La cobra y la flauta

Hay dos términos aparentemente divergentes que viajan de la mano estos días: “Participación ciudadana” y “Recorte presupuestario del erario público”.

No voy a negar que quien más quien menos ha preguntado a sus ciudadanos por cuestiones clave en el devenir de su vida, como “¿Cuántos setos ponemos en este nuevo parque?” o “Elige el diseño preferido para la acera de tu barrio de entre estos 3 preseleccionados (claro, preseleccionando, no vaya a ser que tengamos otras ideas)”.

Pero la cosa alcanza amores más profundos cuando el dinero falta en el bolsillo. Para unos se ofrece esa posibilidad al ciudadano de a pie, para otros se le vende un porcentaje de decisión en cuestiones que le afectan.Hasta cierto punto, claro.

Por que aunque esa debiera ser siempre el funcionamiento real de los estamentos públicos -demasiado acostumbrados sus gestores a vivir desnudos como el rey- realmente sólo nos preguntan por el color del pared de la casa. No por su ubicación o derribo.

Si se fijan, se les deja opinar sobre algo que ya existe o va a existir. ¿Por qué no preguntar sobre si queremos que exista o no? Pudiendo discriminar las respuestas que no gustan, o moldear las opiniones en función de intereses reales.

Además, esto de la transparencia y la participación no deja de ser una delegación que busca completar desconocimientos propios by the face. Así, son varios los proyectos que solicitan nuestra colaboración. Aquí, ahí y más allá. Lo cual agradecemos, y a los que trasladamos ahora nuestras preguntillas realmente ingenuas:

  • ¿Cuándo haya dinero de nuevo volveremos al viejo mundo, donde usted decidía y yo miraba?
  • ¿Por qué no extienden esa participación a todos los niveles, incluidos los fiscales por ejemplo? Si vamos a decidir, decidamos por todo.
  • ¿Qué peso tienen las opiniones personales frente a las respuestas ciudadanas conseguidas?
  • ¿Por qué debo yo hacer su trabajo? Usted/des cobra/n un generoso sueldo por estas cuestiones, y no debo ser yo quien, ahora que no hay duros, le regale mis opiniones. Baje a la calle de vez en cuando, y pise aceras.
  • Y ya que estamos, ésta de regalo ¿Por qué cuando la gente se levanta y se enfurruña es que “el político no ha sabido trasladar su mensaje a la ciudadanía”?¿Acaso es que no lo puede hacer usted rematadamente mal?¿Somos cobras y ustedes la flauta? Pues debería ser al revés.

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