Anthony Braxton.¿Are you talking to me?

Curiosa la experiencia de ver a Anthony Braxton y sus coleguitas en el Cubo pequeño Kursaalero ayer. Música contemporánea la llaman quienes le han querido poner puertas al campo.

La cosa empieza con todos los músicos en círculo (yeah, como en las terapias de grupo) apretando de forma locuela sus instrumentos mientras miran sus partituras. Así como 40 minutacos todos a saco, haciendo sonar esas notas que parecen dibujadas al libre albedrío, como si te echas una carrera y dejas que caigan gotas de agua negras en un sirimiri sobre tus pentagramas.

Durante el acto los músicos iban hablando entre ellos, como improvisando y cambiando en grupos de a dos las partes siguientes.  Destacable la imagen de la guitarrista. Fue verla y jurar que no iba a montar en un triciclo en la vida. Cosas de ver a la inspiración real de «El resplandor», me temo. Que forma de contonearse, madre mía, qué miedo.

Ya me la imaginaba de ligoteo en un bar de singles, hablando con el Mike de turno y diciendole «pues yo toco la guitarra y tal», y luego se lleva al mozo a casa y se pone en esa posesión tan suya. Al chico le faltaría tiempo para montarse en un cab.

Dicen que la música crea sensaciones. Y que este tipo juega más a ello. Me faltan conocimientos para afirmar si la fiesta txikipark de los isntrumentos con partitura de ayer fue buena o mala, snob o cruda. A mí me generó mucha tensión al principio, y una indiferencia brutal en los 3/4 finales de la única composición (o eso) tocada ayer.

Y creo que si te deja indiferente, por muy genios que sean los ejecutantes (que lo eran), la oferta no es buena.

¿A quién quieres más, a papá o a mamá? (Versión Maceo Parker)

FOTO DE YOSIGOAyer volvimos al Victoria Eugenia a ver el nuevo experimento de Maceo Parker, uno de los tantos y tantos candidatos a Tambor de Oro de nuestra ciudad por varias cuestiones: Es negro (un guiño a la unión de culturas), es músico (arraigo en la entrega de galardones a los instrumentistas), es bueno y, la más importante de todas, el saxofonista no recordaba cuantas veces había tocado en la ciudad. Señal que han sido muchas.

Maceo Sopla que te sopla hasta tirar la casita de paja se ha arrejuntado con la orquesta WDR de Koln para versionear las canciones más gloriosas de Ray Charles. Si, efectivamente, para qué se meterá en camisas de once varas si dando la vara como sólo él sabe es casi inimitable.

La cosa funcionó. En la medida de lo posible. Contar con 16 músicos de viento es todo un lujo muy bien aprovechado por Parker. Y tener como compañeros a la sección rítmica del norteamericano hace que la banda del pueblo suene como sacada de Shaft.

Pero, en esa típica pelea de padres divorciados de «no, mi niño se viene conmigo», sufrimos los tirones pero no llegamos a despegarnos de uno para abrazar al otro.

Cuando tocaba predominio de Big Band, a los Parker se les veía encorsetados, peleando contra esos temacos soul que Big Ray hizo en su larga andadura. No es problema suyo. Es que hay que ser una banda de negros de pura cepa, y no chicos de partitura, los que deben interpretar las versiones. Claro que entonces perderíamos el lado experimental del cuento.

Luego, cuando los Parkers se soltaron la melena, los miembros de la orquesta alemana podían haber hecho turnos para ir a cenar. Su aportación bajó muchos enteros. Y quizás deberían haber bajado algunos más aún. Porque cuando la cosa se pone fiera, trotona, con pegada y slap de bajo, supusieron un pequeño lastre, mínimo,  para el contorneo animal. Claro que entonces perderíamos el lado experimental del cuento.

  • Espera un momento. Si juntamos dos cosas que no casan mucho, y que sin desmadrarse cada una en lo suyo consiguen un punto común que permite disfrutar, entonces es que la aventura ha merecido mucho la pena y hemos disfrutado mucho, no?
  • Ostras, pues sí.

Eutanasia Blues

Acaba de pisar la ciudad Springsteen (59 años), y se casca un concierto de tres horas. El chavalín Tom Waits (otros tantos) sigue mostrándo su particular y enérgica visión del mundo.

Los Rolling Stones (Keith Richards 65 tacos) siguen dando giras y saltitos sobre las tablas como usted y yo viajes en bus de línea.

Entonces…¿Por qué Jonnhy Winter, la estrella del blues que ayer inauguró el Jazzaldia en el adaptado Victoria Eugenia Skoda, se escapa de estas definiciones?

Dado que nuestra hospitalidad con los astros sólo entiende de lujos enplatados, puede que Winter no haya visitado Akelarres ni Arzakes, y que por eso el chato anda tan tan tan fastidiado.

Otra razón por la que no se haya pasado por semejantes templos puede ser que el empuje vital de esta gira es la bancarrota económica en la que entró a finales del 2006. O que la enfermedad nerviosa que le apaleó en 2001 y le impidió mover la mano derecha hace que sólo tome sopas con pajita.

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