Rafa Rueda y el cristal con el que se mira

De Rafa Rueda me gustan hasta los andares. Es uno de los mejores exponentes del pop americano (sea power, sea tranquilo, siempre melódico) que hay en euskadi, en un podio que podría estar bien compartido con Bide Ertzean y Balerdi Balerdi, por ponerle tres patas al podio. Cuando ha echado un traste en otros proyectos los ha llenado de vida y luz, caso de Mikel Urdangarin o Lou Topet. Así que había ganas de escuchar en vivo “Hiri Kristalezkoa”, su nuevo álbum en solitario.

Un trabajo que supone un salto adelante en muchas cosas (temática, canciones, sonidos, trabajar con un productor que le pega al baile o lo digital) y que desea, de alguna manera, enseñar más colores del prisma del de Mungia.

La cosa se estrenaba en Donostia este fin de semana en la bella cava del Victoria Eugenia, el bien llamado Club. Un txoko cercano y coqueto, alejado del mundanal ruido. Un emplazamiento ideal para estas nuevas canciones de sonoridad quizás algo más sintética y un escenario ligeramente más complejo cuando la batería se suelta y las cuerdas suenas recias.

Rafa y los suyos inclinaron la balanza hacia lo analógico (Jaime Nieto al bajo, Ander Zulaika a la batería y, ojo, los coros) frente a los sintes (Txus Aramburu). No pasa nada, a los conciertos se les pide otra vida. Que además luego hay que engarzar las preciosas nuevas canciones con los antiguos bríos guitarreros. Las viejas tonadas sonaron muy vivas, en un hilado que irá tomando forma con el paso de las fechas para ir brillando en espacios más amplios.

Y luego es que Rueda canta que es un primor. No es el cuarto tenor, pero nadie le pide eso. Es aguerrido en el tono y realiza unas armonías bien atractivas. Con letras creadas por fantabulosos autores vascos. Bien que se explayó sobre las canciones del nuevo disco, las emocionantes canciones sobre la guerra, los temas interpretados en solitario y los paseos a toda máquina con la compañía de su banda.

Divertidos en el fallo ocasional de bailar un traste, la hora y media se pasó en un bis incluyendo un tris (¿O era al revés?). Y nos quedamos esperando la siguiente de las citas con el vizcaíno mientras de fondo suena en formato CD la ciudad de cristal, al ciudad oculta, la ciudad oscura, la ciudad ajena, la ciudad tan bien retratada.

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