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Categoría: Críticas de conciertos

Ak Dan Gwang Chil: Tecno folk

Intérpretes: Hong Ok (voz), Myeong Wol (voz), Yoo Wol (voz), Kim Yak Dae (daeguem) y otros cinco músicos. Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia). Día: 30/09/2021. Asistencia: unas 150 personas.

Se cerraba ayer el Festival Cultural Coreano celebrado estas semanas en Donostia. Unas jornadas que han buscado acercarnos la cultura asiática con exposiciones, cuentacuentos, cine y, cómo no, pintxos gastronómicos. La fiesta bajaba el telón con la actuación del combo Ak Dan Gwang Chil (ADG7). Un grupo de música folk chamánica compuesto por seis intérpretes de música coreana tradicional y tres potentes cantantes femeninas.

Ustedes, como yo, se preguntarán qué es eso de “folk-chamánico”. Si nos atenemos a lo escuchado ayer esa etiqueta incluye timbales de Safri Dúo (¿“Tecno-folk” está ya dicho?), punteos de sitares dignos de Rage Against The Machine, zonas de hip hop, aires hindús, solos de platillos, momentos salseros, abrasiones como las de The Doors, instrumentales trepidantes y un marcado enfoque pop. Todo de manera más elegante e hilvanada que lo que una adrenalínica lectura de estas líneas puede presuponer.

Al frente, tres cantantes femeninas de pulcras voces, sencillas coreografías y tonos agudos. Las Destiny´s Child del folk coreano llegaron vestidas con trajes de apariencia tradicional que, y perdonen la simplificación, nos podían recordar a los mangas japoneses o a los secuaces de “Lu Pan” en el film “Golpe en la pequeña China”. Sin perder nunca la sonrisa, divertidas hasta para explicarnos el nombre del grupo, haciendo temblar al LABI con su invitación a levantarnos, agradeciendo la “sagardoa” y la txistorra local en perfecto euskera. Su felicidad invadió la sala y nos fuimos ojipláticos y radiantes a casa.

Publicado en El Diario Vasco

El Donostia Festibala más urbano

Intérpretes: J Largo, Aigory, SIMONA, Lágrimas de Sangre, Los Chikos del Maíz, Kase.O. Lugar: Velódromo de Anoeta (Donostia). Día: 24/09/2021. Asistencia: unas 2500 personas.

Como en las grandes citas musicales de aquellos gloriosos años pasados el Velódromo de Anoeta acogió uno de esos grandes eventos populares. Este año con un añadido relevante: El Donostia Festibala de ayer fue el momento cultural mas populoso desde que dio inicio la pandemia. Un hecho que como bien supondrán anda aun lejos de aquella vieja normalidad, con limitaciones por cuestiones de seguridad.

En el acceso colocaban una pulsera para luego poder salir y entrar libremente.
Dentro solo se permitió consumir agua, por mas que los promotores buscaron equiparar el acto cultural al partido de pelota, donde aforos (aquí el 40% del total) y adquisición de refrescos parecen más laxos.

El escenario único se ubicó en la curva cercana al barrio donostiarra de Amara. En el foso hubo largas filas de sillas que fueron llenándose con el paso de los minutos y los conciertos. Las gradas de las rectas de meta y contrameta se repartieron el resto de los asientos disponibles. El público guipuzcoano fue mayoritario aunque las entradas también viajaron por el resto de Euskadi. Un 10% de los boletos se extendieron por el Estado llegando algunas de ellas hasta la vecina Francia.

J.Largo fue el encargado de inaugurar la cita con su hip hop de voces filtradas. Su música, oscura y romántica, fue un buen comienzo. El donostiarra Aigory fue aún mas directo en los cantares, abrazando el rap californiano mientras su boca escupía palabras a mil por hora. SIMONA fue lo más sofisticado de la noche. Su argentino cantar nos recordó a veces a una lánguida Julieta Venegas con momentos de “muro de sonido” de Phil Spector. La lista de piezas tuvo impacto y sutilidad, como pudimos ver en esos nuevos temas más discotequeros.

Lágrimas de Sangre, los primeros en jugar en la liga de luces ambientales apagadas, consiguieron elevar el ánimo de sus numerosos seguidores. La música de la banda, cuyos miembros encontraron estos días tiempo para irse de sidrerías y museos guipuzcoanos, viró desde el rap latino hasta el reggae-pop playero buscando siempre crear momentos coreables.

Los Chikos del Maíz fueron los vencedores en la categoría “número de gente con la camiseta del grupo puesta”. Sus melodías, asentadas en lo más clásico del rap nacional, llegaron críticas, rebeldes y claramente antifascistas. En lo sonoro hubo, en ocasiones, pocas, cierta calma. La urgencia de esta crónica dejo fuera el plato fuerte de la noche, con Kase.O presentando el décimo aniversario de su emblemático ‘Kase.O Jazz Magnetism’.

Publicado en El Diario vasco

Rodrigo Cuevas: un autor único

Intérpretes: Rodrigo Cuevas (voz), Mapi Quintana (panderos, coros, contrabajo), Juanjo Díaz (percusiones), Rubén Bada (guitarra eléctrica, bajo), Tino Cuesta (sintetizadores, programaciones, acordeón). Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia). Día: 25/06/2021. Asistencia: lleno, unas 400 personas.

Siempre es una gozada ver en concierto a Rodrigo Cuevas. Venga solo o con banda, como fue el caso ayer. Desde aquella primera visita, en la fiesta de una peluquería de la Parte Vieja de Donostia, cada una de sus llegadas ha sido un momento de felicidad en nuestras agendas. Su verbo era y es fabuloso, su cantar magnífico y su música tiene muchísimas esquinas reseñables.

Rodrigo sigue mirando al folk y el idioma asturleonés, a las coplas, a las muñeiras, a las habaneras. A todo lo que le cantaban nuestros mayores en los montes y en las fiestas. El asturiano le da una chispa que lo hace sexy hasta para los dichosos urbanitas.

Más allá de los zuecos dorados Rodrigo es una persona muy inteligente que sabe jugar con la picardía, la narración y las anécdotas. Tiene un pico de oro, del cual caen de vez en cuando reivindicaciones sociales de calado. Hubo varios momentos memorables en este sentido, y ojalá poder narrarles todos en estas líneas. Resumiremos esto y aquello diciendo que Cuevas y su arte al micro siempre son un plato de buen gusto. Su completa actuación despierta, rejuvenece, insufla vida y añade júbilo. Y nadie hay en estas páginas ni en este mundo que reniegue de eso.

Publicado en El Diario Vasco

Amaia Zubiria: Un premio disfrutado

Interpretes: Amaia Zubiria (voz) y banda, además de numerosos invitados. Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia). Día: 21/06/2021. Asistencia: lleno, 400 personas.

Como todos los años, el Día de la Música – 21 de junio- tuvo como uno de sus actos relevantes en Donostia la entrega del premio Adarra, galardón que busca honrar a las figuras que más han hecho por nuestras melodías. Este año la distinción fue para Amaia Zubiria (Donostia, 1947), una de las autoras mas independientes de los últimos decenios.

La cita comenzó con la entrega de la distinción por parte del alcalde de Donostia, Eneko Goia, quien remarcó que la galardonada es “parte de nuestro patrimonio emocional” y recordó su mérito abriendo fronteras creativas. La cantante agradeció el premio y remarcó que contaba con una inmejorable compañía a la hora de tocar sus canciones en esta fiesta.

La lista de músicos, chicos todos, era de aúpa. Dirigidos con la batuta amable del “jefe”, como le llamo Zubiria, el pianista Carlos Jiménez. A su vera flotaban Iñaki Salvador, Pascal Gaigne, Angel Unzu, Luis Camino, Gonzalo Tejada,… Ellos dirigieron las partituras hacia lugares marítimos, zonas guerreras y paisajes oníricos de gran belleza.

Y si ellos comandaban las cuerdas, ellas fueron las dueñas de los micrófonos. La voz principal dejó su puesto a las nuevas generaciones en más de un momento. Maider Ansa sonó romántica en “Ezin zen eta ez ginen”, Ainara Ortega insufló jazz a “Estigma beltza”, Matixa Otero se hizo cargo de la detectivesca “Ondoan zauzkat” mientras Jaione Olazabal brillaba con luz propia en la mediterránea “Ametsa nun zaude”. No olvidamos el trabajo de los bertsolaris Jon Maia y Maialen Lujanbio, quienes ensalzaron la carrera artística de la protagonista con más de un momento divertido.

¿Y ella, Amaia Zubiria? Libre, como siempre. Paseando por las estrofas con alegría y un entonar casi lírico. Con detalles preciosos como el dedicarle el concierto al percusionista recientemente desaparecido Javi Área. Fue una dama sonriente y feliz que disfrutó del blues (“Amodioa zoin den zoroa”), vibró con la bossanova que le regalaron (“Heldu zaigu azaro”) y gozó haciendo el indio en “Amonaren mengantza”. Fue su fiesta, y fue un placer estar en ella.

Publicado en El Diario Vasco

Andoaingo Rock Jaialdia: buenos amigos

Intérpretes: Audience, Rüdiger, Angel Kaplan, Inoren Ero Ni, Belako. Lugar: C.C. Bastero y Colegio Ondarreta (Andoain). Día: 19/06/2021. Asistencia: lleno en todos los conciertos.

El certamen Andoaingo Rock Jaialdia volvía a las agendas de los amantes de las guitarras tras el obligado parón pandémico. Cinco conciertos, todos a cubierto y en horario diurno, llenaron con variadas melodías los dos escenarios de la población guipuzcoana.

La cita la inauguró el grupo Audience en horario de vermú. Los de Gernika acercaron a la ciudad que vio nacer al portero José Ramón Esnaola y la escritora Ana Jaka su nuevo disco «Tolesdurak». El rock que practican es diverso como una “copa de la casa” de postre. Hubo aires mexicanos, country agitado, zonas más oníricas, berrinches y arrebatos dignos de John Spencer.

Le siguió el estreno como banda de Rüdiger. El batería Felix “Buff” ha abandonado las baquetas en este proyecto para coger la guitarra y crear sosegados pasajes cantados en inglés. Hicieron de la sobremesa de Buruntzaldea un espacio apacible y maravilloso. Sofisticados como el dúo Air, sus canciones tuvieron dulce sicodelia y guiños al folk eléctrico de los años 70 del siglo pasado.

El asturiano Ángel Kaplan y su formación le siguieron en la lista. El pop de guitarras que ofertaron fue más británico que el té de las cinco. Escuchando sus armonías era sencillo acordarse del sello Creation, del combo Boo Radleys y de los Lighting Seeds. Como ellos defendió el pop feliz y melancólico.

El programa se cerró con las actuaciones de Inoren Ero Ni y Belako, los dos grandes nombres del cartel. Ambos quedaron fuera de estas letras para que usted pueda leerlas hoy con calma. Y en el aire quedó flotando la sensación de que el festival de Andoain es como los buenos amigos: siempre te reciben con buena música y los brazos abiertos.

Publicado en El Diario Vasco

Anari: tromba emocional

Intérpretes: Anari Alberdi (voz, guitarra), Ander Mujika (guitarra), Xabier Olazabal (bajo), Mikel Txopeitia (batería), Mariano Hurtado (teclados), Xabi Etxeberri (viola). Lugar: Teatro Principal (Donostia). Día: 16/06/2021. Asistencia: lleno, unas 250 personas.

A nadie le extrañó que a la salida del concierto de Anari celebrado ayer el cielo estuviera encapotado. Habían anunciado tormenta, pero la de Azkoitia consiguió que ésta llegara al Teatro Principal un poco antes. Su borrascosa actuación nos caló hasta el fondo.

Con un estilo más pétreo que fluido, la excelente interpretación se apoyó en unos músicos cuyos nombres pueden y deben aprenderse como si fuera la alineación de la Real Sociedad. Unos y otra desplegaron una tremenda tensión contenida. Vestidos como la banda eléctrica que pudo tocar cuando se hundió el Titanic. Dejando a la protagonista iluminar en los temas acústicos. Viajando hacia sitios rockeros con la velocidad ralentizada. En valses y baladas dignas de Mazzy Star o Nick Cave. Con letras atemporales llenas de contrastes que siguen enriqueciendo su significado hoy en día. Sin que falte el humor, que la obra tenebrosa tiene una autora risueña. Y fabulosa componiendo, por cierto.

El Drogas: el eterno joven

Intérpretes: Enrique Villarreal «El Drogas» (voz y guitarra), Txus Maravi (guitarra y voz), Eugenio Aristu “Flako Txarrena” (bajo y voz), Brigi Duque (batería y voz). Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia). Día: 13/06/2021. Asistencia: lleno, unas 400 personas.

Fueron dos horas de concierto. E iban a ser tres en los primeros anuncios del evento. Nada extraño en un autor como Enrique Villarreal “El Drogas” si nos atenemos a sus últimos lanzamientos. El más reciente, “Solo quiero brujas en esta noche sin compañía”, ha sido un disco quíntuple. El anterior “Demasiado tonto en la corteza” fue triple y su contrapartida en directo (“Un día nada más”) contuvo dos CDs y dos DVDs. No le vengan a Villareal con la idea de que ahora el single es el rey del mercado discográfico que se pasará esa idea por el gorro.

El concierto de ayer comenzó disparado. No fue hasta el séptimo tema cuando el cantante saludó al público. Hasta entonces, como diría en otro momento de la noche, “poco hablar para mucho tocar”. Y vaya si tocó. 29 piezas en las que predominó el rock urbano. La mayor novedad puede ser que con sesenta y dos años el de Txantrea (Pamplona) no baje el pistón, dándole así una lección a otros colegas más jóvenes. Nada de buscar rédito de sus canciones eternas con tranquilas adaptaciones dignas de los cruceros. “El Drogas” logró imprimir más energía hasta a los clásicos de Barricada, su primera gran banda. La formación actual, impecable, ayudó a ello.

En realidad Enrique Villarreal es su propio estilo musical. Si no está en los anuarios es porque la posible etiqueta que parta de su sobrenombre no es plausible. Su voz sigue tan rota y fuerte como siempre. Con un hilo grave aireado en los momentos acústicos, que también los hay (“Al salir la luz”, “Sin lámpara”, la emotiva “Pétalos”). Y en lo sonoro mantiene las energías de “los Barri” en el trote callejero (“Animal caliente”) con viajes a los Clash (“Solo es febrero”), ACDC (“La hora del Carnaval”), el blues (“Ya no anochece igual”), Burning (“No sé qué hacer contigo”) o los guitarrazos más duros (“En la silla eléctrica”). Sin perder de vista nunca el estribillo, el centro de las canciones de estos músicos. La fiesta finalizó con un buen repaso a los éxitos de Barricada. Y la sensación de que si hubiera estirado el minutaje hasta esas tres horas que decíamos al comienzo nadie se hubiera levantado de la silla para abandonar el teatro.

Alos Quartet: Oasis urbano

Intérpretes: Xabier Zeberio (nyckelharpa, violín), Francisco Herrero (violín), Lorena Núñez (viola), Iván Carmona (cello). Lugar: terraza de Tabakalera (Donostia). Día: 12/06/2021. Asistencia: unas 120 personas.

Podría inventariar las canciones que tocaron – tranquilos, algunas nombraré-. Podría mencionar los discos que han grabado, o la lista gigante de gente con la que han colaborado. El currículo impresiona, pero no basta. Para llegar a la gente hace falta más. Hay que tener algo especial. Y Alos Quartet lo tiene: crean sensaciones encantadoras.

La tarde de ayer fue una gozada. Con el sol cayendo, algo ideal salvo para los instrumentos de cuerda que tanto sufren con el calor. Disfrutando de la calma del lugar, una suerte de iglú alejado del mundanal ruido. Dejándonos llevar por los sonidos tradicionales de estos intérpretes vascos. Harkaitz Cano decía que este cuarteto le llevaba a los paisajes nórdicos. Algo de eso hay. Ese toque celta no tiene un solo destino, también puede hacernos viajar a las Highlands escocesas (“Daniela”) o al Knocknarea irlandés (“Oinutsik”).

Fueron composiciones a las que la belleza, el romanticismo y la emoción se les caían de los bolsillos. Hubo muchas así, pero nos quedaremos con un “Hosto dantza” digno de colarse en alguna banda sonora. Los guiños a nuestro folclore (la preciosa “Epel”) fueron creativos e inspiradores. Los recuerdos a Mikel Laboa y Oskorri refrescaron el ambiente. Y escuchamos momentos casi festivos (“Ezpata dantza”, “We Are”). Alos Quartet ofreció 75 minutos de gran hermosura que les recomiendo para ver en concierto o para ponérselo en los cascos a la hora de dar paseos. Esta música embellecería hasta unas ruinas industriales.