Donostia, ¿hay algún médico en la sala?

Los análisis no engañan: Donostia tiene el colesterol alto. Así lo van anunciando los distintos informes turísticos, centrados sobre todo en la zona central del cuerpo.

No es de extrañar. Hemos castigado las células cosa fina, y el hígado ha dado la alarma: Demasiadas salsas (de pintxo), demasiado alcohol (para digerirlas), descanso ocasional (en las viviendas de uso turístico) y pocos (vecinos y tiendas de cercanía) para equiparar el colesterol malo con el bueno. Como si no hubiéramos aprendido que las burbujas (económicas) nos sientan peor que mal …

Y no solo los fines de semana, que ya no es un capricho de domingo. Ahora todo es “desestacionalizado”, y lo mismo da jueves que domingo, marzo que julio. Ningún momento es bueno para caminar por sus arterias.

Pero bueno, ya hemos visto los resultados, blanco sobre negro, así que el médico nos va a poner un tratamiento para curarnos.

Claro que el facultativo que nos ha tocado en lo Viejo – no os quejéis, que bastante que hay ambulatorio- es cuando menos creativo. No solo no nos ha quitado el foie (“¿te lo caliento un poquito en el microondas?”), sino que lo etiqueta de forma futurista e inclusiva (“slow eusko tapa semaine”) y monta más tiendas para poder llevarlo como recuerdo a casa. Y qué decir del pimple: Nos pone más vasos para poder ingerir alcohol, sin posibilidad de quemarlo en un polideportivo cercano.

Donde unos ven sobrepeso otros ven la viva imagen del gozo. El colesterol es el éxito, la victoria, la colocación de nuestro cuerpo en el mapa mundial de las células pochas. Ante eso poco se puede hacer, según dicen los vademécums: es la herencia (de la ausencia de violencia). Y “santas pascuas”.

Chuletas y phoskitos

La propuesta de descanso del doctor también deja fluir su lado creativo: bajo el mantra de “vamos a acabar con esta saturación” se evita depurar las células (habitacionales) existentes y asentadas y se intuye que solo se regulará las que vendrán a partir de mañana. Que es como decirte que le sigas pegando duro a la chuleta y la grasa saturada del phoskitos, pero que esa golosina nueva ya veremos si es buena o no. Por ahora el remedio le sigue saliendo algo caro para los enfermos, y no tiene pinta de que haya genéricos a mano.

Y no solo eso, sino que para que la bilis disfrute el doble la chutan directamente al centro del meollo (FNAC/ZARA) por vía subterránea preferencial y caprichosa , haciendo temblar media estructura corporal física y económicamente. “La Vena de Oro”, la llaman en otros cuerpos. Pero bueno, ante la necesidad de tratamiento ¿qué preferimos, un médico donostiarra o un médico que sea bueno ?

Telerrealidad

Mientras los brazos (Amara, sin ir más lejos) cuentan con unas venas libres de toda célula capciosa, con un número de letreros del “Alquiler” de crecimiento casi exponencial en sus tiendas y avenidas, nuestra glándula digestiva central, la que debe asimilar todo esto, anda pegando gritos. Curiosamente, potenciamos el mal y le ponemos cámaras y prime time, intentando dar premios dorados a quien nos promociona. Quien sabe, quizás todo esto sea para algún programa de TEN llamado “Infartos en directo”, cuya versión italiana (Venecia) está siendo todo un éxito de crítica -social- y público.

Puede que la teoría económica se base en una quirúrgica que indica que lo mejor es amputar un miembro (Centro) para que el resto sobreviva. O que la cosa sea gangrenosa y para cuando nos demos cuenta ya no se pueda hacer nada. Habrá que darle tiempo al tiempo, y ver la evolución de esta enfermedad. Pero es innegable que ya tenemos fatiga, fiebre y mareos (por la factura de alquiler).

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