Ya era hora de que un señor musical parara en nuestra bella postal. Después de varias astracanadas que arribaron a Donostia con la dichosa etiqueta de ‘musical’ y varios euros dejados en balde en la expendería de entradas, «Hoy no me puedo levantar» nos enseña un espectáculo digno, divertido, muy dinámico y, por supuesto, cantarín a rabiar.
La empresa parece fácil, pero barcos más grandes vimos hundirse por nuestros mares. Si Abba y Queen han tenido su espectáculo musico-teatral digno, Mecano debía ser el primer gran ejemplo nacional.
La banda que vendió diez millones de discos en España, que fue de las primeras en llegar al millón de copias vendidas de un solo vinilo (ay, qué tiempos, el vinilo), inspira con sus canciones el libreto escrito por David Serrano y el envoltorio melódico que suena a lo largo de las tres horas y media de espectáculo. Tranquilos, que hay veinte minutos de descanso en medio.
El acto escénico lo componen 23 canciones, incluyendo el No Controles que la banda escribió para Olé Olé y dos batiburrillos que cierran cada uno de los dos actos. Por supuesto, no falta ni uno de los temas que ustedes pueden conocer. Y lo que es más sorprendente, todas las composiciones están muy bien hilvanadas con el relato. Y son muy pegadizas, pero eso ya lo sabíamos.
La historia se construye alrededor de un amor, un viaje a la capital de la Transición, las drogas, la autodestrucción, los baretos de Malasaña y la locura creativa los primeros años 80 del siglo pasado.
La primera edición festibailera, la celebrada el año pasado, fue un éxito de público y propuestas.
Debut con fundamento del siguiente hype inglés. Estos veinteañeros escoceses son pura energía, como los primeros Bloc Party. Oscuros y de voz recia como los Editors más atractivos.
Algunas bandas alternativas con cientos de espectadores en sus bolos se montaron en su día los “conciertos a domicilio”, una suerte de actuaciones en salones particulares.
La que fuera borrachuza mitad cantante de Arab Strap regresa a la vida con su disco más abierto.
La sueca Jenny Wilson, la Beyonce del frío polar o Feist de inspiración negra, entrega un nuevo trabajo de r´n´b/soul americano interpretado con elementos de andar por casa: piano de cola, palmas, marimbas, jadeos y mucho apoyo informático simple, en una suerte de minimalismo nórdico que no llega a enfriar los calores originales de esas músicas. Ni a refrescarnos con sus novedades.