Expo-sible

Llegó el gran día. La inauguración. Jorge había estado insoportable las últimas semanas, mandando emoticonos que nada tenían que ver con la charla que manteníamos en el grupo de Whatsapp. O simplemente, callando entre horas. Era comprensible. Pasarse tantos meses preparando esta muestra le pondría de los nervios a cualquiera.

Eran las siete, la hora en la que Marta y yo habíamos quedado para verla. Siempre nos gustaba ir un poco antes, para evitar aglomeraciones en la entrada y que el servidor no se cayera en la hora de mayor afluencia. Museonline estaba reluciente. Tantos trasnoches habían merecido la pena. Fuimos viendo las obras con calma, comentando vía gtalk nuestros gustos y disgustos. Aquel jpg gigante situado en la entrada no dejaba indiferente. Para unos una mierda con ojos. Para otros una flamenca y un arcoiris sobre la ciudad.

Recorrimos las salas a golpe de click, pasando de una a otra casi a la vez. Oh, vaya, esta está caída, no carga. Parece que están dándole los últimos retoques al espacio dedicado al arte moderno. De fondo, el midi suave, de easy listening, apenas molestaba en el scrolling. Ninguno le dimos al pause, mientras reíamos con la intro en flash del Espacio Vintage. A su lado el streaming del documental tenía cada vez más visionados.

Saludamos a Eneko, que acababa de llegar (al hilo de FB). Siempre va tarde, pero siempre va afilado en sus opiniones. “Esto no vale un Fav, queridas”. Llegamos a la tienda. Yo compré un retrato y una postal. Puse la contraseña del paypal y me prometieron que en 48 horas lo tendría en mi buzón (web). “¿Tomamos un café?”, dijo Eneko. Hice mi pedido mientras me ponía algo de ropa para la llegada del repartidor. No era plan recibirle en camisón y esta ropa interior que gritaba muda “hoy no pillas ni en xtube”. Mientras, pensaba en qué ponerme para la fiesta posterior, un podcast de música electrónica. Me temo que mañana tendremos Google Hangover….

Encendí un cigarro electrónico, y me senté a escuchar a los amigos charlando sobre el pasado fin de semana. Él hablaba de Tinder, mientras ella hacía juegos de palabras con el término. “Se ha perdido el cariño”. Todos aplaudimos. Vía móvil, claro.

En lo alto de la escalera. En lo más alto.

Lunes a la tarde. Cargo la guitarra y la mochila para que vuelvan a casa. Cargar, el verbo. Ojalá fuera Transporter, habría tiros y saltos y coches caros destrozados. Pero yo, no soy un sherpa que va a ir ladeándose con la edad hacia el lado que aguantaba la guitarra.

Llego al túnel de Egia. Camino hacia la vertiente del río. Voy cruzando el río (no me hagan seguir el estribillo, por favor) a nivel subterráneo. Ciclistas que vuelven a casa se cruzan en mi camino. Señores mayores a los que todo les vuelve a llamar la atención, pero esta vez por falta de estímulos más relevantes, se quedan mirando mi pesado caminar. Hoy no está el flautista punk. Le tocaría ducha.

Llego a las escaleras solo. Nadie de frente, nadie a mi lado. Levanto la cabeza y veo una pareja adolescente sentada casi al nivel de la calle. Muy felices. Se distancian unos pocos centímetros. Son jóvenes, es la medida. Si estuvieran cada uno en una acera deberían escribirse cartas o telegramas.

Sigo mi caminar. Y sonrío. Siempre lo hago, me sale de dentro, sin filtro. Es un sentimiento puro. Porque son dos chicas, en sus tiernos 20, o menos, quienes se están queriendo. Con una felicidad máxima, y el pelo cortado de manera la mar de normal. Es su mayor logro. Que todo sea normal. Y por eso sonrío…

Maher Shalal Hash Baz: Testigos de jorotá

Ayer me acordé mucho de tí, Borja AMA. Recuerdo una frase, positiva en nuestro mundo, que solías decir: “Es como los finales de canciones de los Pastels, cuando se les caen los instrumentos”. Te referías a esos cierres donde los sonidos van parando cuando les apetece. Pues , querido Borja, el concierto de ayer de MAHER SHALAL HASH BAZ fue así todo el rato. Una cosa pop tan descacharrada e informal que era sumamente adictiva.

Instrumentos en el límite de la afinación común, miles de hojas con miles de letras que en guru principal iba seleccionando. En inglés, y no. Con una abuelita de cuento japonés pasando el micro entre todos o cantando una canción preciosa al final. Toda una señora orquesta de la chatarrería melódica, dispuesta físicamente ante el gran gurú. Pero no al estilo de aquellos que tocaban temas de Tom Waits, entre el teatro y la música. No, estos Baz tenían instrumentos reales, aunque esa guitarra con altavoz incorporado fuera propia de un universo paralelo. Es uno de esos grupos que te marca para siempre, que es un antes y un después. Sí, podían ser los Pistols de 24 Hour Party People, y el futuro de Donostia sería entonces maravilloso.

La idea actuante, como bien imaginas, Borja, se sostenía con pinzas – no hacía falta más- por la señorita a la batería y el foco principal. El resto parecían haber sido contratados en el vuelo de llegada, aunque ninguno dio una nota más afinada que la otra. No era como con Micah P Hinson, genial recolector auditivo entre repartidores de pizzas. Y perdona que ponga tantos ejemplos, pero es que fue inaudito. Convirtieron a Stephen Pastel en Neil Hannon. En realidad, y afinando hasta donde se puede, Los Pastels hacen una versión occidentalizada de esta música.

Y, repito, tremendamente adictivo y optimista. No había más que escuchar, al final de cada tema, la salva de aplausos y gritos de quienes capeamos el temporal y nos acercamos al Bukowski. Fue genial, subieron a hacer un bis y todo. Y, atiende, vendieron los 8 singles a 10 euros que tenían. Y estábamos poca gente.

Lo demás estuvo bien. ¿Tú que tal por allá? A ver si hablamos por Line algún día. Cuidate

Cosas que adoro haber visto en su momento: Spiritualized en 120 minutes

Era casi una religión. Los domingos a la tarde-noche había cita videograbadora con la antigua MTV. Esa que solo emitía vídeos y tenía espacios en su parrilla para espacios como 120 Minutes y el posterior Headbanger´s ball (de corte heavy, característica que incluye a la presentadora, con más mechas que todo Rio Tinto).

Paul King, en un primer plano extremo que le dejaba la barbilla fuera, hacía de puente entre los vídeos que mataban mi ansiedad brit. Nunca entendí los amores hacia medianías tipo New Fast Automatic Daffodils, pero nunca agradeceré lo suficiente haber podido ver, en riguroso directo de emisión, este especial de Spiritualized. Aún lo tengo en VHS, esperando que lo vintage recupere ese tipo de reproductores.

La banda de Jason Pierce acababa de publicar “Lazer Guided Melodies”, su disco más directo y rabioso. Casualidad, el primero, si exceptuamos maxis imperecederos como “Anyway That You Want Me”. Los pedales aún cortaban, las baterías te aturdían y los loops eran espirales tóxicas. Y verlo en directo, todo lo directo que nos permitía la edad, allá por el 92, en un estudio en el que las luces estroboscópicas venían de serie, fue el cielo. Ese que nos gusta, el que también tiene un poco de infierno.

Dedicado a mi socio de MTVisiones por aquellos tiempos, el señor Daniel. Con ustedes, Spiritualized. 32 minutos de pura gloria.