Los toros, desde la barrera

El apunte de ayer de mi eufemiano cultural particular (en euskera, pero se entiende fácil) me ha animado a contarles un sucedido actuante. Ocurrió en El Bukowski, pero pudo pasar en cualquier otro bar donostiarra que monte conciertos. No, espera, que no hay más bares de esos por Donostia…

Sobre el tablado, un artista grave y serio, a la par que socarrón. Frente a él, series de sillas con su serie de traseros ocupándolas. Todas habiendo pagado su entrada, atendían los quehaceres musico-vocales del autor, en un elegante y acomodado llenazo. Para ir a juego, el bar iba bien servido de camareros, dispuestos a atender a una clientela que…no se mostró por el mostrador.

Y me puse a pensar en que, si bien podríamos justificar la ausencia de jóvenes en estos paseos de barra por sus aficiones botelleras económicas (ver concierto de Belako en idéntico lugar), algo está jodido si los cuarentones tampoco dan de beber a la sedienta caja registradora. Quien sabe si fue el efecto Kursaal (en la que toda seriedad debe ir quieta y muda, a la vez que seca) el que les dejó tiesos. O fue la poca agilidad hostelera para montar un servicio de atención en las sillas. Pero entre unos y otros se abrió una brecha que no favoreció a nadie.

Los clientes perderán porque la próxima gira, una vez cerrado el garito, puede celebrarse en una pizzería o en una heladería. El precioso y atractivo bar no podrá seguir ofreciendo conciertos bajo este esquema, dado que su Bankia particular no entenderá de agitaciones, ímpetus y las necesarias vidas subterráneas. Quizás sumando un par de euros a la entrada y dando una birra a cambio todo hubiera funcionado mejor. Quizás dividiendo el concierto en dos partes con espacio para el soslayo bebedor todos hubieran regresado más satisfechos. Quizás. Quizás. Quizás.

Y la ciudad perderá. Pero bueno, ese intangible siempre nos pilla lejos. Hasta que la puerta de entrada a la plaza se cierra.

8 comentarios en “Los toros, desde la barrera

  1. hola, yo quería decir que el Bellas Artes …
    a ver si la gente se anima a comentar

    nada, que el día de Berrio, que es al que te refieres, yo creo que lo de las sillas fue algo que aportaba comodidad (relativa, porque yo me pasé todo el día siguiente con dolor de espalda), pero restaba eso que dices, la posibilidad de acercarte a la barra.
    Yo estuve al borde de la deshidratación, pero arriesgué mi vida por no molestar tanto al artista que lo tenía realmente cerca, como a toda mi fila al levantarme a por bebida.
    Me pudo el sentarme delante, en lo que pensaba era una cómoda silla para disfrutar del concierto antes que quedarme de pie y arriesgarme a que el habitual murmullo-jaleo me chafase la noche.
    Tuve que esperar al parón pre-bises para poder beberme una cerveza de trago a la salud de esos bises que fueron tremendos.

  2. No estoy en contra de las sillas. Ni en contra de nada, en el fondo. Cada mochuelo que pimple lo que quiera, o nada. Solo comentaba que la rueda (o El Rueda) habitual se frenó en algún punto, y que no es bueno

  3. ¿Y no será falta de liquidez por parte del público? Un servidor, según el precio del concierto y del precio al que se oferte la bebida en el local correspondiente, casi siempre tiene que hacer malabares con su cartera para poder tomar algo más que la cerveza de cortesía. Y casi siempre opta por no tomar nada.

  4. Hombre, la liquidez afecta a la ingesta de liquidez. No lo niego. PEro el sistema se derrumba siguiendo ese patrón.

  5. Yo lo achaco al formato del concierto o a que la gente no tiene un chavo. A todo el mundo le gusta tomar algo mientras disfruta de un concierto.

    En todo caso, me parece un poco excesivo en un concierto donde pagas entrada, pedir que la gente además consuma en la barra. Es como si el camarero de un restaurante te mira mal porque no dejas propina. Yo ya he pagado lo mío, y si no te da para mantener el chiringuito sube el precio del menú y ya veré yo si vengo o no vengo.

    Podemos caer en el absurdo de criticar que la gente no va a los conciertos, y cuando el bar se llena el problema es que no van a la barra.

    Saludos y tal.

  6. Bueno, la costumbre en Donostia (y nada de queja, que en otros sitios es un espanto comparado con) es que ticket y pimple van aparte. Yo no digo que la culpa sea de nadie, ni que sea de todos. Solo apuntar que las sillas te kursaalizan un poco.

  7. Joder, con ese tono institucional no hay forma de discutir.

    Si encima de que somos pocos blogueros no somos capaces de insultarnos no tenemos nada que hacer, es la muerte dulce de los blogs.

    Me voy a tomar una caña.

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