Baby Woodrose – Esencia psych

Psilocybenea estrena el año musical con un regalo de reyes bañado en ácido. Los daneses Baby Woodrose presentan su último disco, modesta joya de garaje y psicodelia que, por fin, remite sin trabas a los logros de su primera obra, aquel «Blows your mind» que, para muchos, sigue siendo la piedra de toque por la que medir la psicodelia del nuevo siglo.

Por estas cosas de la «opinión pública», la sensación del bajón creativo ha acompañado a los daneses tras el también inconmesurable «Money for soul», pero aplicando sentido crítico y revisando ahora la obra completa, incluso «Love comes down», obra semi-fallida para muchos, se revela como guardián de unas esencias que, a día de hoy, ya no muchos predican.

Ajeno a modas, Lorenzo Woodrose ha vuelto a hacer de su capa un sayo en modo Juan Palomo, la mejor noticia posible. Para redondear la noche, los locales Dirty Pink Ladies presentarán también su nuevo disco, en unas coordenadas no muy diferentes a las del gran danés que nos ocupa.


El título del nuevo disco, homónimo, sugiere una reivindicación de los principios musicales de Baby Woodrose. ¿Sientes al grupo como una institución en la escena garaje-psych, como lo vemos nosotros?

Lorenzo: Pensé que el título era apropiado en este momento, para remarcar claramente que Baby Woodrose soy yo, y yo soy Baby Woodrose. Me gusta trabajar junto a otra gente, y me gusta cómo esa gente influye en mi música, pero esto ha sido mi bebé desde el principio, así que, como en el primer álbum, esta vez lo he vuelto a tocar yo casi todo.

Entiendo lo que dices, y espero que tengas razón. He estado haciendo esto durante mucho tiempo, y la meta que me gustaría alcanzar es exactamente esa, asegurarme que mi música es una fuerza con la que contar. Me gustaría dejar mi marca en el mundo antes de que todo arda en llamas.

¿Por qué hacerlo todo tú de nuevo?
L: Porque es algo que me encanta hacer. Me gusta trabajar en el estudio, y a veces es mucho más fácil y disfrutable hacerlo si sólo hay unas pocas personas trabajando juntas, en vez de una banda completa. No hay muchas más razones.

No todos los grupos del género entienden y cuidan el lado más pop de la psicodelia, y tienden a llenarlo todo de guitarrazos. No está mal, pero nosotros apreciamos especialmente tu pequeño corazón pop.
L:
Me gustan las guitarras altas y distorsionadas, tanto como a cualquier otro, pero es cierto que, en  esencia, el material que escribo es muy melódico. Siempre he tenido cierta mano para las melodías, me gusta esa sensación de cuando escribes una canción y, desde el primer momento, sientes un impacto emocional que te embarga. Para mí, esa es claramente la definición de psicodelia.

Cuéntanos algo sobre el directo. Tus conciertos han sido siempre muy apreciados en España.

L: En esta ocasión llevo una banda diferente a la de la última vez, de cuatro componentes: The Adam, de The Setting Son, aportando una guitarra extra y coros. En la batería estará Johan Lei Gellet, quien también toca en mi grupo instrumental favorito danés, TGTB, y Kaare Joensen, de Robot, tocará el bajo. Siempre hemos disfrutado de España, buenas sensaciones, buena audiencia, buena hierba, buena comida. Todo eso nos hace felices, y nos hace tocar bien.

Creemos que no hay demasiadas bandas tocando psicodelia y garaje hoy en día. ¿Te sientes solo, de alguna manera?
L: Es cierto que no hay muchas bandas ahí fuera que aspiren a usar el término “psicodelia” de una forma literal, esto es, admitiendo que la inspiración para la música puede venir de la experiencia con las drogas. Me gustan algunos grupos australianos nuevos, como The Dolly Rocker Movement, psicodelia de verdad. Soy también muy fan del grupo danés The Setting Son, quienes hacen una especie extraña de pop-bubblegum, pero que tiene esa capacidad que hablábamos antes de llevarte a algún otro sitio, lo que yo llamaría psicodelia.

Baby Woodrose + Dirty Pink Ladies
Psilocybenea (Hondarribia) 5-01-2010
22:00, 10 €

Donostikluba: Tener encerrado un animal salvaje

Sucede de cuando en cuando que un sólo fenómeno vale para retratar a los que le rodean, aunque sea por oposición. Es lo que sucedió anoche con Los Punsetes, todo un compendio de cosas que no son: no son accesibles, no son previsibles, no son amables, no son divertidos, ni siquiera son movidos. ¿Por qué entonces su propuesta se intuye más avanzada que cualquier otra que hayamos visto hasta ahora en el Donostikluba?

Incluso avisado de antemano, el oyente se encuentra con una puesta en escena esencialmente hierática, con ninguna concesión al adorno, actitud que va más allá de la disposición escénica: comienzan Los Punsetes con seis canciones nuevas, de tirón, que dejan al público estático, ávido de hits con los que calentar la noche. Estos éxitos irán cayendo más adelante, demostrando que, hoy por hoy, son vanguardia conceptual en la escena indie pop española, tanto por temática como por la mezcla maestra que hacen de ruidismo y, claro, pop.

Al final, “Maricas” se revela como su tour de force definitivo, elevándose por encima de otros aciertos más efectivos a priori, como “Dos policías” o “Pinta de tarao”, y cuando en “Fondo de armario” cantan que tienen encerrado un animal salvaje, uno no puede sino pensar en que esos animales son ellos mismos. Ubicar en este contexto el show de Anntona (el proyecto de Manu, guitarrista de Punsetes) horas antes en la Fnac donostiarra no es difícil: la frontera entre qué canciones caben o no en Punsetes es muy difusa, dejándose el lado más gamberro para la aventura solitaria, y generando así situaciones surrealistas como cantar a grito pelado “Todo el mundo tiene porno en casa” ante un público abundante en madres, abuelas y nietos.

Y casi todo lo contrario puede decirse de La Buena Vida. Su propuesta actual es lineal y, sobre todo, muy aburrida. De acuerdo, nunca dejó de serlo para el perezoso, pero sus canciones de perfecto pop (seguramente) susurrado mantenían un encanto con Irantzu Valencia que ahora se escapa por todas las rendijas.

Quizá sea una cosa contextual o incluso generacional, pero este fin de década demanda otra cosa que consiga engarzar con los jóvenes poperos. Porque si algo pareció La Buena Vida anoche fue un grupo de Adult Oriented Pop, o así, y su directo, perfectamente presentado, parece que ya sólo vaya a enganchar a antiguos fans.

Cerraban la tanda los granadinos Lori Meyers, a la postre auténticos vencedores de la noche, al menos en lo que al premio del público se refiere. Digámoslo desde ya: en todos los años que llevo asistiendo a Gastezsena nunca se ha oído un sonido tan logrado.

Dos baterías y una actitud sin concesiones al conformismo llevan a Lori Meyers a jugar en la liga de los más grandes. Si Punsetes vencen a los puntos, los granadinos lo hicieron por KO, ganándose a los más escépticos con su colección de estribillos y puentes in-fa-li-bles, e, insistimos, con un sonido abrumador que de perfecto que era podía llegar a perder encanto.

En lo estrictamente musical, lo ya dicho muchas veces: se agradece tanto esa puesta al día del legado Ángeles / Brincos / Íberos, que prometo ahorrarme cualquier crítica en el futuro. Si Delorean no lo solucionan, éste será recordado como el directo del Donostikluba 09.

El capo de Moonpalace Records era el encargado de ponerle el broche de oro a la fiesta, y damos fe de que consiguió enganchar al público como otros no lo han hecho, gracias a una perfecta selección de punk-pop, electrónica, r&b modernete y mod-soul clásico para quitarse el sombrero.

Para los amantes de la estadística, apuntar que Gastezsena acogió anoche a unos 500 espectadores, genial entrada considerando el precio (18 euros) que demuestra, una vez más, que la asincronía entre oferta y demanda en esta ciudad es casi un drama, teniendo en cuenta el desierto que supone cualquier otra propuesta indie a lo largo del año.

[Fotos: Donostikluba]