Mi casa es la tuya. Hoy, Mursego

Poco importa que les suelte la retahíla de nombres, referencias, canciones o visajes que se escucharon o mencionaron. Por más que todos fueran necesarios para la explicación final. Mursego consigue que sean detalles nimios, como una foto a sus pies. Todos complementarios. Todos necesarios. En sus manos, en sus pies, en su garganta, en su (re)interpretación todos ellos renacen, rejuvenecen y rebrotan en una nueva forma. No es un concierto de versiones, por más que pudiera ser la base. Nadie sano en este mundo defiende a los pitxularis de Txirri, Mirri y Txiribiton forrado de autotune y sale victorioso. Nadie salvo ella.

De verdad, que los nombres no importan. Que a veces es un cuadro de Ameztoy con guiño a Ander Izaguirre. Otras un precioso tema de Santiago Motorizado que viene de allá y de más lejos y que con el chelo, grave e intenso, otoñal, consigue un momento maravilloso. Otras veces, como en el primer disparo, es un spoken word divertido. Sí, también se pueden hacer divertidos, carajo. Enfundada en un traje gris ancho de pinta comodísima (que lo quiero pa mi, vamos) que remarcaba el carácter oriental cuando Maite le daba por hacer Aisatsus – saludo japones, no pueblo pegado a Villabona-

Hubo jotas, hubo mucho poso tradicional, hubo Ramitos de Mejorana vía Manet, hubo paseos por J Martina vestida de Camarón de la Isla. Hubo pestañas a Ana Rita. Hubo silbidos. Hubo fiestas de capas vocales. Hubo Lisabö. Hubo Moog, sonidos de videojuego y fraseos de “Si tu eres mi hombre”. Hubo flamenco y samplers. Hubo Lorena Alvaréz, “la mah grande”.

También hubo heavy de manos con cuernos. Hubo poemas de Gloria Fuertes, coño. Y hubo momentos fuertes como “Itxoiten”, una versión libre de una performance de los años 70 que pareció empezar una nueva época. Una pieza absolutamente alucinante, acojonante, emocionante, sensacional, imponente, sobrecogedora, extraordinaria. Hubo limitaciones a los sonidos del móvil de la peña. Hubo humor, por un tubo. Muchísimo humor, un humor horizontal y 360, no solo cómodo, ventajista y vertical. Aquí hemos venido a jugar, que parecéis nuevos.

Mursego, cual Bertín, nos dejó entrar en su casa. Nos abrió su diario, su libro de gustos, y nos regaló sus revisiones con la cercanía del salón – ideal para eso la Sala Club del Victoria Eugenia-, escondiendo su ego en los arrebatadores temas y abriendo su reproductor de mp3s para charlar sobre ellos y divertirse un rato. Que lo mismo daba, que no importaban los nombres. Que lo que hay que tener es esa calidad, ese arte, esa alegría y ese apoyo en lo técnico para construir momentos irrepetibles. Y eso, querido amigo, eso es lo que nos falta.

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