La esperanza es lo último que se encuentra

GariLa estancia en Donostia no me sienta nada bien”, me contaba Gari en el único café que echamos mano a mano a finales de un verano cercano.

Uno, asustado por el cariz que podía tomar ese disgusto conociendo muy por encima el pasado del autor guipuzcoano, esperaba la siguiente frase como quien aguarda el último boleto de un sorteo de la VPO con su participación en la mano. “Joder, es que estando aquí he hecho la canción más pop de mi vida. Dios, hay algo que funciona raro”.

Sin más pistas posteriores, y tras escucharla por el dial una y cien veces con gusto, podría apostar una parte importante de mis pequeñas pertenencias a que dicha canción era “Esperantzara Kondenatua”.

Es deqasiado facil comulgar con la idea de que Gari se encuentra condenado a la esperanza, tras una vida de trajín, órdagos y claroscuros a los que el guipuzcoano ha sabido sobreponerse con esfuerzo y mucha fibra. La virtud, o el acierto, es que sigue sobreponiéndose a ello con lo que mejor sabe hacer: música.

La pasada semana su enésima superación silenciosa se dio en el concierto que el autor dio en la coqueta sala de la Casa de Cultura de Lugaritz (Donostia). Con un familiar cercano pasando malos momentos de salud, Gari cogió su fusil musical y, bien acompañado por algunos de los más interesantes músicos vascos, atacó su repertorio sin flojera aparente.

Comentaba el compadre Harri que los primeros temas le dejaron algo tibio. Puede que tuviera razón, que las progresiones de acordes fueran algo, ligeramente, un poco, disonantes, que a una estructura de 4×4 siempre se le colara un sostenido raro (sobre todo en la primera parte, luego todo se volvió más cristalino).

La pureza y visceralidad defendida por el ex cantante de Hertzainak para definir su nueva colección de temas a veces no entiende de caminos rectos ni de largas avenidas. Lo suyo siempre fue callejear y pelear. Pero ya desde ese pistoletazo inicial empezamos a disfrutar del animal escénico que es el de Legazpi.

Opaco en su puesta en escena, pertrechado bajo la boina habitual y unas gafas de sol oscuras, Gari acercaba a Donostia la crudeza visual que su compadre Alberto García-Alix ha captado para las fotos promocionales. Una rudeza que en el básico formato de cuarteto (guitarra de acompañamiento, bajo y batería) y con la cercanía del escenario donostiarra se transformaba en complicidad, en presentación informal, en un guiño colega.

Expresivo como siempre en sus voces, el batería Nacho Beltrán y el bajista David González (presentes en las más interesantes propuestas musicales que se hacen en Euskadi estos días, como Txuma Murugarren, Atom Rhumba o Rafa Rueda) le acompañaban en unos coros que en la platea, como suele ser habitual, quedaban algo etéreos.

Pero desde arriba uno podía disfrutar de la energía y buen hacer que desprende el autor. Poco parlanchín, Sentándose metafóricamente en las butacas cuando ataca temas viejos con la sola compañía de la guitarra, rompiendo la barrera transparente entre tablas y butacas con mucha calidad musical, reconvirtiendo algunos viejos éxitos con una dignidad implacable, expulsando sus nuevas composiciones plénamente convencido de que (y nosotros damos fe) el pasado pudo ser tan creativo, duro mas básico en el devenir cultural vasco.

Pero es que el futuro, su futuro, nuestro futuro de oyentes, le va a hacer sombra con tanta elegancia como arte y acierto.

Próximo concierto Gari: 26 ene 2008, 22:00: AMAIA ANTZOKIA, IRUN

Un comentario sobre “La esperanza es lo último que se encuentra

  1. “Joder, es que estando aquí he hecho la canción más pop de mi vida. Dios, hay algo que funciona RARO”.

    Siento, que quiero decir algo más en cuanto a la relación Pop – Donosti, pero no soy capaz de arrancarmelo, de expresarlo, no soy capaz de decir nada más de lo que dice Gari de una forma tan sintetizada, y hace ya tiempo que no utilizo el argumento: que se espera de una ciudad tan bonita, tan limpia, tan pequeña, tan sin problemas…(para mi) no es eso, es otra cosa, pero no se lo que es!

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