(foto: Juan G Andrés)
Lejos de la siempre agradecida compañía de sus virtuosos socios de Wilco llegaba Jeff Tweedy a Donostia. Sin la banda familiar que le acompañará en Madrid y Barcelona. El haberlo visto así hace 15-20 años en el Primavera Sound me tuvo luchando contra los “elementos” (conocidos que pisaban el Kursaal con sus “pena que no venga con formación”, “no sé yo si aguantará bien solo en acústico”)
Tweedy es uno de los pocos genios vivos de esa vieja escuela que nos queda. Un estilo ubicado en la época Hádica de la formación de la tierra (nuestro Greenwich Village folk), cuando todo eran tormentas donde el dióxido de carbono era la protesta y el efecto especial estaba en el verbo.
Así se nos plantó el songwriter con sus canciones de “no, perdona, todo no va a estar bien”. Un hombre calmado, sabio, fino, tranquilo desde las alturas. También risueño y vacilón. Como si fuera El Jefe cantando un tema propio en un karaoke. El viejo de la tribu, que desde su calma y sabiduría nos atrapa la atención.
Abriendo la boca como un ventrílocuo para susurrar con tremenda potencia. Y una lista de canciones en teoría volátil pero que en el fondo daba igual. Aunque las sorpresas suelen ser las menos (mira dónde cae California Stars en esta lista), a poca gente le importa que de su pinacoteca favorita quiten un cuadro.
Yo sufrí el ataque de la emoción en varias melodías. Algunas muy famosas, otras atacaron por sorpresa en una lista que se fue Dylanizando con el paso de los minutos. Volviendo a poner el foco – quién sabe si antes de despedirse del mundo de la relevancia en unos años- en la belleza de las canciones desnudas, la emoción de la sencillez y la calma en la escucha. Lejos de la urgencia, un disco triple. Por ahí van los tiros.
Al salir del auditorio, pleno de felicidad, rodeado de la cultura viva de Euskadi, pensé que nunca pude ver a otros magos como Townes Van Zandt o Nick Drake pero que un concierto en solitario de este tipo de Chicago debía estar en esa categoría.
En nuestro caso, hemos podido hacer realidad nuestro sueño. Hoy nos toca caminar sobre la sombra de la alegría. Sin más nostalgia que la de la futura cita con Tweedy ante este concierto.