Qué grande es el cine: O cómo Angel Aldarondo acabó realizando el trailer oficial de la peli de Garci

La historia, a ojo de buen cubatero, viene a ser algo así:

Esta semana se estrenaba en internet el trailer de “Holmes & Watson, Madrid Days” , la última película de Jose Luis Garci. Un autor que despierta pasiones y amores, pero nunca de siestas.

El donostiarra Angel Aldarondo pensó que al anuncio oficial le vendría bien un giro . Y decidió, medio en broma medio más en broma, y no sin ingenio, añadirle música y fragmentos del otro autor de la semana: Christopher Nolan, de actualidad por su Batman

Ni corto ni perezoso, Aldarondo echó mano de la música de Origen para acabar elaborando este espabilado más. Otra pirueta más de la siempre despierta mente de este creador, capaz de ver rotondas en la Autovía del Camino De Santiago

Hasta aquí, lo habitual para quienes conocemos su peripecias. Pero…hete aquí que….

Esta mañana Mr Aldarondo recibe una llamada de un número hasta ahora desconocido y que ya habrá pasado a memorizar. Era de la productora de Garci la cual, encantada con el giro de tensos violines que Angel había añadido a los planos garci-laxos, le ofrece reelaborar el trailer oficial que se emitirá en todo el mundo. Cambiando un par de cosas (como el plano de Gallardón). Y empleando una música distinta, claro está.

Y luego dicen que internet no vale para nada…

Jazzaldia 2012: Tranquilos, todo bien

Y ya volvieron las ganas de pisar la playa con el sol escapándose, saludar y escuchar (verbos no reñidos en un ambiente festivo siempre que se hagan con moderación), pasear entre sillas y refrescarse, trasnochar con alevosía para pasear ojeras enfundadas en Raybans. Echarse a la calle, coño, que cada vez es más dificil veros por ahí.

El Jazzaldia -gratuito- volverá a hacer las delicias de los asistentes más juveniles (hasta 40 años uno es una rosa) y poperos en el Escenario Verde. Y ofrecerá sonidos más abiertos, soft, o menos guitarreros en las otras carpas del Kursaal. Una pena que los conciertos sorpresa hayan desaparecido de la programación, quien sabe si por falta de caja o por falta de base local a la que agarrarse (aunque en los diversos tablados hay una buena ristra de ellos). Pero que nadie se queje de falta de actos. Quizás falten algunos momentos de discoteca al aire libre, como Cut Copy en el pasado, pero Wedding Present, Zola Jesus, Destroyer y el resto ofrecerán calidad contrastada ante unos ojos protegidos por gafas de pasta.

Sobre los conciertos de pago no voy a entrar, porque es facil que se me escape una pu(n)tada. Pero sorprende que la dama del chapapote emocional (Antony)  haya llenado el Kursaal. Sorprende para bien, I mean.

Esta edición también ha conseguido «embaucar» a algunos establecimientos locales, presentando fórmulas que estiran la sombra del jazz por encima de pintxos y platos con caramelo decorativo en un costado. Si bien no hay duros a cuatro pelas, la birra pagadora colocará sus carteles en nuevas plazas y los visitantes – yo ya tomo a todos como tales, con las cañas al precio que están hay que ser marciano para salir por la postal con nubes- aprovecharán los guiños comestibles. Con sus carpas de comidas -alimentarias- del mundo y las ofertas de la oficina de Turismo, el festival intenta arraigar sus tentáculos en la base urbana con mayor fuerza, superando el viejo mito de «ya no hay jazz en este festival» por el más actual «¿vamos al concierto o vamos a cenar?»