El precioso arte de tragar sables

“Qué pasada lo de Harkaitz Cano ayer en la casa del libro en Donostia. Está en el top de hacedores de cosas con letras. Y en lo más alto a la hora de presentarlas. Ahora, con su versión castellana de “Fakirraren ahotsa””

Sería un tuit tipo para intentar comentar la presentación del libro del donostiarra en su ciudad. Pero como es tan jugoso lo que dice y cómo lo dice, apetecería poner un (hilo) en el mensaje al final y lanzar otro.

“Lleno de imágenes poderosas y muy visuales, la presentación embelleció la obra de un autor se lanza a la piscina con un tema tan enrevesado como la figura de Imanol”

“Cano explicó su trabajo, su enfoque, sus juegos y sus rotondas, remarcando una y otra vez el caracter de ficción de su último lanzamiento”

Y después seguiría otro mensaje breve, un icono, alguna foto y, si seguimos de subidón, un link.

Pero no sería justo. Han sido cuatro años de trabajo en la sombra, escuchando a la gente hablar – certera su foto sobre su trabajo de entrevistador hace años-, tragando sables en silencio en un trabajo no oficial – ¡ahora resulta que los fakires no son de La India!-. Empezando por una hoja para, dejándose llevar, acabar dibujando el árbol entero. Y como te quedas con ganas de decir todo esto y más copias, pegas y sigues, a fin de hacerte un tochillo en FB.

Y prosigues pensando, tecleando, recordando, que habrá gente que piensa que Cano ha caído de pie en este tema. Pero para eso hacen falta muchas horas sobre el alambre. Porque Imanol tuvo muchas aristas. Políticas, sociales y musicales.

Qué bien pintó el de Egia los exagerados nervios de los creadores sonoros, la fragilidad, la bipolaridad, sus miedos, el deseo de la eternidad, el peso de sobrevivir a tus obras famosas de hace 20 años. Él admitió que las tonadas del señor alto que paseaba por La Concha le pilló en los 15 años pre-suicidas – no creo que no te gustaran los Smiths, aunque entiendo lo de Imanol- y que su romanticismo exacerbado le llenó por completo.

El autor, bien guiado por Eider Rodríguez, nos contó la respuesta de su libro en los entrevistados con simpatía y certeza, admitió no haber querido dar mucha importancia a la veracidad de todos los relatos y demostró respeto y elegancia en los momentos más clandestinos: la obra es una ficción, no una biografía, y quizás pedirle preguntas biográficas no fuera lo más acertado, aunque sí lo más común. El Fakir se hace FAQir a veces. Con momentos para curiosidades – la peluquería- y enamorarse, una vez más, del charlar calmado, simpático y profesional de Harkaitz Cano.

Menos mal que este donostiarra vende libros y no Thermomixes. Que me veía saliendo, feliz, hay que joderse, de la tienda de libros con 1000 euros menos.

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