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Categoría: Críticas de conciertos

Iñaki Salvador: un día feliz

Intérpretes: Iñaki Salvador (piano), Gonzalo Tejada (contrabajo), Borja Barrueta (batería). Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia). Día: 30/04/2021. Asistencia: lleno, unas 250 personas

El mundo celebraba ayer el Día Internacional del Jazz, y la capital guipuzcoana se unió a la fiesta con el concierto de Iñaki Salvador en formato trío. Un conjunto que honró, alegró y disfrutó con sus versiones de las obras de grandes autores. Quizás por esa emoción el autor principal comenzó con el “Gracias a la vida” de Violeta Parra. Una pieza que inauguró el ímpetu optimista que tendría la noche.

“Windows” de Chick Corea inició la gozada grupal, permitiendo ver al contrabajista Gonzalo Tejada, el Cabo de Hornos de la cita, sujetar los envites de sus socios. Iñaki Salvador fue a ratos el niño feliz del escaparate de Bengoa, rebosante de fuerza y alegría. Y otras, el autor asentado que recibe el galardón Donostiako Jazzaldia. El batería Borja Barrueta maravilló en una noche que se pintó diversa y gentil en sus manos. Los tres compinches navegaron con la emoción de viajar por unos mares que bramaban bravos y tersos cada poco tiempo.

Plenos de belleza y romanticismo atacaron el “Questar”, de Keith Jarrett. “Bolivia” de Cerdar Walton trotó entre el swing travieso y las teclas de la bossanova. “Laurie” de Bill Evans se inundó de melancolía. La “Ezpatadantza” voló libre de ataduras. El par de temas propios no desentonaron en el conjunto: “Mind” tuvo rápidos diálogos y breves paradas para tomar aire. El posterior “Branka 2” homenajeó a los bares donostiarras que han apoyado los conciertos más jazzeros. Y de propina nos cayó un bolero. En resumen, fue un buen homenaje.

Marta Soto: la cantera de los grandes

Intérpretes: Marta Soto (guitarra, voz), Juanma Montoya (guitarra). Lugar: Kutxa Kultur Plaza (Tabakalera, Donostia). Día: 23/04/2021. Asistencia: lleno, unas 70 personas

Exitosa en las listas de ventas de discos y aplaudida por autores como Alejandro Sanz y los Pablos (Alborán y López), la andaluza Marta Soto presentó ayer en formato acústico sus canciones en Donostia. Unas creaciones que mantienen las hechuras y los giros de los miembros de la Superliga del pop nacional “mainstream” ya mencionados.

Agradecida por poder volver a subirse a un escenario tras seis meses en el dique seco, la onubense demostró una gran voz (“Miénteme a la cara”) entre el océano de baladas interpretadas. Mostró gran querencia por el deje sureño y anduvo rápida para salir de los pequeños problemas de sonido (“Tantos bailes”). Su compinche guitarrero estuvo fino en los arpegios (“Hoy en el metro”), se disfrutaron las pequeñas desviaciones (“Podrás contar conmigo”) y la gente cantó bajo la mascarilla las melodías más pegadizas (“Volvería”).

Musikagela Weekend: la Zubieta musical

Intérpretes: Mihise, Tenpera, Watxuwei. Lugar: Centro Cultural Intxaurrondo (Donostia). Día: 17/04/2021. Asistencia: lleno, unas 100 personas.

El Musikagela Weekend tiene nombre de compadreo de viejas glorias, pero es todo lo contrario: una selección de grupos jóvenes que ensayan en los locales de música públicos situados en Intxaurrondo y Egia. Un certamen que este año, pandemia manda, se concentró en una sola tarde.

Esta Zubieta musiquera contó con media hora por actuación, tres formaciones en liza, rápidos cambios de escenario y cien asientos, todos los disponibles, ocupados para la ocasión. El combo Watxuwei inició la velada. Lejos de importarles la fama o su ausencia, lo suyo tuvo pinta de ser una reunión de amiguetes para tocar canciones que les gustan.

Con Tenpera, los segundos del cartel, la cosa se puso más seria. El joven trío donostiarra ha mejorado su noise-rock. Ahora suenan como unos Lemonheads enfadados o unos Dinosaur Jr con menos amplificadores a sus espaldas. La base rítmica (un acelerado bajo de sonidos quemados, una atronadora batería que tocaba más platos que un marmitón) llenaba el estómago para que la voz despachara melodías algo más tersas en un concierto que fue ganando en oscuridad.

La cita se cerraba con Mihise. Ellos fueron los más sexys de la tarde. Venían a presentar su disco conceptual, un trabajo basado en un hecho traumático y su posterior recuperación. Y como todo viaje de este tipo hubo momentos calmados y otros de cabreo vital. Con estructuras muy elaboradas y preferencia por lo instrumental, sus creaciones evocaban las patadas de Dut o Sonic Youth. Súmenles pasajes digitales que aireaban el enfado y momentos góticos cercanos al post-punk del siglo pasado. El resultado sorprendió por su calidad y rareza.

En Tol Sarmiento: Ska de masas

Intérpretes: Iñigo Echezarreta (voz y guitarra), Rubén Campinun (bajo), Javier Lucas (trombón), Rubén Terreros (trompeta), Florencio Díaz (batería), Garikoitz Ortiz de Villalba (piano). Lugar: Auditorio Kursaal (Donostia). Día: 10/04/2021. Asistencia: Lleno, 600 personas en cada uno de los dos pases.

Niños, niñas y preadolescentes por doquier. Para muchos de ellos quizás fuera su primer evento musical post-Pirritx eta Porrotx. No eran mayoría, pero sorprendió su número. Un aplauso a esos progenitores, quienes después de escuchar el disco 3000 veces en el coche y tener que explicar el nombre del grupo (En Tol Sarmiento. O lo que es peor, sus siglas E.T.S.) disfrutaron en familia de la tarde del sábado. “Nunca había visto a mi hijo así”, decía una madre maravillada mientras el chaval parecía un átomo sin freno.

El público, infantil y más talludito, en pandilla o pareja, gozó de lo lindo. Al caer el telón el murmullo se unió a los chillidos mientras E.T.S arrancaba la sección acústica. Sus canciones de pop estándar incluyeron baladas (“Logela honetan” y su fantástica introducción) y temas trotones (“Isiltasunaren indarra”) mientras la gente animaba con la linterna del móvil en los éxitos (“Heldu da garaia”).

Volvió a caer el telón y la cosa se puso enérgica a la salida, con los riojano-alaveses recuperando su rama “skatalítika”. Un estilo moderno y contenido, sin amplificadores sobre el tablado ni patadas al aire. Si el pop es “mainstream” y el rock de estadio, este ska bien podría ser de masas. Hubo canciones muy coreadas (“Itxura”, “Ametsetan”) y hasta piezas en castellano (“Hacia la luna”). El concierto acabó con un regreso a la zona tranquila de ejecución, siendo el elegante “Zurekin batera” el corte más notorio, y una propina de dos piezas.

Publicado en El Diario Vasco

Kalakan: refresco folk

Intérpretes: Jamixel Bereau, Xan Errotabehere, Bixente Etchegaray (voces y percusiones) y varios invitados. Día: 21/03/2021. Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia). Asistencia: unas 400 personas.

Siguen siendo solo voces y percusión. Pero Kalakan supo vestir con distintos trajes su buen concierto donostiarra. Los tres músicos llevaron las canciones hacia los terrenos de la “World Music”. Un espacio relajado, a veces mediterráneo, más tranquilo que enérgico. “Lili bat” sonó medieval y “Txalacapo” nos dirigió a la guerra con sones festivos. Refrescando, sin pasarse, la música tradicional vasca: “Ene Maitea”, “Eguzki beroa” y “Sagarra jo” hicieron las delicias de los presentes huyendo unos pasitos del purismo.

Hubo momentos de gran belleza, como en la suave “Maitia nun zira” en la que colaboró el dúo Basabi. O la preciosa polifonía de “Zeluko argia” ejecutada con Berzaitz Anaiak. El paseo vocal, muy reseñable en general, conquistó también el latín (“O Fortuna”, conocida por la obra Carmina Burana) y el georgiano (“Mravaljammier”). El grupo añadió a su set danzas vascas realizadas con vestimentas de este siglo (“Mendian zoin den eder”) y capoeiras urbanas. La suma fue bastante entretenida para puristas y acompañantes. Porque la música de Kalakan, abierta y tersa, también convence a los menos estrictos y a quienes el folk no les dice gran cosa.

Publicado en El Diario Vasco

Zetak: Disco Kursaal

Intérpretes: Pello Reparaz (voz), Leire Colomo (percusión), Gorka Pastor (teclado), Iban Larreboure (batería). Lugar: Auditorio Kursaal (Donostia). Día: 19/03/2021. Asistencia: lleno, unas 600 personas

En el Kursaal hemos visto clásica, pop, rock y hasta heavy. ¿Qué ingrediente le faltaba al menú sonoro? La música electrónica. Hasta ayer, en que el grupo Zetak reventó el garito –limitado a 600 traseros– con su proyecto en euskera. Hoy repiten cita y llenazo en idéntico emplazamiento, demostrando que su fórmula funciona como un cohete.

Les diré más. Zetak convirtió el ‘cubo’ en una discoteca con uno de los mejores juegos de luces que hemos visto nunca en el auditorio. Su música abrazó el pop sintético de decenios pasados, se acercó al eurobeat, tuvo momentos caribeños (en su mejor acepción), abrazó el techno y amplió la brecha generacional: la versión del ‘Right

Here, Right Now’ de Fatboy Slim animó a los más adultos y pasó ante los oídos de las y los jóvenes, mayoría en la sala, como una bronca de sus padres.

Hubo más homenajes (Foster The People, Daft Punk, Chemical Brothers). Pero la miga, la enjundia, estuvo en el magnífico vocalista que es Pello Reparaz. Empezó en la platea (’Hegan’), jugo con los efectos (’Zer Geratuko Da Azkenean’), tocó el trombón (’Akelarretan’) y animó todo lo que le dejó la ley que nos impide levantarnos de los asientos en estas citas.

Con letras tórridas (’Sagarra’), amor cercano (’Betinda garaiz’) y baladas enormes (’Zeinen Ederra Izango Den’). También hubo hipotéticas sintonías de Vuelta Ciclista y momentos que nos representarán en Eurovisión si Euskadi se apunta al tema.

La mezcla funcionó. Los más jóvenes vibraron con ella, aunque a los mayores nos sonó a veces algo estática. No se lo digan, o les caerá un ‘Ok Boomer’ de libro.

La Oreja De Van Gogh: una conexión total

El estreno en el Kursaal de la gira de La Oreja de Van Gogh mostró a la banda donostiarra en plena forma

Sábado trece de marzo. Cinco menos cuarto de la tarde. Las olas rompen con fuerza en la costa. Una pareja compra un helado y se dirige al Kursaal. La estampa donostiarra se va a completar con una ración musical adecuada. La Oreja de Van Gogh inaugura su gira en el auditorio de la capital, y caminamos tras ellos al primero de los pases del día para contárselo.

No hubo colas ni esperas a la hora de acceder. La puerta se abrió con mucha antelación y las personas trabajadoras del auditorio nos guiaron hasta el asiento, en un trabajo excelente que incluyó recordar a los despistados que no te puedes bajar la mascarilla en ese temazo o que por mucho que seáis amigos de toda la vida hay que dejar un asiento de distancia entre los espectadores. Qué paciencia y diligencia, madre mía.

Al puesto de venta de artículos no le vimos discos a la venta. Camisetas y chaquetas de cuero a 170 euros colgaban de los estantes. Un chorrete de gel hidroalcohólico y a la butaca. Se notaba nerviosismo en el ambiente. El público estaba expectante por ver a su banda preferida. Había niños, adolescentes y gente en su enésima juventud. Familias en formato monoparental, cuadrillas, parejas y colegas. La Oreja de Van Gogh es como las películas de Disney y las palmeras de chocolate: gustan a todo el mundo.

El escenario pareció escueto de luces, pero el paso de los minutos iría descubriendo nuevos fogonazos y sutiles iluminaciones. La tarde arrancó con la pieza «Como un par de girasoles», incluído en su último disco «Un susurro en la tormenta». Por aquello de no destriparles toda la lista de canciones a los que vayan a asistir a las funciones pendientes (hoy y el 15 de mayo), podemos afirmar que hay temas realmente fantásticos («Doblar y Comprender») en los que «La Oreja» hace que todo suene distinto sin cambiar de estilo.

La tarde-noche nos permitió disfrutar de varios momentos country muy agradecidos. Guiños latinos poco disimulados. Obras pacíficas con poso social. Solos de batería. Estrofas en euskera. Melodías de amor empanado. Emocionantes baladas («Jueves») que conmovieron en su zona acústica. Siempre con un sonido pulcro y conciso. Y con un guitarrista, Pablo Benegas, que sigue adorando a U2. No se extrañen si aún tiene un póster de The Edge, el rasgador de la banda irlandesa, aún pegado con chinchetas en la pared del cuarto.

El concierto tuvo otras sorpresas, como el buen estreno cantor del teclista Xabi San Martin en el dueto clásico y romántico «Durante una mirada». Los antiguos éxitos funcionaron de rechupete. Son tantos que te puedes hacer toda La Concha andando escuchándolos. La gente se subió a ellos sin rubor y sin muchas invitaciones, haciendo que »La nueva normalidad» comenzara poco a poco a parecerse a la antigua. «Hemos sentido el Kursaal más lleno que nunca. Esto no ha hecho más que empezar», dirá la expresiva cantante Leire Martinez en el cierre del espectáculo. Si nos atenemos a lo visto y escuchado este sábado en Donostia la banda brincará sobre los estilos ahora reinantes (trap, reggaeton, hip-hop) para continuar por la senda del éxito.

Publicado en El Diario Vasco

Gontzal Mendibil: Amable homenaje

Intérpretes: Gontzal Mendibil (voz, guitarra), Ángel Unzu (guitarra), Iñaki Diéguez (acordeón) y Ainhoa Tabuyo (voz). Lugar: Lugaritz Kultur Etxea (Donostia). Día: 12/03/2021. Asistencia: unas 90 personas

Decía el trovador Iparraguirre que había que tener cuatro amigos en la vida: un carnicero, un cura, un taxista y una marquesa. Entre todos darían alimento al cuerpo, el alma y el bolsillo de un trotamundos como él. Otros cuatro amigos del bardo, estos ya actuales, se juntaron ayer en Donostia para homenajear su obra y recordar sus vivencias en un concierto amable que discurrió de manera autobiográfica, repasando el devenir del autor vasco.

El vizcaíno Gontzal Mendibil, auténtica proteína del proyecto, llegó sin barba ni txapela a la humeante sala en la que destacaba una guitarra española para interpretar “Gitarra zartxo bat”, la primera de las 18 piezas del turno. Pronto aparecerían en escena el guitarrista y el acordeonista, quienes apuntalaron la fe en esta revisita con sus aires folk tradicionales y viajes puntuales a los sonidos franceses, portugueses, argentinos o italianos. La cuarta socia del evento, integrante del Coro Easo, fue un buen complemento a la siempre cordial voz de Mendibil.

Juntos atacaron los jitazos del guipuzcoano (“Gernikako Arbola”, ese “Zugana Manuela” tan donostiarra), canciones que sonaron preciosas (“Villarreal de Urretxu”), defensas de nuestro idioma (“Ez bedi galdu euskera”) y composiciones amorosas (“Ume eder bat”). También hubo odas a su tierra iluminadas con los colores de la ikurriña (“Bilbao eta Fueruak”) y peripecias varias de una vida entretenida y viajada (“Zibilak esan naute”). Todo bien hilado con las explicaciones que Mendibil ofrecía entre temas y que recorrían los variados pasajes de la vida del honrado en lo que fue un recuerdo cariñoso y cercano.

Publicado en El Diario Vasco