Negarrea

Sei ziren sei
lan egiteko egunak
Sei ziren, bai
goibel eta latzak

Sei zen infernuan
zenbaki gogokoena
1936
abuztu latzena

Sei ziren mendian
galdu zirenak
zazpia bidean
dolu amildegian

ama ere han galdu zuten
besteekin batera
galdu, hitz jokoa
borondatez ez denean

Hango gaizkileak
izango dute semeak
leize itsua parean
ibili direnak

seme errugabe
seme oso zintzoak
Sei egunetan lan
ta zazpigarrenean festa.

Beste zazpik izan ez zuten
ohiko ordutegia

Pd: Legarreakoei dedikatua

Click. Click. Click.

  • “ponte, ponte ahí”
  • “aquí?”
  • “si, justo en la mitad”

La sesión de fotos iba sobre croma verde. Ella, de azul completo. Vestido veraniego sobre fondo tostado.

  • “Sonrie, hostia, sonrie”

La mano en la cadera. La mano en la pamela. La mano señalando el horizonte. La mano señalando la nariz. Sonrisa. Otro vestido. Carcajada. Un vestido más corto. Click, Click. Click.

En una mesa situada al fondo, lejos de los focos, una ayudante va retocando las fotos según la luminosidad del fondo elegido. Luz intensa en la bahía. Algo más oscura en los bares nocturnos. Manchas pintadas en los pintxos. Pintura facial en las fotos de “recién levantada”.

La modelo ya no sabía ni que cara poner, con lo que recurría a la sonrisa trampeada. La falta de dinero para costearse unos días en el extranjero no le iba arruinar un regreso al curro por todo lo alto. Acabábamos de entrar en julio, pero debía gotear las fotos en las redes sociales poco a poco. Y guardar algunas potentes, sugerentes o generadoras de envidia para el primer pase en la oficina a primera hora del primer día de septiembre.

La ruleta rusa

El juego era sencillo, pero muy arriesgado. Se metía la mano en una urna llena de papeles escritos. Cada uno de ellos tenía un mensaje. El moderador elegía uno al azar y lo leía en alto. Los presentes tenían 15 segundos para pronunciarse a favor o en contra de la misma. Y al final de las rondas los jueces opinaban y eliminaban. Como una ruleta rusa, pero sin muerte.

Quedaban pocos concursantes ya. Del centenar inicial apenas una mesa y dos sillas apartadas de ella. En ese momento llegó la siguiente cuestión, “la que separará hombres de niños” según anunció la voz del micro. Los participantes se habrían echado a temblar si no lo llevaran haciendo ya desde el inicio de la prueba. Menuda papeleta, nunca mejor dicho.

El presentador abrió el papel despacio, o eso les pareció a los allí presentes. Arqueó un momento las cejas, el tema era peliagudo. Miro al frente, oteó a los concursantes, y con voz seria y profunda les dirigió la siguiente pregunta:

“¿Qué sistema de recogida de basuras prefieres para tu comunidad?”

15, 14, 13, 12….

Jaime, aferrado a su silla cual viajero del Dragon Khan, intentaba recordar. Pero no conseguía aclararse. ¿Qué decía su partido político favorito?

Y más importante aún…¿Cuál era su opinión actual sobre el tema?

11, 10, 9, 8….

Echaba la vista atrás a las portadas de su diario de cabecera, a las noticias de su canal televisivo preferido, a las conversaciones de bar, a los cafés del trabajo.

Nada de esto acababa de resolver sus dudas.

7, 6, 5….

Aquella cena con su novio, miembro del oculto lobby tuitero, había sacado el tema cerca de los postres. Pero solo recordaba el tiramisú. ¿Qué había dicho en aquella velada?¿Y su partenaire? Bueno, eso importaba menos. No hay que fiarse mucho de quien deja la tapa del baño levantada.

4, 3…

Recuerda la incineración, y la recogida selectiva, pero ambas confluían en la mente como los bizcochos y el mascarpone. ¿Cómo es posible que recordara perfectamente los bailes posteriores y no ese punto clave en la cita?

2, 1….

Toca elegir, hay que dejarse llevar por la opinión propia, personal, única. Pensando en sus hijos (adoptados y bien chinitos, pero igual de queridos), en el futuro que les espera, en la salud y en la enfermedad,…

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Ola de calor en toda la región

Bip….bip….bip…..

“¿Dónde estoy?”, pensó sin aún abrir los ojos. No pensaba hacerlo. Mejor ir aclimatándose poco a poco. Escuchaba una especie de fuelle, y ese sonido discontinuo. ¿Habría alguien en la sala jugando al ping pong en el Atari?

Bip….bip….bip…..

¿Qué día será? Hace sol. Lo nota en la claridad de sus párpados aún cerrados. Abre un ojo. Despacio. Está tumbado. Tapado con una fina sábana. No tiene frío. La habitación es de hospital, y está vacía. “¿Qué hago aquí?”

No consigue recordar nada. Ni su nombre, ni cuánto tiempo lleva, ni la razón de su hospitalización. ¿Por qué estará ingresado? Mira y ve dos piernas y dos brazos. Perfecto.

No hay nadie más en la habitación. En la mesilla ve una foto enmarcada. Sale él, una bella moza y dos niños jugando con un perro. Demonios, solo falta un bote de detergente para ser un anuncio. ¿Será su familia?

Bip….bip….bip…..

Primer recuerdo recuperado: Era modelo de esas fotos que vienen por defecto a la hora de comprar marcos. Se ve a sí mismo en bañador en el estudio fotográfico situado en las afueras de las afueras, y los montajes de cromas que le trasportaban de jardines a mares azules en un milisegundo. Pero aún no consigue saber el año en curso.

Ve un mando de la TV. Lo aprieta buscando más información.

Bip….bip….bip…..

Llega a un canal de noticias.

  • “El paro tiene la mayor bajada en meses”
  • “Ola de calor en toda la región”
  • “…desde que hay registros…”
  • “recuerden hidratarse y no realizar esfuerzos”
  • “Cuidado con las chancletas. El 78 por ciento de los adultos ha sufrido problemas en los pies debido al uso de este calzado”
  • “Máxima afluencia de turistas a los hoteles, que andan cercanos a la ocupación completa”
  • “los hosteleros se quejan de la baja calidad del turismo urbano y la pérdida de beneficios”
  • “un joven cae a la acera tras intentar saltar de un balcón a otro”
  • “ya apenas hay sirimiri, es cosa del cambio climático”
  • “Las gaviotas,  cada vez más cerca de la gente”
  • “El festival batió el record de asistentes”
  • “estupenda cosecha de uva, el vino de este año va a ser excepcional”
  • “El último fichaje del Madrid ha metido un gol por la escuadra”

Bip….bip….bip…

Apaga la tele. Imposible salir de dudas. Habrá que buscarse otra manera de ubicarse en el calendario.

El Miedo

El miedo a la hoja en blanco. El miedo a nos saber qué poner, cómo hacerlo, qué decir. El miedo a cómo empezar y cómo acabar, a cómo cerrar con pirueta lo que se ha ido diciendo. El miedo a usar una palabra muchas muchas muchas veces. el miedo a no usar una palabra como “tiquismiquis” en su justo término. El miedo a decir mucho y poco. El miedo a dejarse algo por no haberlo apuntado. El miedo a pasarse de frenada. El miedo a que se gaste el boli. El miedo a que se acabe la batería. El miedo a que llueva y empape los papeles. El miedo a repetirse. El miedo a saber ponderar bien tono y fondo. El miedo a que te lean. El miedo a ser muy transparente. El miedo a que se deba cortar por falta de espacio. El miedo a tener que estirarse un poco. El miedo al bloqueo. El miedo al error en el envío. El miedo al repaso de última hora. El miedo a la errata que no puede solventarse por teclas amigas. El miedo a las opiniones ajenas previas.

El miedo, esa gran estupidez.

Porque el único miedo que debe dar la hoja en blanco es el de cortarse el dedo con sus afilados bordes.