Nuestra alma es de Béjar

Hola, me llamo loveof. Es mi primer día en “acústicos anónimos”. Y quiero confesar que mi primer amor Destroyer (hablo del grupo) se produjo al escuchar la versión acústica de Goddess of Drought .

Recuerdo hablar con Claudia Haddow, la jefa de prensa del sello que lo editaba, y convenir entre signos de exclamación que aquella maravilla, tan simple, tan emocionante, era una canción sublime. Como casi todo aquel disco, “Your Blues”. And the Goddess of Drought figures us out… and the Goddess of Drought figures us out…

Tuvimos suerte, y al poco pudimos verle en Zarauz, en una noche en la que su barba se hizo témpano y nuestro se deshilachó.Ayer, cuando lo vi con su guitarra, sin más colegas amantes del prog, lejos de ese tan afamado como perecedero “kaputt” que estuvo a punto de hacer hombre a su nombre, volví a aquel 2005. A descubrir porqué Dan Bejar es un pequeño autor enorme. De esos que podría (no digo que lo haga) tocar una hora entera la misma canción y que cada vez transmitiera una cosa distinta y magnífica. De esas excepciones a las que podrías ver siete horas, siete días y siete meses seguidos sin pestañear.

En Donostia también se cumplieron las máximas comentadas  por Nando Cruz esa misma mañana (“mi one-man show del año. Sólo una voz (sobrada de registros) y una guitarra acústica (expandiéndose)”, “Mientras interpretó sus 20 canciones sólo 7 de las 250 personas sentadas en la sala se levantaron a por una copa”), aunque las distintas copas (fútbol, Bukos) dejó el número de asistentes y de temas algo diezmado.

Pero hubo espacio para canciones antiquísimas, temas célebres (“Chinatown” o ese “Downtown” pedido con insistencia por un asistente y que Bejar tocó “para que no la pidas más”), un par de versiones de Señor Chinarro (qué próxima y bella fue “Maria de las Nieves”) y un saludo a la  emocionante sensación de porqué empecé a tocar la guitarra.

Bejar, esa mezcla imposible entre trasnochador cantante de cruceros  y autor concreto de Arteleku, volvió a mostrar su cara más dulce. Y nosotros nos chupamos los dedos en lo que es, con permiso de Moon Duo, nuestro concierto del año. Del que sea.