Música de todos los colores

Focos altos y luces de bar. Gente y gente. 4 mascarillas. Una semana de película. Ojalá teletransportarse, dividirse, huir de las labores y bañarse en ocio. Tener 25 años de nuevo. Donostia ha tenido uno de esos findes de mayo habituales, locos. “Hasta el 40 de mayo no te quites el…vaso”

Ha habido baño de masas con Izaro en el Velódromo. Una sensación, más allá de vasca, más allá de chica, más allá de todo. 6000 personas disfrutaron de su buen sonido y sus variadas canciones, amén de unos invitados de copetín que han querido sumarse a esta gran fiesta de la de Mallabia y sus compinches vestidos de colores. Muchos de los asistentes se estrenaron en el oval y en eso de los grandes conciertos. Espero sea un primer paso para ir bajando pisos y que luego vayan a salas y tascas, que tenemos menos cantera pop-rock que el City de Guardiola.

Ha habido baño de melodias en el Altxerri, con los escoceses Dropkick ofreciendo sabrosas tacadas de melodías. A Andrew Taylor ya le teníamos a buen recaudo, pero su compinche Al Shields ha sido toda una relevación si nos atenemos a los comentarios que dejó a su paso. Aquí su bandcamp, auténtico puente aéreo Edimburgo – Nashville que para en sitios como Fountains Of Wayne.

Ha habido baño de fotogramas en el Dock Of The Bay, que no solo resiste orgulloso sino que sigue acercando a Donostia las últimas novedades en eso del cine documental musical. Intentamos ir a una película por día, pero no nos dejó la agenda. Nos chifló Sinead O Connor, nos gustó muy mucho Courtney Barnett y nos adentramos en el folk perdido de Connie Converse. Lloramos no poder ver en pantalla o sobre el tablado a Ainara Legardon. Y perdernos a Verde Prato, en clara ascensión a los cielos poperos con esa neblina eusko-sintetizada. Y la gozamos con la radio de Tulsa, que el 10 de junio pisa Dabadaba, que también acogió el sabroso cartel de Vulk + Borrokan el fin de semana y el aerobic moderno de Molly Nilsson a sala completa a mediados de la pasada.

Hasta hubo música de museo, con Maite Larburu descubriendo los escenarios interiores de un Museo Chillida que anuncia su agenda de verano variada y abierta. Y hasta nuestro pequeño Guggy, el Bastero de Andoain, recibió otra suculenta visita, la del canino Marc Ribot. Punto de partida del Festival de Rock de Andoain, que viene como en sus mejores años. Y gratis, oiga, para usted, para mí y su primo el de Villarcayo.

Y de cierre velas, tarta y champán. O Tequila. O Pisco Sour. Depedro la bordó en el Victoria Eugenia. Encantó, espabiló y puso en danza. Su mezcla transfronteriza fue un gozo, una felicidad. Y eso el domingo a la tarde vale oro, plata y bronce. Cerca, en el Kursaal, Amaia – la fake, la de Pamplona, que Amaia solo hay una y se apellida Montero- desplegando su mezcla de calma, madurez y simpatía.

Donostia es una de las ciudades más caras del Estado en eso del alquiler. pero con estas agendas tan nutritivas y gozosas – el ticket más barato fue ¿15 euros?- la cosa se pone aún peor. Como nuestra agenda siga tan sabrosa y rica pronto habrá un comunicado de los hosteleros quej´ándose de que la gente «va demasiado a los conciertos» y no se deja los cuartos en papeo pequeño de palillos y platos. Señal de la relevancia y buen hacer cultural de la ciudad, sin duda.

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