Pop recién hecho

Este pasado lunes asistí a una fiesta hogareña. En ella, invitados ilustres aparte, había un señor que hablaba inglés y cocinaba (deliciosas) cosas orientales con saborcillo spicy. Todo ello en riguroso directo. Apañado en la cocina del lugar, el hombre iba sacando platos a mansalva, por un precio final bastante asumible para las hostias que nos dan en “la ciudad del millón de visitantes en fiestas”. El take-in-home, si están interesados, se llama Thesilverforksociety.com

En un momento de la velada, una de las asistentes preguntó a uno de los asistentes, cantor de brocha gorda, si estaría interesado en actuar en una fiesta privada para 45 personas. El mencionado se vio preparado para la hazaña, dado que cuenta con las caderas de Beyoncé o el pandero de JLo, quedando para una charla futura sobre la posibilidad real final y las condiciones de uso y disfrute.

Y al final vi que uno y otro, por distintas razones, componían una buena foto de la actualidad. Con palillos, claro, porque “pagar por comer” es más habitual que “pagar por ver/escuchar”

Como al cocinero le prefiero dejar en sus fogones antes de quemarme los dedos con alguna opinión, pienso que entre unos y otros van a condenar a los autores en solitario a ir ocupando salones de casas, con el flexo como iluminación dedicada y sus potencias naturales como equipo de sonido. Y no se equivoquen, que la idea me encanta.

Por una parte va a ser uno de los pocos lugares que queden. Eliminados los grandes escaparates, con las megabandas pasadas a trío y los grupos tocando en acústico, los posibles escenarios para la “one man band” están siendo ocupados por formatos grandes encogidos, que sacan el culo para echarte del tablado. Y no olvidemos que si eres un tipo en solitario tu capacidad de captar la atención va a ir siendo devorada por la marea de murmullo barero. Porque no eres el jodido Elliot Smith

Por eso mismo, porque tus cuchillos son de plástico y tus melodías cortan papel cebolla, hay que aprovechar el toque cercano de tu propuesta acústica. Joseba Irazokis aparte, lo normal es que seas guitarra y una sentida y emocional (bajita, vamos) voz. Y la gente que camina por la calle mirando el móvil agradece que estés en persona tan cerca, sin alturas. Y en pocos sitios vas a tener una gente tan atenta.

La cosa se ha tornado en una guerra de guerrillas donde las armas son los cupcakes de la mesa y las latas de fink brau (lo que probablemente cobres, quiero decir). Queda en tu mano saber monetizarlo – si quieres y puedes-, y disfrutar de ese momento dulce o salado.