Pasando de intermediarios

On Writing

El experimento de saltarse intermediarios lo puso en marcha Stephen King en el año 2000.

Con el cambio del milenio, el escritor aterrorizó a la industria editorial vendiendo en Internet su novela The Plant, a un euro por capítulo, con carácter voluntario. Si pagaba el 75% de los lectores, escribiría el siguiente, y así hasta el final. King no llegó al segundo capítulo. Según The New York Times hubo 120.000 descargas del primer capítulo, y un 46% de pagos.

El fracaso de Stephen King o el voluntarismo de Meroño no ocultan dos hechos trascendentales en la nueva cadena de valor del libro.

La mayor editora del mundo no se llama Mondadori, sino Lulu.com (en lo que va de año ha editado 281.416 libros, 9.325 en España); la mayor librería del mundo no es Fnac, sino Amazon.com (con 250.000 títulos); y la mayor distribuidora del mundo también será alguna de Internet.

Shane Richmond, analista del diario británico The Telegraph, escribió sobre el fenómeno: “Las discográficas hicieron enormes beneficios sobrecargando el precio que pagaba el consumidor, y malpagando a los artistas. Ahora las discográficas no añaden nada a la cadena de valor de la música grabada. De hecho, actúan como una barrera entre los músicos y sus fans.”

Adios al intermediario