«Exposición Permanente», de AMA

4 años. 48 meses han pasado, Semana Santa arriba Semana Santa abajo va el escarabajo, entre los dos últimos discos de AMA. Mucho tiempo para una relación, para un trabajo, para cobrar una deuda, para una amistad, para cerrar unas vacaciones.

Es normal plantearse que después de tanto tiempo nada puede ser igual. La diferencia es observar si el cambio es a mejor o a peor. Si antes te quería más o la espera de las vacaciones tan preparadas ha merecido la pena.

Innegable ver el cambio, aunque sólo llevemos 3 escuchas. Estos no son mis AMA. No son los chicos de sencillas instrumentaciones y gran relevancia (sonora) en las letras. Las frases siguen siendo igual de bellas y abiertas, siempre huyendo o retratando, siempre escribiendo en círculo.Mas ya no se susurran.

Ahora se cantan a volumen bajo. Ya no se musitan en la almohada. Siguen siendo secretos, pero ahora se cuentan en cenas íntimas tras unos Riojas. En las primeras escuchas quedan más escondidas ante la novedad sonora. No importa, ya habrá pasadas para ir disfrutándolas.

Porque ahora hay cientos, miles, millones de arreglos. En una producción tan detallista como preciosa. Siempre sin perder las señas corporativas. Muchísimos gustos a flor de piel (“Tu colección” es Mersey Paradise, “Aquella noche” también rezuma un bajo Madchester y un guitarreo soul, “Pluma , lapiz y veneno” es puro Sadier &Gane, «Encuentro casual» demuestra las cañas que se han tomado con Aramburu y Errazkin, “Escena callejera” tiene un estribillo Pulp impensable para los chicos hace un par de años), detalles de unos temas que ahora tienen más pinta de collages, de divertimento sonoro rompiendo la coraza donostiarra. Repito, sin perder nunca las señas de identificación.

El paso de los días, tantos días, parece haber construido las canciones de forma individual, resultando “Colección Permamente” un disco de singles. Todas han nacido para serlo. Como en aquel debut de The Fratellis.

Tiene muchas canciones que enganchan antes de acabar “100 veces no puede ser”, las nombradas, la tan preciosa como extraña «La hora del lobo»…El miedo real es que, como en aquel «Costello music», la cosa se nos haga larga. Son 15 canciones, un número que desgraciadamente y en esta vida de locos, antagónica a la concepción de este disco, no podamos prestarle la suficiente atención.

Aunque nos cieguen los detalles novedosos, el disco ha nacido para tener un largo recorrido. Y nosotros acabamos de poner bien las manetas para este paseo. Y tan felices, oye.

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