. Asistencia: unas 250 personas.

Celebración de Halloween, la llegada del año nuevo celta (“Sahmain”) … Todo el que quiso celebrar algo la noche del 31 de octubre pudo hacerlo con el fin de gira de la banda donostiarra Ghost Number & His Tipsy Gypsies en una sala Dabadaba engalanada para la ocasión.

Después de 40 conciertos con fechas bastante potentes (Jazzaldia, Hondarribia Blues, Cazorla Blues), el populoso combo anunciaba un parón para grabar sus nuevas canciones. Y lo hacía en casa, a lo grande, con una formación que en ocasiones se estiró hasta los doce integrantes. Nada que el pulcro sonido del local no pudiera ecualizar de manera precisa.

Y todo el mundo, disfrazado o no, movió el esqueleto al ritmo del swing. La banda le pone etiquetas más ajustadas, porque su música bebe de cien sitios festivos. Emir Kusturika y sus marchas, el blues, la música del Far-West o Nueva Orleans. Las nuevas composiciones nos permitieron disfrutar de otros sabores, caso del son cubano, el calypso y el rock. Las melodías más tranquilas nos acercaron ese otro sonido habitual, el del murmullo de la gente.

La primera línea de escenario fue intachable: desde el buen hacer de la violinista hasta el marcado compás del contrabajo, pasando por la guitarra y la trompeta. Al frente de todos se situó el cantante y músico de banjo David Pisabarro, quien ofreció una gran voz en todos los registros y no dudó en buscar los coros de la gente en algunas composiciones.

Todo en estos Gypsies está dispuesto para el disfrute de los asistentes, y el grupo se mostró concentrado en su labor y contagioso en la ejecución, presentando una maquinaria bien engrasada. Y así, tras un bis con varias partes y casi dos horas de actuación, la banda se retiró a sus catacumbas dejando un gran sabor de boca.

Elena Setién: Lujos terrenales

Intérpretes: Sara Zozaya, Elena Setien con banda. Lugar: Sala Kutxa Kultur Kluba (Donostia). Dia: 19 de octubre: Asistencia: unas 150 personas.

Hay gente que es de otra pasta. Artistas que iluminan el término hasta que éste vuelve a recuperar el respeto perdido. Elena Setien es una de esas personas. Un ejemplo de retorno de talento: Tras varios años desarrollando su arte en el norte de Europa volvió a Donostia y aquí continúa su prodigioso crecimiento. Viaje que le ha llevado a fichar con Thrill Jockey, sello “indie” que bien podría encuadrarse en el Top 3 mundial del ramo.

Setien actuó el pasado viernes en la capital guipuzcoana. Y volvió a sacudirnos los templos. Así son los grandes creadores. Lejos de quedarse en las formas más aplaudidas, ellos y ellas continúan imaginando, creando, avanzando. Las nuevas composiciones (“We See You Shine”, “She Was So Fair”) son clásicos instantáneos en nuestras listas y todo indica que pronto lo serán en otras más internacionales.

El nuevo estilo de la donostiarra es menos etéreo, con el country como posible nueva etiqueta asimilada. En este brillante nuevo camino tienen gran relevancia Fernando “Lutxo” Neira (bajo) y Karlos Arancegui (batería), sus socios la pasada noche. Ellos le añaden una deliciosa tensión a los temas sin pasar nunca al primer plano ejecutante. Especialmente remarcable el trabajo del más vistoso, Arancegui, quien supo brillar en las suavidades y silencios.

Hubo momentos para vacilar con un sonido de teclado que le recordaba a Enya, jugar con “loops” y recordar a un aita “que no está pero está”. Gozamos con creaciones que unían el entierro de la sardina y la música de funeral de Nueva Orleans, acordándonos de Gainsbourg o Lee Hazlewood. Y disfrutamos con los nuevos envoltorios de las viejas golosinas (“Dreaming Of Earthly Things”)

Abrió la noche la joven Sara Zozaya, de la que destacaremos las vaporosas canciones cercanas a Mazzy Star que sonarán en su próximo disco, a estrenarse en unas semanas.