Los chicos del maíz

Perdido entre el canal 145 y el 300, dependiendo de tu proveedor de servicios, vive y florece el Canal Cocina, “dedicado exclusivamente a la cocina, mostrando la elaboración de diversos platos por distintos cocineros o restauradores españoles y extranjeros”. Uno cae en él por envidia, buscando inspirarse, para gozar con la habilidad del resto e inspirarse con gente cercana y grandes nombres en el mundo mediático. O para entretenerse, que lo hace y mucho.

Son esas estrellas las que sirven de gancho. Un Gordon Ramsey sin las orejas de diablillo del reality USA nos cocina platos ingleses (a saber, indios, norteamericanos y tortillas que harían espantar a media Galicia) mientras la familia, que ni estudia ni genera, le ayuda echando la sal y batiendo el huevo. Y sonriendo. Todos sonríen. Es como “los chicos del maíz”, pero estirando el labio

Su némesis Jamie Oliver le come la tostada. Su programa es de los más dinámicos jamás vistos. Jamie se pringa y goza manchándose las manos, mientras las recetas casi sencillas (siempre te falta un ingrediente casi al final de cada programa para hacerlo en tu casa) son montadas con planos cortos, directos y atractivos. La cara de Jamie es casi la de un mimo, llena de gestualidad y gozo a la hora de probar sus elaboraciones. Supongo que, como podría suceder en el porno, ver a alguien gozar de esa manera te invita a intentarlo.

El podio lo cierra el programa más sencillo posible: “fogones tradicionales”. Aquí los protagonistas son los mayores de los distintos valles y montañas españolas y sus recetas de perolos que pondrían de los nervios a “Mi Dieta Cojea” o a “El Comidista”. Cazuelas del tiempo de la guerra, cuando había que comer una vez al día y salir corriendo a currar al campo otras 12 horas seguidas. Queda algo desfasado, cierto, en estos días de bolsitas de verduritas pasaditas de azuquita. ¡Pero qué gozo! Se disfruta de la llaneza de los y las protagonistas, con los rebozados asesinos y las pizcas de sal que ocupan 3 campos de fútbol.

Mi accesit al señor Gordor, Gonzalo D’Ambrosio, experto de fusionar erotismo facial con menús sencillos. Que me aspen si no está ligando en cada uno de sus planos. No hablo de mayonesas, truhán. Es uno de los que ha pegado el salto – a La 2-. Su productora ha colado “Las rutas de Ambrosio”, bonito paseo por la península al que le faltan los matchs de la app de turno.

Luego la cosa va manteniendo el tipo con distintos enfoques. La productora española repite el esquema para hablar de recetas del Opus, castizos cocinitas, fragonetas de pan y toros, unas donostiarras haciendo cuscús y derivados o elaborando menús a 5 euros desde Dubai, gente que parece salida de un after haciendo platos en 20 minutos, monjas decorando las vajillas como si acabaran de asaltar una pastelería, emprendedoras subvencionadas para las que la pobreza es una cosa cuqui de visita en La India, dobles de Pedro Sánchez o noruegas venidas a Cádiz con mantequilla a borbotones.

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