El cóctel de Paul Collins

El libro de Bruno Galindo tiene un “boca a boca” fácil y efectivo. El montaje de las páginas de “Toma de Tierra” hace muy sencillo sacar extractos breves jugosos. Recorte de párrafito sobre David Lee Roth o Iggy Pop que vuela vía Whatsapp. Respuesta: “hostia, mañana mismo me lo compro”. Tweet sobre los funcionamientos menos conocidos de las mordidas y los derechos de las canciones: “No tenía ni idea, qué interesante, me lo pillo”

Bruno aprovecha la maldición de estos días, esa que él sabe explicar en carne propia sobre la industria musical y la periodística, para montar su libro en lo que podrían ser tweets, o mensajes de Facebook. Es una obra sencilla y directa, que no busca epatar, que explica en palabras llanas grandes cambios culturales. En un formato sobrio, con saltos que lo hacen muy ameno y siempre con cosas interesantes que decir y, claro, otras tantas a callar.

Pinceladas que incluyen a nombres muy famosos, peripecias personales, discos de relumbrón, autores y autoras con una cercanía amistosa con el aquí escritor. Algunos momentos de “donde estaba yo” cuando pasó esto o aquello y una caída al abismo con varias etapas. Todo muy callejero, tan cercano que se huele el aliento al cóctel que te monta Paul Collins cuando muere Carlos Berlanga.


Cercano, y crudo. Sexy para verlo desde los ojos ajenos y duro si toca vivirlo en los propios. Cerrado con la venta de derechos de Dylan, antes de ayer, hay un capítulo cerca del final que resume los cambios musico-empresariales con ejemplos tan claros que dan ganas de echarse a las calles para pelear contra ello. Pero no puedo ponerlo aquí. Correrían a comprar el libro.

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