Heima: Qué verde era mi valle

Yonkis de la música en todo tipo de formatos nos acercamos a la donostiarra Fnac a seguir con el post-Dock of the Bay. Buena entrada para ver el antiguo – el mundo corre que da gusto, es del 2007- “Heima” («en casa») de Sigur Ros. Un documental que recoge la gira de los islandeses por algunos recónditos parajes de su país natal.

Con una fotografía preciosa y repleta de extensos kilómetros de sosegada naturaleza (Yosigo llegaría al multiorgasmo en esos mundos de Dios), digna de una promoción del gobierno islandés y acrecentada por el proyector (estropeado) de la FNAC que destacaba los colores verdosos, el cuarteto europeo y sus colaboradores orquestales pasean por infinidad de lugares a cielo abierto o con curiosas paredes: fábricas abandonadas, casas de cultura de recónditos parajes en los que fríen cabezas de animales con supuestos usos alimentarios, manifestaciones contra la construcción de presas que deben alimentar de electricidad a fábricas multinacionales, claros en mitad de bosques interminables…

Ellos hablan despacito, como en las partes relajadas de su música, e interpretan algunas deliciosas canciones que curiosamente fueron regrabadas más tarde en un estudio de Los Ángeles para su emisión en este film. Acostumbrados a sus highs and lows, es toda una sorpresa ver el nivel que tienen para tocar cualquier instrumento. Pianos, contrabajos, marimbas,… Va a ser verdad eso del nivel de educación islandés.

Como publireportaje institucional se hace algo largo, pero como foto de “vuelta a la relajada tranquilidad” de un grupo que ha girado mucho por todo el mundo se ve con agrado y paz. Como la que generan sus temas.

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