Lágrimas rojas

Hostia, Joder, Yiosss”. Los gritos primigenios salen tras el último tanto, el que le encumbra después de su fangosa travesía del desierto del último año. Brazos tensos y puños cerrados hacia el cielo. Cualquiera diría que se ha pasado 70 minutos ejercitándose al límite. Unai Laso es el nuevo campeón de la Champions pelotazale, el partido a frontón completo, un Manomanista muy castigado este año por la acumulación de partidos.

Los amigos corren hacia él a ponerle un pañuelo y uno siente que van tan excitados que igual le cortan el riego de la yugular. El muchacho no se daría cuenta hasta bien entrada la noche. La adrenalina de ese momento único hace milagros.

La jauría grita feliz. Los 3000 aficionados, 1000 de ellos con entrada libre y el resto repartidos entre patrocinadores y compromisos de los finalistas, jaleando al navarro ganador en la capital navarra. Sería falso decir que David le venció a Goliath. Ezkurdia llegaba como favorito, cierto. Con el peso sobre sus hombros, ese armario ropero que le sujeta los brazos y los tacos. Pero la progresión de Laso fue inversamente proporcional a la de las criptomonedas estos últimos meses. Gozaba de varios subcampeonatos porque enfrente tuvo su cripto-nita, y la de todos, enfrente, de otro color: Asier Altuna. Tachado ese diezmado pero peleón recuadro, volvía a llegar a los cajones finales.

El comienzo fue el esperado. Muhammad Ali y Joe Frazier. Sugar Ray Leonard vs Roberto Durán II. Jugado a 3x. La balanza se fue decantando hacia el hasta ayer azul. Ezkurdia jugaba con mochila. Cada tanto era una piedra en el bolsillo. Apagado como el frontón en la presentación. Solo su elegante y efectivo dos paredes le sacó ligeramente del ostracismo. En su contra, tinieblas en los pocos arranques que tuvo con hasta dos faltas de saque. “He intentado ir tanto a tanto, sin ver más allá”, diría el ganador tras el match. Resulta que, con buen entrenamiento mental (Laso cuenta con ayuda sicológica. Ezkurdia también), lo de Simeone funciona también el píldoras pequeñas.

El domingo todas las tacadas cayeron del mismo lado. Golpeando atrás y dejando la pelota temblando sobre la chapa. ¿Era de bádminton o de cuero? Buscando las hebras del techo de un pabellón cambiante, de pared opaca y bote vivo. Sacando como los ángeles lanzan flechas de amor. Con ganchos abiertos que jamás pasaron de la raya. Convirtiendo los descansos en mercromina y tirita ante el mordisco del tiburón. Escayolando el brazo de un contrario que ofreció la versión mas deportiva posible al cierre, con esas bellas palabras hacia el victorioso.

Fin. Koniec. Cámaras y luces hacia el protagonista, a quién (quizás por los nervios y la emoción del momento) le sientan mejor las entrevistas escritas que las televisivas. Políticos, flores, copas y una txapela que, nerviosa en la corona, fue gorro carlista, visera rapera y toldo de playa. El subcampeón sonriéndole. Jaka, tercero en discordia, poniéndole bien la camiseta. El dueño durante todo el año de la elástica roja – la lleva quien gana este campeonato- disparando su orgullo al colocársela, besando el logo con más orgullo que Marcelo. Porque “La roja”, la de verdad, el algodón de sesenta machacantes, es el premio más importante de los ayer ganados. Después, por desarrollo temporal, las únicas lágrimas en la cara del vencedor, cuando su abuela presente en el frontón le dedica unas palabras. Conmovedor a rabiar en un deporte de apariencia física violenta pero fondo emocional.

Y ahora, dos semanas de vacaciones. Y un gozoso año colorao para todos los espectadores.

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