El vacío más representativo

Imposible no adherirse al texto que Javier Ortiz presenta hoy en su blog del Diario Público sobre la proporcionalidad electoral. Recojo un par de párrafos.

Con independencia de que otras reformas de la Ley Electoral sean deseables y posibles, la que yo vería con más simpatía es una que determinara que el Congreso de los Diputados asignara sus escaños en proporción a los votos obtenidos. O sea, y por explicarlo gráficamente: ¿que, realizada la votación, se constata que la participación electoral ha sido del 60%? Pues se deja vacío el 40% del hemiciclo, se reparte el resto entre los que han salido electos y asunto concluido.

A mí me gustaría que algo así se hiciera –ya sé que es imposible: la clase política defiende a muerte sus intereses corporativos– porque, de ponerse eso en práctica, los que tenemos vocación de abstencionistas, más que nada porque no nos va jugar partidas en las que sabemos que las cartas están marcadas, podríamos sentirnos representados en el Congreso.

Nos representarían todos esos escaños vacíos.

Ellos son de Marte y nosotros de Venus.

Heredado del latín, el castellano tiene un porrón de años. El Euskera, por más que falten pruebas de ADN para determinar el padre, no le anda a la zaga. Claro que, según qué ojos lo miren. Pero eso es otro cuento.

La cosa es que, tras tantos y tantos años de uso, abuso, perfección, actualización y manoseo diario, la cosa va de mal en peor. Y con eso no me refiero a los SMS ni a los HOYGAN. El problema está en la comunicación.

Tomen como ejemplo el texto que Duñike Arrizabalaga (EB) le dedica a la Real Sociedad en el Noticias de Guipuzcoa de hoy. Un artículo que debe estar dirigido al pueblo llano, y que sólo entenderán los catedráticos y resto de traductores políticos. La señora batua elabora un precioso discurso en un castellano demasiado sintético, perfecto, ideal para las pasarelas de estilo que se deben montar en los pasillos del consistorio.

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