El eterno año 0

Mil y una veces, en ocasiones con varios partos por año, he asistido al nacimiento, renacimiento o comienzo verdadero el twee (indie, indie pop, whateva) en España. Orígenes que no descalifican obligatoriamente a sus anteriores ave fénix, pero que en boca de unos u otros significan el verdadero germen de algo que en el futuro será memorable. Hasta el siguiente renacimiento, claro.

Ni niego la calidad innata ni critico a quienes así piensan, sobre todo si son fans de base. Si son periodistas no dejo de ver cierta influencia empresarial y cierto deseo legítimo de vender ejemplares. Pero créanme que cada vez que leo “el verdadero nacimiento del…” me da un vuelco el tocadiscos.

Desconozco en qué se basa cada uno para afirmar que el año 0 de ese movimiento se encuentra según su punto de vista en ese día. Puede que lo anterior no le gustara, y la conjunción de astros actual esté más acorde con su karma y su oído. Puede que su forma de ver las cosas se sienta más cercana con estas actualidades que con las inmediatamente anteriores, y que sueñe con que la posteridad más inmediata siga andando por estos andurriales.

Pero denosta un poco todo lo anterior sin necesidad aparente. Ningunea sin malicia palpable otros pasos malos, horribles, medianos, mediocres y sublimes, pudiendo erroneamente presentarnos como una suerte de Mengele melódico, en busca de la Raza Pura. Y todos somos hijos del Señor. Sí, amigos, aunque parezca mentira, yo también.

En el fondo lo hacen por extremos muchos más costumbristas y puros: es ímpetu juvenil, ingenuidad pura, alegría contagiosa, la felicidad de ver a gente desconocida y rabiosamente más joven junto a tí, la energía que mueve todos los proyectos de futuro económico incierto (cuando no negativo directamente) el que empuja a esas frases ampulosas o elevadas. Y por eso respeto cada nuevo nacimiento, cada nueva montaña hollada por primera vez.

Pero estamos demasiado quemados de tener un mesías por año. Un salvador del pop, del rock, de la arquitectura, del futbol, de la moda. De adquirir un nuevo elemento tecnológico necesario por semestre. De comprar unas nuevas gafas por año, de nuevos jersey por temporada. Si los mesías fueran religiosos, no daría tiempo a comprar la Biblia de uno y ya tendríamos otro en la portada de nuestros diarios. Eso se llama, llamaba y llamará consumismo.

No, no entremos en el juego de la vida actual. Las buenas melodías deben correr libres de toda etiqueta. Si son buenas, calarán más que un sirimiri vasco. Y desde nuestros pequeños e impetuosos atriles gritaremos con fuerza defendiéndolas. Perdiendo dinero, tiempo y esfuerzos. Sin fijarnos en su nacimiento ni en el futuro del resto. Sin querer venderlas, que de eso ya ese encarga esa industria en continua decadencia.

Y de todo esto me acordé (sin apuntar directamente mi diana a él, no lo duden) cuando leí el precioso texto de mi querido tremolino sobre un grupo que me encanta, Papa Topo, que tienen un vídeo genial es poco.

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