Sonrisas y lágrimas

Relax. Calma. Inspire. Del verbo respirar, no del otro. La película “Stop!” de Doble Pletina es un juego. Un divertimento. Una serie de ocurrencias de unos y otros. Una lista de amigos que salen en la pantalla. Unos chicos majísimos, el Parchís del nuevo milenio, yendo de aquí para allá por Barcelona. Gente haciendo cosas. De algunas de ríes y con otras te ríes. No es tampoco “Las Aventuras de Enrique y Ana”, que aquella jugaba a tener un marcado guion. Ni, maldita sea, es una película de Rocío Durcal. Una de esas en la que, en cuanto te despistas, te sale un temazo como un obelisco cantado por la más grande de entre los poperos.

Aquí hay canciones. Preciosas. Pero pocas. Y podía haber sido un asidero al que agarrarse si uno u otro momento, uno u otro minutaje, te desengancha del metraje- Corto, que eso ayuda, 55 minutos- . Y podía haber durado 20 o 120. No habría cambiado el enfoque ni la sensación de que “Stop!” es una sonrisa del grupo de Barcelona, una nueva arista de su mundo.

Tuvimos que dejar a la carrera la película para que nos diera tiempo a ver la siguiente. El Dock Of The Bay es el nuevo PS, el nuevo Zinemaldia. Se habría agradecido más respiro entre films, pero por algo será que lo tienen que montar así. ¿Mereció la carrera entre salas – que están a 8 pasos una de la otra-? Sin duda, si lo que te mola es hundirte en la pena, el bajonazo, la tragedia diaria y las dificultades. Quien pensó que iba a asistir a un homenaje potente, festivo, dinámico, de esos de la BBC a Poly Styrene, una precursora de muchas cosas en el punk británico, se equivocó.

La película, en la que forma parte activa la hija de Poly residente en Madrid. Es un obituario gigante, casi eclesial. Triste a rabiar. Con música triste. Palabras tristes. Planos tristes. Porque tiene que ser triste. “I am a Cliche”,una de las películas más tristes que ha proyectado en su historia el Dock Of The Bay, ahonda en la vida personal de aquella “rompe y rasga” de la new wave británica. Una luchadora que peleó contra el machismo de aquel antisistema que era bastante «prosistema» en eso. Una punk al cuadrado. Una autora que peleó contra el racismo. Y peleó contra sus propios demonios mentales.

La obra, que será completista para los muy metidos en su vida pero que al resto nos hundió en la miseria, reflejó sobre todo el difícil caminar por la vida de una autora que se topa con el éxito de repente, que quiere tener vida privada pero no lo consigue, que se pasea por el Nueva York durete del CBGB para volver asustada, que ve que el mundo se escapa de sus ideales, y que sufre un trastorno bipolar del que buscará relajarse de todas las maneras que se le ocurran.

La hija, presente en la proyección, está muy presente en el film, que es una visión personal sobre esa madre que tenía altos y bajos, esa luchadora y esa autora. A mí me dio palo quedarme al debate, solo me dio mucha pena ver “I Am A Cliche” y no podía más que querer abrazar a la sucesora. Y hoy en día no se puede.

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