Las pegatinas institucionales

Pequeña pero matona, la pegatina (institucional, por separarlo de la artística) se ha instalado en nuestra comunidad. Es más, ha nacido para vivir en ella, es un producto de ella. Comunica un mensaje, suele ser gratuita y volátil (solo vale para una prenda, un día) y sirve para no despegarnos del fin último de nuestras sociedades: formar parte de un gran grupo.

Fueron las asociaciones sociales quienes primero descubrieron las virtudes de estos pequeños recuadros encolados: Cruz Roja o el Domund nos echaban a la calle con 12 años a decorar solapas y, cómo no, recoger monedas para los niños pobres. La historia ha demostrado, al menos en casos muy cercanos, que esos niños pobres estaban más cerca de lo que uno pensaba, e iban con sotana.

Esos stickers eran la mirada fiera del domingo. La ausencia de ellos le convertía a uno, a ojos católicos del jurado de bancos de iglesia, en un desalmado, un ser atroz que pregonaba a gritos el capitalismo extremo a costa de los problemas del mundo. Creo que en ese anuncio a gran volumen estaba el verdadero dolor de quienes acusaban. Consumidores natos todos aplacados por ese cáncer actual que es la conciencia social. Otro gran invento, amigo.

La pegata ha vuelto con fuerza en las campañas comunicacionales. La primera propuesta visible de Donostia2016 han sido los carteles con el logo. Y las pegatinas. EA anuncia que hará pegatinas y videos en youtube para fomentar la consulta, que no es invitar a que la gente vaya al médico sino que se refiere a la pregunta de Ibarretxe.

Este boom era de esperar. El coste de la propaganda es muy bajo y nos permite, según el jersey que llevemos puesto, ir un día sí y un día no a favor o en contra de una idea. Además, la camaleónica muestra de orgullo ocupa poco espacio, no nos hace abanderados. Nada que ver con esa propuesta tan instalada en Nikes y Springfields de PAGAR por llevar el nombre de la marca cuanto más grande y visible mejor.

Por su colocación, cerca del bolsillo de la camisa, saldrá en todos los planos que impliquen una grabación televisiva. Es un anuncio que se vende como gratuito pero con una productividad altísima. Y permite vender una idea como viva cuando son los actos y actividades quienes la mantienen con pulso.

Así que la idea es ideal, chica. “Hoy me he levantado muy preocupada por el hambre en el mundo, pero voy de tonos ocres, así que apoyaré la libertad de los presos chinos, que me pega con el rimel”. Si, admítelo, aunque el ejemplo sea exagerado, tú también lo has pensado.

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