Manda huevos (cap 1)

Dios, estoy siendo interrogado en Guantánamo”, fue lo primero que pensó tras ver la cegadora luz. Ocurrente recurrencia, porque…¿Alguien conoce, divinidades aparte, alguna luz que no ciegue?

Dispuesto a cantar sobre el escondite de sus drogas, el banco en el que se aposentan sus dineros, la Traviata en formato Beatboxing y la razón por la que abandonó aquel plástico en el suelo, el individuo alcanzó a abrir un poco más sus ojos, viendo que aquella linterna era fruto de su olvido por bajar la persiana la noche anterior.

Como solía ser habitual, en el tiempo libre que le otorgaba su condición de “Rodríguez” veraniego había paseado sus huesos de bar a bar, y de ahí a una discoteca, para acabar borracho como una cuba. Esta vez había conseguido desvestirse antes de caer rendido.¿Coca Cola para todos?¿Algo de comer?

Y Como era habitual en los anteriores 36 días, el otro lado de la cama seguía vacío. Que no ordenado. Sus llamadas al guinness buscando la homologación de un título a todas luces merecido (“días sin hacer una cama”) no habían conseguido el reconocimiento merecido. Aunque no cejaba en su empeño. “Hoy también practicaremos el libre albedrío sabanero.¡Puro arte inmediato!”, se dijo mientras la lata de cola buscaba cementar sus excesos nocturnos.

Pero hoy iba a ligar. Lo tenía claro. Bueno, todos los días lo tenía, pero luego dicha claridad iba nublando mentes, ambientes, locales y vocales. En una de esas nubes entre tantos claros (con gas), un conocido, no podía recordar quién, le había hablado de las ventajas de captar socias en internet. “Es genial, super sencillo. Entras en esta página y“… Mierda, ¿dónde estaba el papelito de marras? Rebuscó en sus bolsillos hasta dar con él. Y con varios envoltorios de tabaco, todos vacíos. “Entras en esa web, te das de alta y te pones a buscar. Yo suelo pescar en el día”, le había indicado el aventurero marino de la red de redes.

Su interlocutor tenía tan cara tan picasiana, tan “postoperatorio de transplante facial”, que aquellas palabras le sonaron a cuento infantil. Pero por probar no pasaba nada. Que ya empezaba a notar la presión milibárica en esas partes nobles de las que asomaba en estos momentos el periscopio…Dios, que echara de menos a la parienta a estas alturas, con lo bruja y tiesa que era…¡manda huevos!

[continuará]