Nina Simone

Sureña, negra, bisexual y mujer. Al cóctel explosivo de Nina Simone no le faltaba ni el cardamomo. Y a pesar de todo eso, o quizás por toda esa pelea que su hermano describe como “las siete personalidades distintas de Nina”, ella fue “Amazing”, como recoge el título del film que el domingo vimos en el Dock Of The Bay.

Sobre esos cuatro pilares, sin apoyarse en exceso en ninguno de ellos, se asienta la película norteamericana que pueden pasar sin miedo por el canal ARTE – y no lo decimos solo por la rotulación de la misma-. Quienes solo la conocieran por la música del anuncio de Chanel Nº5 seguro que salieron retemblados con lo observado.

Extraña saber que la hija de la Sacerdotisa del Soul no quisiera participar en esta obra. No hay sal sobre ninguna herida, y apenas menciona los asuntos más turbios (drogas, relación con su padre, su ocaso). Pero poco importa que no ahonde en esas cuestiones Deluxe. La obra, la artista, se basta y se sobra para aturdirte, inspirarte y revolverte. Sensación que puede verse aumentada por la ingesta de un par de “1906”s en el ambigú del Teatro Principal. Una birra que deja la Voll Damm en Nenuco para traseros.

El asiento nos come cuando la vemos en escena. Dura, pétrea, terrorífica, parando los conciertos si alguien habla, con esa mirada penetrante. Y una voz rota y reconstruída para sonar directamente desde el alma. Suavidad envenenada. Dulzura que no quiso dejar de lado los problemas sociales de la época y que nos rompe un poco cuando escuchamos que “siempre está triste”. Ahora, cada vez que la volvamos a escuchar, seguro que nos encogemos un poco más.

Going underground

Primeras visitas, alguna de ellas muy satisfactoria, al Dock of The Bay, festival que invadirá de música proyectada nuestra capital donostiarra durante toda la semana. Un certamen que este año ha calado más que la lluvia caída. Las primeras sesiones rozaron el lleno del Teatro Principal. Y la proyección de hoy de Janis Joplin ha agotado taquillaje – a la espera de las entradas de urgencia que promotores planean sacar hoy-.

Dock 16 se estrenaba con Cant Stand Losing you, la visita del guitarrista Andy Summers a su grupo The Police. Fotos, ensayos, viejas grabaciones, estudios de grabación en el Caribe y el gélido caminar de una gira de reunión – horripilante eso de acabar un concierto y meterse directamente cada uno en su limusina- sobre una banda que llegó a la cima del mundo para, una vez más, acabar sus miembros en la antípodas de la amistad. La película incluye uno de los momentos del certamen, el del karaoke en Japón. Y si no te gustaba Sting después de esta película lo odiarás, no tanto por la visión del guitarrista sino por el retrato de megaestrella.

Cuánta diferencia con el dedicado a los Jam “The Jam: about the young idea“. Aún siendo británicos, no hay Commonwealth que los empaste. La película del trío de Woking tiene un ritmo velóz que hace que los 90 minutos de duración pasen en un vuelo. Como las canciones de la banda, puro nervio punk de cortinajes soul. Cada uno de los integrantes aparece entrevistado por separado – los litigios aún perduran, al menos en la mente- y el film cuenta con aportaciones más o menos anónimas de gente a la que los Jam le ha cambiado la vida. Hay escritores, fotógrafos, fans orientales, guionistas, músicos, directores de publicidad, actores (Martin Freeman) y alguna que otras sorpresa, como el papel del “nipple erector” Shane Macgowan en el devenir de la banda.

Viendo las dos es sencillo sentarse a pensar en el poso que uno y otro han tenido en nuestra vida. Mientras Police pudo ser la forma de integrarnos en la sociedad popular, The Jam fue la forma de pulir nuestra diferencia y capitalizar nuestra rabia juvenil. The Jam era la banda que te daba ganas de montar un grupo, escribir, o leer poemas. Police el grupo con el que ligar en los bares de bolas de espejo.