Wau y los Arrrghs: El garaje no es para los guapos

Hace unos días un artículo de Kiko Amat para La Vanguardia tonteaba con el meollo de todo este asunto: el garaje nunca fue para la gente guapa, aquellas melodías no podían salir de jóvenes normales, y hay que estar algo tarado para que el fuzz le parezca a uno el sonido más celestial del universo. Atendiendo al DNI, Wau y los Arrrghs ya no son chavales (otra cosa es su vitalidad), pero sí lo era el público que anoche nutrió Mogambo. Y algo de esto hubo, una demencia colectiva incontrolable que hace que más de 100 jóvenes pierdan el control a golpe de fuzz y farfisa un martes cualquiera en una ciudad tan emocionalmente lineal como San Sebastián. Si los guapos dormían por ser martes, los feos optaron por el griterío y el baile, el mejor antídoto para la frustración juvenil, tenga esta la edad que tenga. La estampa, vista desde el fondo de la sala, era preciosa.

El mérito de Wau y los Arrrghs no parece muy evidente a la primera. Como en su anterior visita a Donostia, el grupo parece siempre que empieza a medio gas, enconmendado a la inspiración escénica de Juanito Wau, que siempre tarda algo en calentarse. Pero luego nunca falla, aparece alcanzado el cuarto de concierto y a partir de ahí se erige en un frontman sin igual en todo el país. En realidad todo el concierto es un in crescendo de libro, pivotando sobre canciones clave que elevan cada vez la tensión del concierto a un nivel superior. Así, cuando la cosa va entrando en calor, llega «It’s great» y la gente se viene arriba; un poco más tarde «Copa, raya, paliza» empieza a provocar los primeros pogos muy serios. Cuando, hacia el final del concierto cae el «Demoler» de los Saicos en la sala nadie se acuerda ni de su madre y la perspectiva de un madrugón laboral es el mal menor con cuyas ojeras, llegado el caso, señalaremos con desdén el anodino martes de nuestros guapos compañeros de oficina.

Autor: Marlon Brandy

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