Democratiza que algo queda

Primero fue el necesario – todos los pasos a describir los son- abaratamiento del proceso de grabar canciones, con ordenadores caseros que hacían las veces de más amplios estudios a nada que le pegaras dos plugins de reverb.

Después llegó el “votanos para entrar en el concurso”, la publicidad de coste cero escondida bajo el celofán de la participación. Y la amazonia fotera, con miles de árboles iluminando los conciertos en lugar de las elegantes instantáneas de los aficionados o currelas más profesionales. Todos teníamos derechos a tener una foto de nuestro artista, o un vídeo, sin tener que pagar por ello ya que ya hemos cotizado la entrada.

El siguiente paso, otra vez del lado del autor, fue pedir pasta con dos cojones para que pagaran tu disco. Este lo hizo bonito. Aquel lo hizo elegante y detallista. Ellos le echaron mucho morro.

Y ahora llega el “tú también puedes ser promotor”, una idea anglófila que empieza a implantarse en nuestro país y que “democratizará” el trabajo de los promotores de conciertos. Otro quesito más en el paupérrimo trivial de un creador musical.

La idea se la imaginan: pides que un autor actúe en tu ciudad con un change.org o algo así. Pagas por adelantado – “ya que he pagado voy a ir”- , esperas al mínimo de asistentes al concierto, te regalan chapas, camisetas roídas y pelos del entrecejo. Y de paso metemos otro intermediario. Sin olvidar que este sistema promocional sigue pegando a lo alto, sin apenas trabajo de cantera.

El modelo teórico me encanta, como también adoro el del comunismo y os estoy escribiendo desde un móvil. Pero cuento los días para el siguiente paso: Por 2 euros elige los acordes que quieres que suenen en la siguiente canción de X. Por apenas 10 elige la letra. Por 20 saldrá con tu camiseta preferida. Y en webs especializadas existirá la posibillidad de poder acostarte con él.

Un despiece fenomenal en el que la creatividad y la autoría comienzan a volcarse al lado de los estilistas y contables, dejando de lado el mundo del pentagrama

Dean es más frío que Fassbinder


Me imagino a Dean Wareham sentado en el divan de su sique (Woody nos enseño que todos los neoyorquinos van a uno. Dean intentó purgarse con el excelente “Black Postcards”, pero ni por esas). Allá está Dean sobre cuero y remaches, esperando el fuego amigo. Saludos, charla social y llega la pregunta que siempre odia: “¿Con quién hablamos hoy, Dean?

Porque el chato tiene que tener un cacao en la cabeza que ni el cultureta de Gandia Shore. A veces recupera, junto con su bolsillo, los temas juveniles que grababan entre nubes de reverb. Otras fusila a los Feelies sin remordimientos. O se pasea haciéndose un Gainsbourg Las Vegas (clavao, pero algo acartonado y de fachada almeriense) con su querida.

Y, por si no fuera poco, ahora brota una nueva personalidad que antes solo se intuía en sus paseos de duetos: Lee Hazelwood – y derivados posteriores-. La nueva canción es más clásica que follar a pelo, y comparte título con una peli de Rainer Werner Fassbinder . Una melodía oscura y susurrada, en un viaje similar hacia el mundo tonal riguroso que tomó Iranzu LBV y cuya separación musical evitó toparnos con la Mark Lanegan de Amara.

Resumiendo: El tema es cojonudo. Y no puedo parar de escucharlo.

https://soundcloud.com/deanwareham/love-is-colder-than-death

Lullatone: Soundtracks for Everyday Adventures

No os equivoquéis. No tengo ninguna intención de ser el primero en decir que algo está guay. Pero a veces los paseos aleatorios por Bandcamp, que son como intentar ligar en el Bata, dan con cosas chulas porloquesea

De Lullatone me gusta su lado infantil y acústico, juguetón e instrumental – no cantan- . Y sobre todo, los títulos, una delicia costumbrista. Porque, como el título del disco indica, la vida diaria es una suma de horas de aventuras 😉

Te gustará si te gusta: Tontear contigo mismo ingenuamente

http://lullatone.bandcamp.com/album/soundtracks-for-everyday-adventures

http://www.lullatone.com/

Pop recién hecho

Este pasado lunes asistí a una fiesta hogareña. En ella, invitados ilustres aparte, había un señor que hablaba inglés y cocinaba (deliciosas) cosas orientales con saborcillo spicy. Todo ello en riguroso directo. Apañado en la cocina del lugar, el hombre iba sacando platos a mansalva, por un precio final bastante asumible para las hostias que nos dan en “la ciudad del millón de visitantes en fiestas”. El take-in-home, si están interesados, se llama Thesilverforksociety.com

En un momento de la velada, una de las asistentes preguntó a uno de los asistentes, cantor de brocha gorda, si estaría interesado en actuar en una fiesta privada para 45 personas. El mencionado se vio preparado para la hazaña, dado que cuenta con las caderas de Beyoncé o el pandero de JLo, quedando para una charla futura sobre la posibilidad real final y las condiciones de uso y disfrute.

Y al final vi que uno y otro, por distintas razones, componían una buena foto de la actualidad. Con palillos, claro, porque “pagar por comer” es más habitual que “pagar por ver/escuchar”

Como al cocinero le prefiero dejar en sus fogones antes de quemarme los dedos con alguna opinión, pienso que entre unos y otros van a condenar a los autores en solitario a ir ocupando salones de casas, con el flexo como iluminación dedicada y sus potencias naturales como equipo de sonido. Y no se equivoquen, que la idea me encanta.

Por una parte va a ser uno de los pocos lugares que queden. Eliminados los grandes escaparates, con las megabandas pasadas a trío y los grupos tocando en acústico, los posibles escenarios para la “one man band” están siendo ocupados por formatos grandes encogidos, que sacan el culo para echarte del tablado. Y no olvidemos que si eres un tipo en solitario tu capacidad de captar la atención va a ir siendo devorada por la marea de murmullo barero. Porque no eres el jodido Elliot Smith

Por eso mismo, porque tus cuchillos son de plástico y tus melodías cortan papel cebolla, hay que aprovechar el toque cercano de tu propuesta acústica. Joseba Irazokis aparte, lo normal es que seas guitarra y una sentida y emocional (bajita, vamos) voz. Y la gente que camina por la calle mirando el móvil agradece que estés en persona tan cerca, sin alturas. Y en pocos sitios vas a tener una gente tan atenta.

La cosa se ha tornado en una guerra de guerrillas donde las armas son los cupcakes de la mesa y las latas de fink brau (lo que probablemente cobres, quiero decir). Queda en tu mano saber monetizarlo – si quieres y puedes-, y disfrutar de ese momento dulce o salado.