La mirada del niño

Qué difícil es la nostalgia obligatoria. No tanto en las maneras que la edulcorada moda actual de ver un pasado rosa, no. Una nostalgia familiar, cariñosa, forzada de una u otra manera, con el origen a muchos kilómetros de distancia. A eso le cantan y le bailan las letras de Rachid B. Con una suavidad positiva, elegante, sencilla y breve – canciones de dos minutos y fuera-.

Zizurkil, Springfield

Nos acercamos a la ignota en términos musicales – al menos para nosotros- Zizurkil, donde el madrileño nacido en Marruecos había programado un concierto. Le abordamos antes del mismo y nos explicó que había aterrizado en el pueblo guipuzcoano por amistad con unos residentes.

Entramos en el bar donde se iba a desarrollar la velada y nos temimos lo peor: una taberna moderna enfocada a cenas y la farra tardeo-nocturna. Veíamos el apocalipsis entrar con camisetas de Springfield, un vaso ancho en la mano y en grupos numerosos. ¿Sería aquello como los primeros conciertos del famoso Rodriguez?

Falsa alarma

A la vera de David Civera

El espacio supo aguantar el embate de sus costumbres (a los 5 segundos de acabar el concierto los altavoces escupieron la enésima descendencia sonora de David Civera). Y la asistencia mantuvo un precioso silencio ante la sucesión de piezas de Rachid. Hasta el técnico de sonido, seguro que acostumbrado a cantautores más enérgicos, supo pillarle el tino a la segunda parte del show. Nada serio, nuestra mente aprovechó el zumbido de ganancia para añadir mentalmente alguna cuerda o toda una mini orquesta aquí o allá.

Las composiciones de Rachid B lo permiten. Pero no lo necesitan. Suave, como el devenir de Leonard Cohen, discurren los acordes desnudos sobre cero fondos. Su voz, lejos del micro, parece cantarse desde el origen. Y hacia su origen. Una charla tranquila a su pasado, en nuestro presente.

Ese espacio, ese momento

Cuando acaba, tras un cantar confiado muy natural, a veces mira de manera atenta, entre avergonzado y sorprendido. Quien sabe si por el silencio, los aplausos, o una oportunidad que no acaba de creerse. Como el niño que entra en la habitación equivocada. Pero la sala, el pub, el garito, Zizurkil, fue todo suyo. Al menos en ese espacio, ese momento y ese lugar.

Tras 40 minutos de concierto paramos a hablar con él. Con ese charlar tranquilo nos confirmó que había vendido todo lo que había traído (Cds y camisetas, la reedición de Fikasound sale en julio). Que la gente de su primer sello son el amor en la tierra – eso ya lo sabíamos-, que no se quedaba un día más porque iba a ver el concierto del domingo de La Estrella de David, su último productor. Amigo de sus amigos, ponemos en el CV. Pero las cosas se demuestran así.

Nos dijo que volverá en septiembre, al festival Boga Boga. Quién sabe si con otro músico de apoyo. Feliz por la invitación. Disfrutando de la oportunidad. Y nosotros de su música. No hace falta más según nuestras directrices.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.